La violencia contra la reportera Lydia Cacho se revive en el teatro: “Ya no me duele contarlo”

Las actrices que interpretan 'La infamia' (en los extremos: Marta Nieto a la izquierda y Marina Salas a la derecha) junto al director José Martret y la autora, Lydia Cacho

Lydia Cacho sabe que no puede volver a su país, México. Conoce la existencia de sicarios contratados para asesinarla. Lleva en España desde diciembre de 2019. Aun así, sin poder ver a su familia, exiliada, está contenta. Agradece poder caminar por la calle, hacer vida de barrio, pasear en la noche sin tener que mirar atrás. Sigue trabajando como freelance para varios medios, prepara un nuevo libro que saldrá a comienzos de año, titulado Cartas de amor y rebeldía, y está concluyendo un reportaje de investigación en el que lleva trabajando años sobre las niñas en la guerra: “estoy ultimando un viaje a Siria para intentar cerrar el reportaje”, revela en conversación con este periódico. Además, está cerrando un proyecto para una serie con una productora estadounidense, realizado en colaboración con la poeta y escritora Gabriela Jáuregui, una de las autoras más relevantes de América Latina y figura puntera del feminismo.

La ONU pide a México resolver el caso de torturas a la periodista Lydia Cacho

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Pero, sobre todo, en estos días Cacho está contenta porque acaba de estrenar, bajo dirección de José Martret e interpretada por Marta Nieto, La infamia, pieza teatral que escenifica el testimonio publicado en su libro Memorias de una infamia, en el que esta periodista mexicana relata cómo fue secuestrada y torturada por el Estado mexicano, y estuvo a punto de ser asesinada. La pieza estará en cartel hasta el 16 de enero en las Naves del Español en Matadero (Madrid). En enero, la actriz protagonista cambiará y será Marina Salas quien dé vida a esta truculenta historia donde se unen testimonio y denuncia de una de las lacras que lleva asolando México durante años: la violencia organizada y sistemática y, especialmente, la impunidad en el asesinato de periodistas de investigación. La productora prevé, y ya está cerrando fechas, una gira larga por toda España.

La obra narra lo ocurrido a esta periodista después de publicar en 2003 su libro Los demonios del Edén, donde denunció una red de prostitución infantil dirigida por políticos y por los empresarios Succar Kuri y Kamel Nacif. A partir de ahí, Cacho sufrió amenazas de muerte y presiones que acabaron dos años después con una detención policial que se tornó en un secuestro donde fue torturada y estuvo varias veces a punto de ser asesinada. Detrás estaba el Gobernador de Puebla Mario Marín, vinculado con los empresarios y con la red de pederastia, que había conseguido comprar a una jueza para que diese la orden de detener a Cacho. Hoy, gracias a la investigación de la periodista, Sucarr Kuri cumple una condena de 112 años, el Gobernador Mario Marín está preso a espera de sentencia en los próximos meses y Nacif está en arresto domiciliario en el Líbano, país al que huyó pero donde también han acabado juzgándole.

México violentamente desamparado

Hace doce años la artista plástica Teresa Margolles presentaba ¿De qué otra cosa podríamos hablar? en la Bienal de Venecia. La bandera que sustituía a la oficial de México y presidía el palazzo veneciano donde se hallaba el pabellón de aquel país era un trapo empapado en la sangre de víctimas por violencia en México que la artista había traído desde allí. Mientras el presidente Felipe Calderón exigía no “exportar” la violencia que sufría México, Margolles se agarraba al aserto del filósofo alemán Theodor Adorno —“escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”— y levantaba una instalación artística que hizo tambalearse a varios cargos políticos pero, sobre todo, cambió la mirada sobre el papel del arte y el artista en el conflicto mexicano. De esa urgencia y compromiso artístico nace también el montaje teatral que ha puesto en pie el director mallorquín Jose Martret, conocido por sus iconoclastas puestas en escena de Shakespeare o Chéjov, y su gestión en Madrid de espacios mínimos y muy recordados como fueron La Casa de la Portera o La Pensión de las Pulgas.

Desde que Martret conoció a Cacho no se le fue de la cabeza llevar a escena la historia de la periodista. Martret ha levantado un montaje centrado en el trabajo actoral para lo cual en escena se vale de una cámara en directo que va siguiendo a la actriz. El público puede ver todo momento, en una pantalla, un primer plano de ella relatando, en primera persona, lo que le sucedió a Cacho. Consigue así Martret solventar la carga narrativa y descriptiva de los hechos con una puesta psicologista que acerca la angustia y el miedo al espectador.

Ambas actrices soportan en escena toda la carga del monólogo escénico sumado a la milimétrica capacidad de escrutar que tiene la cámara. “Decidimos castellanizar el libreto y que fueran actrices españolas. Creemos que tiene que ser una actriz española aquí, una argentina en Argentina, una mexicana en México… La universalidad de esta historia es clara. Desde el primer día me metí a fondo, primero escribiendo el libreto con el director y luego asistiendo a los ensayos diarios. Hablé mucho, tanto con Marta como con Marina, me hicieron miles de preguntas, qué se sentía, cómo sucedían las cosas. Trabajé con el diseñador de sonido y el iluminador sobre qué sonidos y luces había en el coche en que me conducían o en la cárcel donde me llevaron”, explica Cacho.

