Dinos qué teatro te gusta y te decimos lo que vas a ver este otoño

Una escena de 'La piedra oscura', en el Centro Dramático Nacional // Foto: marcosgpunto

Viejos tics de años anteriores y alguna novedad. Así se presenta la nueva temporada teatral. Tics como el minimalismo escénico –obras con muy pocos actores ya que los presupuestos aún no están para hacer alardes-, la apuesta por la comedia basada en las relaciones de pareja, siempre un valor casi seguro (y principalmente en los teatros privados), versiones de los clásicos y las reposiciones. No cambies lo que funciona y atrae espectadores parece ser el mantra de los encargados de la programación.

Como novedad: la crisis está a punto de desaparecer. Si los últimos años habían estado cargados de montajes donde se metía el cuchillo en los despidos, el paro o incluso los desahucios, en los próximos meses, los teatros apenas pasan de puntillas por ella. Ni siquiera la corrupción estará muy presente. La realidad más fea dará paso a la ficción y la metáfora.

Como contrapartida, si el presente se aleja cobra empuje el pasado. Nuestra memoria histórica. La represión franquista. El debate sobre las tradiciones más ibéricas. Los dramaturgos han dejado de leer periódicos para revisar la Historia. Quizá para saber de dónde venimos y qué podemos hacer ahora. Es quizá también la búsqueda de la identidad de un país precisamente cuando el tema identitario se adivina como uno de los más calientes del año.

El concienciado: memoria y las guerras

El Centro Dramático Nacional estrena el 18 de septiembre La piedra oscura, de Alberto Conejero y dirigida por el argentino Pablo Messiez, autor de Las plantas y Los ojos, obras que ya se pudieron ver en la sala Mirador. Este montaje, interpretado por Daniel Grao y Nacho Sánchez, pone la mirada en los desaparecidos durante el franquismo, en las miles de personas que aún yacen en las cunetas, mientras por el texto se deja caer la figura de Federico García Lorca.

En el mismo sentido, El valle de los cautivos –en el Teatro del Barrio a partir del 23 de septiembre, aunque ya se pudo ver en la Sala Tú del barrio de Malasaña el pasado febrero- aborda la necesidad de enterrar a los muertos y saber qué ocurrió realmente con nuestros antepasados. Dirigido por Francisco Vidal, el texto, de Pedro Martín Cedillo, refleja la amistad entre dos presos que trabajaron en la construcción del Valle de los Caídos. Sólo uno puede contar la historia, ya que el otro desapareció sin que su familia tuviera nunca más noticias de él.

La Guerra Fría es también un trocito de nuestra Historia y en él se ha adentrado Juan Mayorga para escribir y dirigir Reikiavik, que se estrenará también el 23 en el Valle-Inclán. El dramaturgo parte de la metáfora del ajedrez para poner en escena a personajes que recuerdan a Bobby Fischer, Boris Spassky, Henry Kissinger o Stalin. La idea es saber qué sucedió entonces para averiguar qué hacer ahora.

No obstante, si hay un texto que retrata de forma quirúrgica los conflictos bélicos ese es Madre coraje, de Bertolt Brecht, con el que la compañía Atalaya abre la temporada en las Naves del Matadero el 9 de septiembre. Estrenada en la Feria de Huesca de 2013, es la historia de la Guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes en el siglo XVII. Un conflicto en el que también tuvo cabida la corrupción, puesto que en una guerra siempre hay un interés y siempre alguien gana aunque no sea en el campo de batalla. Un texto de hace más de 50 años que regresa cuando el mundo también vive una guerra religiosa y económica.

El político: qué hemos hecho

En la sala Princesa del CDN el 30 de octubre se estrenará Bangkok, de Antonio Morcillo, donde el paisaje escénico es bastante reconocible por la España de los últimos años: un aeropuerto sin aviones. Un viajero que quiere ir a Bangkok y un guardia de seguridad (Carlos Álvarez Novoa y Dafnis Balduz) dialogan sobre el surrealismo de que no haya vuelos en ese aeropuerto inaugurado con todos los alardes, las políticas recientes y también sobre ellos mismos, que podríamos ser cualquiera de nosotros.

Para debate también el que ofrece Desde aquí veo sucia la plaza, estrenada durante el pasado festival Frinje y ahora en el Teatro del Barrio, y que retrata esa tradición (o barbarie) que consiste en tirar una cabra desde un campanario para diversión de los presentes. Una mirada a la idiosincrasia española y a lo que aparece en las guías de viajes para guiris. Eso sí, desde el humor, para no ponerse tan drástico y no llevar al vómito al espectador.

En las Naves del Matadero se estrenará El arquitecto y el emperador de Asiria, de Fernando Arrabal, dirigida por Corina Fiorillo en coproducción con el Complejo Teatral de Buenos Aires. La obra es “una metáfora de una sociedad que no busca valores como la sabiduría o la justicia sino que, en la búsqueda por imitar o anhelar imperios ficticios, cae cíclica y repetidamente en sus propios errores”, como indica su directora. Y como le ha ocurrido a nuestro país.

El clásico: otra ronda

Al final de la pasada temporada se estrenaron Antígona, Medea y Edipo Rey con un gran éxito de público. El teatro de la Abadía y el Teatre Lliure recuperan estas versiones de Miguel del Arco, Andrés Lima y Alfredo Sanzol, respectivamente, para estos próximos meses.

El Teatro Español, por su parte, estrena El burlador de Sevilla, atribuido a Tirso de Molina, dirigido por Darío Facal. Según este, se tratará de un Don Juan más erótico y donde primarán los placeres y la sensualidad, ya sea procedente de los cuerpos, la comida o la bebida.

El hedonista: comedias, musicales y relaciones de pareja

Los teatros privados apuestan para esta temporada por la comedia, el musical, los conflictos que generan las relaciones de pareja o la lucha de sexos. Todo un clásico. Así, por ejemplo, el Nuevo Alcalá prorroga el musical Priscilla; La Latina estrena Nuestras mujeres con Antonio Garrido, Antonio Hortelano y Gabino Diego; el Bellas Artes prosigue con El estanque dorado (Lola Herrera y Héctor Alterio); y del Lara no se bajan del escenario Burundanga –y ya son cinco temporadas- ni La Llamada.

Y, aunque público, puesto que pertenece a la Comunidad de Madrid, los Teatros del Canal, además de danza, programarán dos comedias basadas en la pareja: Bajo terapia y Escenas de la vida conyugal. Eso sí, esta última de Ingmar Bergman y con Ricardo Darín y Érica Rivas, bajo la dirección de la también argentina Norma Aleandro.

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