Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Carlos Cuerpo: “La vivienda es la gran prioridad, pero no hay una bala de plata”
Aldama, el nexo corruptor que acabó como 'campeón' del antisanchismo
Opinión | Morosos galdosianos, por Antonio Maestre

Cecilia Böhl Larrea, la contradictoria pionera que tuvo que refugiarse en un seudónimo masculino, Fernán Caballero

Cecilia Böhl Larrea, escritora que tuvo que usar el seudónimo de Fernán Caballero.

Miguel Ángel Villena

4 de julio de 2026 22:10 h

0

Una multitud de lectores y de lectoras estudió en su bachillerato a Fernán Caballero, seudónimo de Cecilia Böhl Larrea, una de las más destacadas escritoras del siglo XIX español. Pionera como una mujer de letras, burguesa ilustrada, muy conservadora y católica, avanzó la corriente del realismo y triunfó en su época. Pero hoy Cecilia Böhl y Fernán Caballero (Morges, Suiza, 1796-Sevilla, 1877) han caído en el olvido y ya no cuentan ni con seguidores ni con reconocimiento. A contracorriente de ese silencio, Marieta Cantos reivindica en una reciente biografía a una intelectual que “fue muy conservadora en lo ideológico, pero muy innovadora y moderna en lo literario, una ilustrada famosa en su época y cuya influencia llegó hasta Galdós”.

Tras admitir el indudable declive de la figura de Fernán Caballero, esta catedrática de Literatura Española de la Universidad de Cádiz intenta explicar las razones del ostracismo de una sobresaliente mujer. “En primer lugar”, señala Cantos, “Fernán Caballero fue muy leída y exaltada durante la dictadura franquista y ese hecho la ha estigmatizado en parte”. “Además, creo que a pesar de los numerosos estudios y biografías sobre ella no se ha sabido situar a esta autora en su contexto. Por último, por si fuera poco, se ha reducido su obra literaria a un costumbrismo andaluz que ha pesado en su contra”, opina. Por ello, la reciente biografía de Marieta Cantos, Cecilia Böhl Larrea, Fernán Caballero. En cuadros vivos (Cátedra) trata de analizar su vida y su obra en el marco de un convulso siglo XIX y desde una perspectiva de género.

Al comentar este documentado y exhaustivo libro sobre la autora de La gaviota y La familia de Alvareda, la biógrafa, especialista en el siglo XIX, destaca que “Fernán Caballero fue muy contradictoria porque fue una cosmopolita y avanzada a su tiempo en su faceta cultural, pero conservadora y católica a ultranza en lo político e ideológico”. Añade Cantos que Cecilia Böhl Larrea, hija de padre alemán y madre andaluza, ambos gente culta, hablaba y leía tres idiomas (español, francés y alemán), estuvo al tanto de las novedades literarias en Europa y de la eclosión del realismo a mediados del XIX y cultivó varios géneros, desde el periodismo y los cuentos a la novela.

La escritora mostró adoración por su padre, Juan Böhl de Faber, un erudito reputado en su época, mientras con su madre mantuvo una relación de amor-odio en su juventud, si bien luego se reconcilió con Frasquita Larrea, también escritora y editora de su hija en ocasiones. “Hay que tener en cuenta”, afirma Cantos, “que Cecilia fue una mujer rica, procedente de una familia de bodegueros y comerciantes, que enviudó tres veces y no tuvo hijos. Así pues, estas circunstancias personales hicieron de Cecilia una persona libre e independiente, algo muy poco habitual para una mujer en el XIX”.

Aunque siempre se mostró interesada por la literatura, Cecilia no publicó sus primeras obras hasta su madurez, cuando ya contaba más de 50 años, y lo hizo con un seudónimo masculino: Fernán Caballero. ¿Por qué? “Ella era tímida y celosa de su intimidad”, contesta la biógrafa y agrega: “Temía mucho la exposición pública hasta el punto de que se indignó cuando algunos editores o colegas insinuaron que tras Fernán Caballero se escondía una escritora. Por otra parte, no deseaba que se leyeran sus novelas como un producto femenino, porque ello equivalía a que fueran consideradas como una obra menor”.

“De hecho, Cecilia siempre desplegó una intención moralizante en su obra y creía que ese mensaje iba a llegar mejor si el público creía que procedía de un hombre. Se trata, pues, de una actitud común en algunas mujeres intelectuales del siglo XIX e incluso del XX”, añade. En cualquier caso, la biógrafa no se atreve a pronunciarse sobre si sus lectores sabían que la autora era una mujer. “Es difícil saberlo, aunque lo que podemos afirmar es que suscitó la envidia de escritores de su época, entre ellos de Juan Valera, entre otros”, asegura.

Una literatura costumbrista y moralizante

Sea como fuere, la vida de Cecilia Böhl Larrea resulta novelesca y atraviesa un siglo muy agitado y salpicado de conflictos, de golpes militares y revueltas sociales, desde la guerra de la Independencia, que ella vivió de joven, hasta la revolución gloriosa de 1868, el destronamiento de Isabel II y la proclamación de la efímera Primera República en 1873. Entretanto, su literatura atrapó a la sociedad de su época con una mezcla de temas realistas sobre las virtudes y defectos de los españoles, unas descripciones coloristas y poéticas de Andalucía y un estilo claro y natural. Todo ello, por supuesto, con una moralina conservadora.

Puede sostenerse que Fernán Caballero alcanzó una notable fama, si bien a Cecilia Böhl le horrorizaba exponerse en cuadros vivos, esas representaciones teatrales en público para comentar un suceso. De ahí el título de la biografía de Marieta Cantos. Su aversión a la proyección social la llevó incluso a barajar el ingreso en un convento, un paso que finalmente no dio.

Sin embargo, y a pesar de esa ideología tradicional, Cecilia Böhl no se implicó activamente en la política de su tiempo y se mantuvo siempre en una esfera privada. Traducida en vida a varios idiomas, se codeó con intelectuales y políticos de primera fila, incluido con Washington Irving al que conoció en una visita del autor de Los cuentos de la Alhambra a Andalucía.

Ahora bien, su biógrafa opina que la amistad con personajes perversos y conspiradores, como el duque de Montpensier —cuñado de Isabel II y financiador de su destronamiento, así como sospechoso del asesinato del general Juan Prim en 1870—, la perjudicó mucho en algunos periodos de su vida. “Cecilia fue carlista en su juventud”, explica Marieta Cantos, “y partidaria de los Montpensier más tarde. Pero ella se volcó en las obras benéficas y en reuniones de mujeres católicas, al tiempo que presumía de que en sus tertulias no se hablaba de política”.

Etiquetas
stats