¿Qué quedó fuera del montaje con respecto al libro?

Hay cantidad de datos periodísticos que son pertinentes en el libro, que explican con detalle cómo funciona la red de vínculos entre servidores públicos y Kamel Nacif. Explican, por ejemplo, el viaje a Las Vegas pagado por este multimillonario para que la jueza pidiera encarcelarme. Todos esos detalles finos son importantes y me ayudaron a ganar este caso en las cortes internacionales, pero no tenía sentido que estuvieran en la obra. En el teatro hay que contar una historia.

¿Cómo fueron los ensayos?

Para ellas fue un poco difícil al principio tenerme en frente, entraron un poco en shock al tener a la persona que había sufrido todo lo que ellas iban a representar. Les expliqué que soy una superviviente, no una víctima, y por lo tanto ya no me duele contarlo, soy capaz de hacerlo desde una perspectiva periodística. Ambas me preguntaron mucho por mi familia, por mi infancia, por mi rabia… Creo que la obra, si bien es dura, hemos conseguido que esté llena de verdad y eso el público lo sabe y lo agradece.

Sorprende al ver en la obra lo cerca que estuvo el secuestro de acabar mal, lo cerca que estuvieron de asesinarla, lo claro que queda que aquello más que un secuestro era un plan para hacerla desaparecer.

Es algo que he trabajado en terapia durante 16 años. Es un fenómeno que mi terapeuta me tuvo que explicar, que me costó asimilar y que se llama “la culpa del superviviente”. Tengo muchos amigos periodistas que han sido asesinados, cada vez que un amigo recibe amenazas le digo, escóndete, muévete y luego sigues trabajando. No dejas el periodismo pero te mueves, te cuidas. Y la gran mayoría lo tilda de exageración argumentando que si te van a matar no te avisan. Eso es mentira, en todo el mundo, cuando las mafias te van a matar, parte de la tortura psicológica es amenazar. Esto lo sabe muy bien [el periodista italiano autor de Gomorra] Roberto Saviano. Lo sabía [la periodista rusa crítica con el Kremlin asesinada en 2006] Anna Politkóvskaya. O mi amigo Javier Valdez, que también acabó muerto hace cuatro años en Culiacán.

Por eso yo en 2005 tenía montada toda una estrategia de seguridad, pues ya había recibido amenazas de muerte. Tenía escolta. La escolta se vendió y no me protegió. Pero tenía, gracias a Dios, a todo mi equipo avisado y cámaras fuera de la oficina. Esto permitió que se supiera quién me había llevado e incluso seguir por las cámaras las placas del auto. Y hubo una guerra de verdad y mentira entre las autoridades y mi equipo y los muchos periodistas que estaban buscándome desesperadamente. Mis colegas me salvaron la vida, es así, se movilizaron rápidamente y eso hizo que el Gobernador tuviera que medir el costo que tenía para él mandarme asesinar.

Ya ha testificado tanto en el juicio de Kamel Nacif en el Líbano como en el juicio en México al Gobernador Mario Marín, ¿espera que los juicios acaben con sentencias firmes y condenatorias?

En el Líbano, veremos. Tengo un muy buen abogado especializado en mafias y estoy contenta con eso. En cuanto a Marín, esperamos sentencia en torno a marzo. Y estoy segura de que, a menos que el presidente de México dé su venia para que lo liberen, Mario Marín va a ser sentenciado porque las evidencias son innegables.

¿Contempla que López Obrador medie para que Mario Marín sea liberado?

Simplemente digo que la única posibilidad para que fuese liberado es que hubiera colusión por parte del Gobierno federal. Si no es así, Mario Marín va a ser el primer gobernador sentenciado por torturar y perseguir a una periodista.

¿Vivió la subida al poder de López Obrador como mucha gente del sector progresista de su país, con esperanza y alegría?

Absolutamente. Bueno, alegría tampoco porque soy periodista, pero sin duda con esperanza. Creí que iba a ser un presidente medianamente bueno y estamos viendo que ha tomado otro camino que a mí, personalmente, me tiene muy sorprendida, sobre todo esto que está haciendo al modo de Donald Trump de todas las mañanas salir y acusar a periodistas, ponerlos en la palestra y descalificarlos. Es insostenible y además sorprendente: Obrador llegó al poder gracias a una prensa independiente que lo entrevistaba y acercó al pueblo un rostro de izquierdas.

Desde el año 2000 hasta la actualidad, 145 periodistas han sido asesinados en México. Es el país de América con más asesinatos y el tercero en el mundo tras Siria e Irak. ¿López Obrador ha tomado alguna medida?

