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DESALAMBRE

La acogida de los migrantes del 'Aquarius' en España agita a gobiernos europeos lastrados por la ultraderecha

El gesto humanitario del Gobierno de Pedro Sánchez y de la ciudad de Valencia, regida por Joan Ribó, con el barco que transporta 629 inmigrantes rescatados en el mar Mediterráneo saca a relucir las derivas en política migratoria de los grandes países del 'viejo' continente

Pasajeros del Aquarius saludan a su llegada al Puerto de Valencia

Pasajeros del Aquarius saludan a su llegada al Puerto de Valencia Olmo Calvo

Este domingo por fin han pisado tierra firme en Valencia los 630 inmigrantes rescatados por el 'Aquarius', una nave que opera con fines humanitarios en el mar Mediterráneo gracias a las ONG Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée. Antes, Italia y Malta cerraron sus puertos al navío. Al presidente francés, Emmanuel Macron, le costó tres días tratar la cuestión de la asistencia al 'Aquarius', abriendo la puerta a que aquellos que lo desearan pudieran trasladarse a Francia aunque poco después de haber implementado fórmulas exprés de deportación. 

En París se ha aplaudido la decisión del Gobierno español, pero la tibieza del Ejecutivo galo ha dejado comentarios críticos hasta en el partido del propio Macron, La República en Marcha (LREM). “Valemos mucho más que ésto”, ha dicho, por ejemplo, el diputado de LREM, Sébastien Nadot, a cuenta del comportamiento del Ejecutivo galo en esta crisis.

A falta de menos de dos semanas para la próxima reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, que se celebrará los días 28 y 29 de junio, la iniciativa del Gobierno de Sánchez es “una señal para Europa”, según ha titulado, por ejemplo, el Wiener Zeitung, diario de la capital austriaca.

Precisamente desde Viena, el canciller conservador Sebastian Kurz, que gobierna en la pequeña república alpina en coalición con el ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), ha viajado esta semana en Berlín para lanzar una iniciativa llamada “eje de voluntades”. La idea consiste en estrechar la cooperación de los ministros del interior de Austria, Italia y Alemania.

El ministro del interior austriaco es Herbert Kickl, un político del FPÖ. En Alemania, el responsable de esa cartera es Horst Seehofer, de la muy conservadora Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), un partido que está hermanado a la Unión Cristiano Demócrata (CDU) que lidera la canciller Angela Merkel.

Desde el Gobierno alemán se ha apelado a la “responsabilidad humanitaria” para que los países mediterráneos lidien con el 'Aquarius', pero lo cierto es que el Ejecutivo alemán no habla con una sola voz estos días en materia de inmigración. Seehofer, cuyo partido tiene en la agenda las elecciones bávaras del próximo mes de octubre, muestra actualmente su perfil más duro en materia de inmigración.

En realidad, el ministro del Interior está lanzando mensajes al electorado de la rica región del sur alemán que buscan contener allí a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), la principal fuerza de la oposición en el Bundestag.

Merkel, sola y enfrentada a la mano dura de su ministro del Interior

Aunque las posiciones de Merkel en materia de inmigración hace tiempo que no son las que planteara en los días de puertas abiertas a los refugiados en la crisis de hace tres años, la canciller no está dispuesta a que su Gobierno quede alienado por la política bávara. De ahí que la jefa del Gobierno llegara a frenar esta semana la presentación de un “plan maestro” de Seehofer para la inmigración escrito en clave restrictiva.

La política alemana vive, según los términos del popular diario Bild, “una dramática lucha de poder” entre Merkel y su 'hermano' socialcristiano de Baviera. La canciller y su CDU siguen apostando oficialmente por encontrar una “solución europea” ante la venida de inmigrantes a Europa. Pero la capacidad de influencia internacional de Berlín se ha visto minimizada en ese ámbito.

En 2015 y 2016, las tesis alemanas no doblegaron las resistencias de países del este europeo como Hungría y Polonia. Ahora, las tensiones internas que tiene Merkel en su gabinete y su propio partido dificultan que se vea desde Berlín la señal que está lanzando España con la acogida del 'Aquarius'. Puede que resulte sin efectos el que la canciller perciba la mano tendida de Sánchez para buscar soluciones a la inmigración diferentes al cierre de las fronteras que parecen desear Seehofer, Salvini, Kicki y compañía.

Porque después de trece años en el poder, y especialmente desgastada por las críticas a su política de refugiados de 2015, a Merkel se la ve “sola, o casi”. Así la describía este fin de semana frente a su ministro del Interior Stephan-Andreas Casdorff, editorialista del diario berlinés Der Tagesspiegel.

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