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Cultura

El París erótico de Mademoiselle S.

Apócrifas, anónimas, blasfemas: las novelas eróticas parisinas que se convirtieron en clásicos

La publicación de "La pasión de Mademoiselle S." nos devuelve a la ciudad en una de sus etapas de esplendor

Edición catalana de LA PASSIÓ DE MADEMOISELLE S.

Edición catalana de 'La pasión de Mademoiselle S'

“Amado mío, quiero que me ames con todo el ardor de tu deseo, quiero que me hagas gozar apasionadamente con tus abrazos perversos”. Así reza la primera carta de Simone a Charles, la correspondencia de alto voltaje erótico que conforma uno de los libros de la temporada, La pasión de Mademoiselle S. La obra, prologada por su descubridor, el embajador Jean-Yves Berthaul, es una de las apuestas de este inicio de año para Seix Barral, pero también para Gallimard en Francia, Spiegel & Grau en Estados Unidos, De Geus en Holanda, Companhia das Letras en Brasil, Heienemann en Reino Unido y Text en Australia, entre muchas otras.

¿La razón? Sin duda, que nos encontramos ante una correspondencia real. Se trata de una compilación de cartas eróticas ocultas durante casi un siglo en un sótano hasta el hallazgo, por parte de Berthault, por pura casualidad. Y por otro lado, lo desaforada de la pasión que revela. A lo largo de más de doscientas páginas, “La pasión de Mademoiselle S.” muestra la relación entre una mujer liberada durante los años veinte -la dorada década previa a la Segunda Guerra Mundial- y su joven amante casado Charles.

A lo largo de las cartas, que sirven de calendario de una relación amorosa, Simone explicita un deseo febril que queda marcado también por el lenguaje: si cuando relata su vida cotidiana, utiliza una sintaxis y un vocabulario propio de su clase y condición, cuando recrea sus fantasías y relaciones con Charles -que viran entre el sadomasoquismo, las orgías y la pasión propia de los amantes clandestinos- el lenguaje se vuelve, en palabras de su descubridor, “vulgar, obsceno” e “impropio de una mujer de su condición”. La pornografía literaria, en ocasiones, se revela como precursora de una época.

Más allá de la razón de su publicación -pese al auge del fenómeno “Cincuenta sombras de Grey” en 2012, que aumentó las ventas de literatura erótica en un 2.740% según  datos de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), esta ha descendido en un 72% en 2014-, “La pasión de Mademoiselle S.” forma parte de una tradición de libros que cristalizan el inconsciente colectivo de una época a través del sexo. Rescatamos aquí otras obras parisinas que hicieron lo propio:

Juliette, Marqués de Sade

Juliette
Marques de Sade
Pese a que “La filosofía en el tocador” se considera el libro capital de la obra de Sade, ya que mezcla la corrupción de una adolescente con la utopía republicana, es Juliette probablemente su obra más transgresora. Juliette recupera la historia de la hermana de Justine, primera protagonista de una obra anterior, que elige la virtud y es por tanto castigada. ¿Qué le ocurre a la hermana que elige el vicio? Tras ser corrompida por sus compañeras de convento, Juliette ejerce a lo largo de su más que disoluta vida la violencia, el sadismo y las prácticas sexuales extremas. La moral de la época se muestra como cruel e hipócrita, y la infinidad de escarceos sexuales -definidos por Octavio Paz, fan de la obra, como “infinidad de combinaciones numéricas”-, contienen una tesis transgresora y libertaria: sólo quien se entrega al vicio prospera en una sociedad mentirosa. 

Delta De Venus, Anais Nin

Delta de Venus
Anaïs Nin
Situados en la misma década de la Simone de La pasión de Mademoiselle S. , la autora desgrana en esta colección de cuentos escritos por encargo para un excéntrico coleccionista una serie de fantasías recurrentes protagonizadas, en su gran mayoría, por mujeres. A lo largo de sus páginas desfilan personajes que desean satisfacerse sin temor a tabúes o a la legalidad. Así, se exploran masculinidades, homosexualidad, incesto, pedofilia y la tan temida “frigidez” femenina a partir de una sensualidad que lo impregna todo y muestra a protagonistas fuertes a través de infinidad de espejos. Pese a que Nin desdeñó este trabajo por considerarlo alimenticio, ha crecido con el tiempo hasta convertirse en un clásico erótico.

Trópico de cáncer, Henry Miller

Trópico de Cáncer
Henry Miller
Prohibido inmediatamente tras su publicación en Estados Unidos durante la década de los años treinta, la novela narra las peripecias etílicas y sexuales del alter ego del autor. A ratos un relato minucioso de las escenas de cama de las sucesivas amantes de Miller -no siempre una tras otra, sino también al unísono-, en ocasiones una digresión poética y alcoholizada de un autor que sería el precursor del realismo sucio. Miller excede cuando describe a sus mujeres amadas, a veces fosforescentes de pasión, y cuando acaba todo, apenas babosas demandantes a punto del abandono. Trópico de Cáncer, junto a su complementario Trópico de Capricornio, es un ejemplo de lo que después sería copiado hasta la parodia: el escritor norteamericano macho, alcohólico y sentimental en el París del periodo de entreguerras.  



Historia de O.
Dominique Aury
Todas las historias eróticas de iniciación se resumen en esta. Una joven fotógrafa parisina conocida exclusivamente por su inicial, O., espoleada por su amante, ingresa en una fraternidad dónde se someterá a una serie de pruebas sadomasoquistas hasta ser, por derecho propio, un codiciado objeto. Como en el caso de Simone, nadie creyó al principio que una historia escrita en estilo directo y tan explícita fuera obra de una mujer. Cuando se publicó en Francia se intentó acusar a Pauline Reage, el pseudónimo de Aury, de obscenidad. Años después, muerto el amante para el que escribió la obra, Aury confesó su autoría y calificó el asunto de “un juego de críos”.

Historia del Ojo: Georges Bataille

Historia del ojo
George Bataille
Un ojo, fuera de su cuenca, rozando la piel desnuda. Esta metáfora resume uno de los grandes libros de la literatura erótica, la obra cumbre de Bataille, escrita en 1928. Un despojo surrealista, abyecto y fascinante a su vez, en la que cada imagen es una transgresión, y el símbolo de que todo erotismo es deseo por defecto, todo placer lleva a la sangre y al éxtasis, y la moral y los límites no son otra cosa que la pura ceguera humana.



Jean Genet: Nuestra señora de las flores

Santa María de las flores
Jean Genet
Escritor, prostituto, fugitivo de la justicia, vagabundo, mendigo y falsificador de documentos, Genet orquestó su vida como su propia obra, es decir, como le dio la gana. Santa María de las flores, descrita por Jean Paul Sartre como “una novela masturbatoria”, pudo haber sido eso al inicio, una obra para aliviar sexualmente a Genet en una de sus estancias en la cárcel. Aún así, la belleza del manuscrito la convirtió en una obra mítica. En ella, Louis Culafroy, transformado en la travesti Divina, es amante, delincuente y protagonista de los bajos fondos parisinos. Enamorada del viril Darling Daintyfoot, su historia de deseo se lee como un extenso poema épico y una oda a la diferencia sexual.  

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