Desplazados, salud mental e infancia: las grandes prioridades de la ayuda humanitaria en Venezuela diez días después de los terremotos
Pasan los días de la emergencia –este sábado ya es el décimo–, pero en las calles de Venezuela la gente no deja de preguntarse quién ha sobrevivido y quién no a la tragedia que azota el país caribeño tras los dos terremotos que dejaron –al menos y por ahora–, según cifras del Gobierno, 2.595 personas muertas y más de 12.400 heridos. La esperanza de encontrar sobrevivientes se ha ido diluyendo y el país afronta el tercero de los siete días de duelo nacional decretados por el Gobierno mientras los rescatistas siguen recuperando cuerpos.
“La situación sigue siendo crítica. La mayoría de las organizaciones siguen tratando de salvar vidas porque hay miles de familias de las que todavía no se sabe nada”, dice a elDiario.es y desde el terreno Claudia González, gerente de Relaciones Interinstitucionales de la ONG World Vision, que trabaja en el país desde antes de los terremotos.
La organización, una de las ocho integrantes del Comité de Emergencias Español, ha entregado agua, alimentos precocinados, refugio y protección a la infancia, y ha atendido hasta ahora a más de medio centenar de niños, niñas y adolescentes.
En las últimas horas, el rescate con vida de Hernán Gil, vigilante de un edificio que quedó atrapado durante ocho días en su garita de uno de los edificios derrumbados de Catia La Mar, ha puesto el foco internacional sobre el centenar de rescatistas que culminó con éxito una delicada operación de salvamento que se prolongó durante casi 72 horas. Este viernes, otro grupo de rescatistas ha desplegado una operación con drones y perros para salvar a Fabio, un niño de 9 años que permanece desde hace nueve días bajo un edificio en La Guaira, una de las zonas más afectadas, 30 kilómetros al norte de Caracas.
“Hemos pasado una primera etapa de búsqueda y rescate de gente atrapada”, dice desde Brasil a elDiario.es el responsable médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Venezuela, Carlos Arias. Aunque hay que seguir buscando –“siempre hay milagros” y aún puede quedar algún herido con acceso a agua o aire–, la prioridad ahora es “el saneamiento, la gestión de cadáveres, la atención a los desplazados, evitar epidemias y la salud mental”.
Para Rafael Mattar, coordinador de la emergencia de Venezuela por parte del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), que lidera la respuesta en materia de protección y albergues, “en esta segunda etapa lo principal es identificar las necesidades de la población, tener un censo de las personas afectadas y, en paralelo, comenzar a diseñar una estrategia de largo plazo”.
La gestión de desplazados, una prioridad
El impacto del terremoto se hace más visible con el paso de los días, con miles de personas aún sin hogar, hospitales al límite y comunidades enteras desplazadas, en un país que ya estaba en crisis desde mucho antes del desastre. ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, ha advertido que la situación humanitaria en las zonas afectadas “se ha deteriorado rápidamente”.
El Gobierno cifra sobre las 12.800 las personas que han perdido sus viviendas, mientras ACNUR ha documentado 16.000 ciudadanos que han debido buscar un lugar alternativo para vivir: muchas siguen durmiendo en las calles o espacios públicos, mientras otras se alojan con familiares o en refugios temporales como iglesias, escuelas o instalaciones improvisadas.
Hay mucha buena voluntad y eso vale mucho, pero en eventos de esta magnitud lo complicado es coordinar toda la ayuda
“La gestión de los desplazados es una prioridad a corto plazo, señala Arias. Hay mucha gente que ha perdido sus casas, que necesitará un tiempo antes de volver, y será necesario habilitar alojamientos provisionales que eviten el hacinamiento y reduzcan el riesgo de enfermedades y epidemias”.
Acnur, que tiene presencia en Venezuela desde hace 35 años, ha levantado varios albergues temporales donde la población desplazada puede ir a refugiarse y recibe alimentos, ayuda psicosocial y atención en salud. “Es una asistencia un poco más estructurada, bajo la sombra –dice Mattar–, en espacios que han sido habilitados para su permanencia transitoria”.
La presidenta interina, Delcy Rodríguez, prometió hace dos días que antes de que finalice el año habrá nuevas viviendas para quienes hayan perdido sus hogares.
“Venezuela ya era un país con recursos muy limitados porque no estaba ampliamente financiado por la comunidad internacional, aunque su población sí tenía necesidades graves”, dice a elDiario.es la portavoz del Comité de Emergencias Español, Eloisa Molina.
El sistema de salud, que ya enfrentaba dificultades antes de los sismos, ha quedado muy perjudicado, con 35 hospitales y cientos de centros de salud dañados, según MSF. La ONG ha apoyado, hasta ahora, ocho hospitales con kits para atender a unos 4.000 heridos.