Dentro del aparato del Gobierno mexicano hay, sin duda, funcionarios públicos que están intentando que haya mayor protección para el sector de periodistas de investigación en todo el país. Están trabajando y utilizando herramientas como tratados internacionales, denuncias de la ONU, etc., para poder influir en el presidente de la República. El problema es que él no está escuchando. El Gobierno de Estados Unidos, a través de la [agencia antidrogas] D.E.A., publicó un informe que afirmaba que el 30% de las provincias de México estaban gobernadas por personas directamente relacionadas con la delincuencia organizada. Este dato es contrastable por estudios que los propios periodistas hemos realizado. El Estado no quiere una prensa que funcione. Las zonas de silencio que tenemos en México donde no podemos evidenciar la corrupción, la violencia y las desapariciones forzadas, es inmensa. Tener un 30% de tu país silenciado por completo es uno de los horrores más apremiantes y el Presidente no está dispuesto a escuchar.

¿Cuáles son las reclamaciones de los periodistas para poder solucionar esta situación, las medidas básicas que estáis exigiendo?

Todos los colectivos de periodistas que se han creado para protegernos están de acuerdo en que si el Estado no persigue los delitos que estamos documentando con claridad, que están ahí, que son evidentes, las cosas van a seguir empeorando. Por otro lado, la Fiscalía General de la República tiene una animadversión directa hacia los periodistas de investigación. Siempre ponen en duda el móvil que puede haber detrás de un periodista que hace una investigación sobre blanqueo de capitales, sobre narcotráfico, sobre desapariciones forzadas o sobre corrupción en el Ejército. Y eso es lo más grave. La propia fiscalía, que es la institución del Estado para poder acusar y perseguir los delitos, es quien activa el mecanismo de impunidad. Hace diez años exigimos la protección a periodistas, pero en muchos casos como el de [la periodista chihuahuense asesinada en 2017] Miroslava Brich, o el mío propio, se ha demostrado que no es efectivo: se venden. Tener escoltas por parte del Estado no es garantía de nada. La solución es el combate a los delitos que estamos denunciando. Si quedan impunes, quien queda en la fragilidad absoluta es quien hizo la investigación.

Hace seis años fue asesinada la directora del festival de relevancia nacional de danza Cuatro x Cuatro en México, Nadia Vera. Sucedió en un tiroteo en el que también mataron al fotoperiodista Rubén Espinosa, a la maquillista Yesenia Quiroz, a la modelo colombiana Mile Virginia Marín y a la asistente doméstica Olivia Alejandra Negrete. Aquella matanza tuvo una repercusión incluso en el mundo escénico español, parece no haber sector o estamento social que pueda decir que no esté afectado.

Totalmente. Incluso teatros pequeños en Veracruz o Sinaloa, donde tengo amistades, teatros que estaban llenos todas las semanas con obras muy buenas, me cuentan que desde hace unos años ya no es así. La delincuencia organizada comenzó a cobrarles cuotas y el Estado no les ha protegido. Además, eso se suma a que este Gobierno ha hecho un recorte enorme en las ayudas a las artes escénicas. Esto, después de la pandemia, ha debilitado el tejido cultural alarmantemente. Buena parte del mundo artístico en México, que votó masivamente por López Obrador, ahora se está echando las manos a la cabeza debido a los recortes y los ataques del Gobierno a artistas que comienzan a ser críticos con el poder. Artistas que además de ser fustigados públicamente fueron castigados en concursos que incluso ya habían ganado legalmente.

Esto se cruza, además, con una serie de eventos bastante ridículos y de gran presupuesto organizados por el Gobierno. La gran pirámide que alzaron en el Zócalo de D.F. para conmemorar los quinientos años de la conquista, es el gran símbolo de esto mismo: de un folclorismo, de un supuesto indigenismo cultural que, además, no se corresponde con la política social del Gobierno. Sus políticas públicas en contra del racismo en las escuelas están absolutamente inactivas. No me vendas pirámides de cartón para revindicar a los aztecas si al mismo tiempo no haces nada por esas comunidades.

Según su parecer, ¿cuáles son las grandes faltas para con su electorado de López Obrador?

Lo más grave es la forma en que está militarizando el país, todo lo que dijo que él no haría en la época en que Felipe Calderón lanzó la guerra contra el narcotráfico, no lo ha hecho. Sino que, todo lo contrario, ha militarizado la Guardia Nacional y la policía. Es una traición a la gran promesa que hizo en materia de seguridad. La segunda es la protección de la niñez. Obrador siempre defendió en su campaña que las mujeres y los niños de México tenían que tener voz e iban a ser escuchados. En el último año lleva negando sistemáticamente que haya violencia contra la niñez y las mujeres cuando este tema claramente se ha agravado. Incluso esta última semana declaró que el feminismo había sido una creación de los liberales para poder desarticular todo el discurso de la pobreza y la desigualdad salarial. No solamente demuestra su ignorancia, sino que hay un dolo particular en que desde el espacio presidencial alguien se atreva a decir semejante cosa. Y el tercer punto es la salud, aun reconociendo que sí se ha intentado erradicar la corrupción dentro de las instituciones de salud, sin embargo Obrador ha permitido que muchísima gente se quede sin servicios públicos, gente pobre que es la que más ha sufrido y muerto por la COVID-19.

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