“Los venezolanos han dejado atrás su propia emergencia para apoyar a quienes lo necesitaban”, dice Claudia González. “Ha sido una situación que nos ha unido como país, pero que también nos sume en una crisis mucho más profunda que antes del 24 de julio”.
“La ayuda se está organizando mejor”
El despliegue de 3.000 rescatistas procedentes de una treintena de países ha permitido salvar con vida, en los últimos seis días de operaciones, a 12 personas que quedaron atrapadas bajo los escombros. En total, casi 6.500 personas han sido recuperadas, según cifras del gobierno venezolano. Sin embargo, en algunos momentos de la emergencia la coordinación entre los equipos derivó en un complejo caos logístico.
“Hay muy buena voluntad y eso vale mucho, pero en eventos de esta magnitud lo complicado es coordinar todo esto y evitar que haya esfuerzos duplicados”, dice Mattar.
Médicos Sin Fronteras, presente en Venezuela desde 2015 y una de las primeras organizaciones en responder a la emergencia, se desplazó desde el primer momento a La Guaira. “No había nadie cuando llegamos”, dice Arias. “Al día siguiente, empezaron a llegar más actores y el fin de semana ya había muchas organizaciones intentando entrar en La Guaira; tardamos cinco horas en poder acceder”.
En los últimos días, dice Molina, la ayuda “se está organizando mucho mejor, con un control más exhaustivo de quién está entrando, cómo se va a apoyar y la coordinación entre las distintas organizaciones”.
Cifras discordantes
Un interrogante que desde el inicio de la crisis no ha logrado despejarse es la discordancia entre los números publicados por el Gobierno de Delcy Rodríguez y las estimaciones de víctimas fatales y personas desaparecidas. La cifra de fallecidos por el momento está muy alejada de la proyección inicial del Servicio Geológico de Estados Unidos, que estimó un mínimo de 10.000 muertos.
Por su parte, la ONG Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés) calculó que los desaparecidos se acercarían a los 50.000, una cifra validada por la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Se desconoce, además, cuántos de los desaparecidos habrían conseguido contactar con la familia, pero están bien, y cuántos de ellos están muertos.
Reconstruir Venezuela nos va a costar mucho y necesitaremos el apoyo de la comunidad internacional
Los responsables de las organizaciones consultadas, que trabajan en coordinación con el gobierno venezolano, coinciden en que esclarecer las cifras de fallecidos ahora es complejo y toman como base para sus labores los datos oficiales.
“El organismo público no puede certificar una muerte hasta haber finalizado todo proceso [de identificación] y todavía están removiendo cuerpos; en las próximas horas podremos tener una dimensión un poco más clara de la tragedia, que estimamos va a ser mucho más grande de lo que se ha mencionado”, dice Claudia González.
Según Carlos Arias, el cómputo lento de fallecidos es normal porque “depende de la capacidad de los países, la experiencia y la gestión de datos”.
“Mucha ayuda durante mucho tiempo”
El futuro, que por ahora sigue muy incierto, apunta a un escenario de reconstrucción “largo”, coinciden los cooperantes.
“Las necesidades van a seguir: habrá miles de heridos crónicos que requerirán rehabilitación; los problemas de salud mental también van a ser crónicos y urge la reconstrucción del sistema de salud que ha quedado muy dañado y costará mucho dinero”, apunta Carlos Arias. “Venezuela va a necesitar mucha ayuda durante mucho tiempo”.
No hay una cifra concreta del costo de la reconstrucción del país caribeño, pero serán miles de millones de dólares. “Reconstruir Venezuela nos va a costar mucho y necesitaremos el apoyo de la comunidad internacional”, dice Claudia González, que espera que la “reactivación petrolera” ayude en este camino.
“La idea –dice Eloisa Molina– es intentar recaudar lo máximo posible para fortalecer los proyectos locales y acoger dentro de estos a personas que hasta la fecha no los necesitaban, pero que ahora han quedado sin absolutamente nada”.
Para la portavoz y directora de Comunicación de World Vision también habrá que apoyar a los sistemas de vacunación y el regreso de la infancia a la escuela lo antes posible.
“La experiencia nos dice que los niños y niñas que durante un periodo prolongado no pueden volver al colegio, ya no vuelven a incorporarse al sistema educativo”.
De estos diez días de fatiga, tensión y angustia, Rafael Mattar rescata la anécdota de una señora que, apenas vio al equipo de Acnur en acción, se le acercó y le dijo que no sabía que “eso existía”. “No sabía que nosotros existíamos”. Sorprendida por cómo “tanta gente podía estar ayudando en una calamidad como esta”, le abrazó y le dio un beso. “Me conmovió profundamente, la verdad. Eso vale oro”.
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