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EXTREMADURA

La Comunidad no tiene un problema de despoblación y “nunca ha funcionado mejor que ahora”

No es cierto, aclara el profesor Gurría, que el saldo migratorio sea negativo: "Se nos van algunos jóvenes pero vienen otros". 

Informe del Consejo Económico y Social sobre reto demográfico y equilibrio territorial, que indica que funciona y resiste un sistema con 19 ciudades proveedoras de servicios, a cuyas áreas sí está emigrando la población rural

El problema no es la emigración, sino la baja natalidad y la no llegada de inmigrantes

La población lleva décadas estabilizada pero sí existe un problema de envejecimiento y masculinización, por lo que en la situación actual, sin llegada de inmigrantes, el padrón regional bajaría en 32.000 personas en la próxima década

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Extremadura no tiene un problema especial de despoblación ya que sigue manteniendo una equilibrada población rural y ningún pueblo  ha cerrado, pero tiene riesgos como el envejecimiento por la baja natalidad y la escasez de inmigrantes, además de la huida de las mujeres de los pueblos.

Así pone de manifiesto el informe sobre Reto Demográfico y Equilibrio Territorial elaborado por el Consejo Económico y Social de Extremadura (CES), y presentado este martes en la sede de la Asamblea de Extremadura; el CES es un órgano regional de consulta y asesoramiento integrado por sindicatos, empresarios y Universidad, entre otras entidades.

Para Ricardo Salaya, consejero por parte de UGT y que ha resumido el informe, en Extremadura tenemos una sensación de  tierra que se despuebla, se vacía, que tendemos a marcharnos, “pero eso ya no es verdad, es cierto que hubo un trauma entre los años 50 y 80, que creó un estado general de desánimo, pero desde entonces la población es muy estable, no tenemos un problema de despoblación; hay un éxodo rural pero interior de la Comunidad, no al exterior, hace mucho que los extremeños no se van, y si lo hacen es temporalmente, tienden a volver”.

Ricardo Salaya UGT CES

Ricardo Salaya

Las mejores condiciones demográficas en el interior de España son la de Extremadura, añadía, se mantienen todos los municipios “y eso no lo puede decir ninguna otra comunidad”, pero sí es cierta lo “exagerada” de la marcha de lo rural a las ciudades.

Es una decisión política la que hay que tomar, qué tipo de poblamiento queremos, ya que la región arrastra aún un diseño agrario de subsistencia, “que hoy no tiene sentido”.

19 localidades locomotora

El informe identifica 19 núcleos de características urbanas (más industria, más sector terciario), ciudades o pequeñas ciudades que proveen de servicios a localidades que resisten a su alrededor, y en un radio de 30 kilómetros o 30 minutos de ellas está el 95% de la población extremeña. Hay riesgo no obstante de que muchos pueblos se vacíen, y si es por la variante biológica, más defunciones que nacimientos, afectará en unos años al 35% del territorio.

Esas 19 ciudades o localidades proveedoras de servicios son Moraleja, Coria, Plasencia, Jaraíz de la Vera, Navalmoral, Valencia de Alcántara, Cáceres, Trujillo y Miajadas en la provincia de Cáceres, y en la de Badajoz su capital más Montijo, Mérida, Don Benito, Villanueva de la Serena, Almendralejo, Villafranca de los Barros, Jerez de los Caballeros, Zafra y Azuaga.

No es un problema según Salaya de despoblamiento del medio rural, sino de la parte en el medio rural que no consigue integrarse en ese sistema urbano.

Las ciudades ofrecen acceso a los servicios y a la industria, una escala económica que fomenta los sectores competitivos y por tanto el empleo. “Nuestros jóvenes no son hijos de jornalero que van a seguir su actividad, si no que han ido a la Universidad pero buena parte del territorio no ofrece las condiciones que necesitan: empleos en el sector terciario e industrial en el medio rural, especialmente estos últimos que son los mejor pagados y estables”.

Además el sector servicios extremeño es casi hipertrófico, muy grande, pero especializado en sectores de bajo de nivel con empleo precario y mal remunerado. “Necesitamos aumentar el nivel de los servicios, más industria, y que donde se produzca algo, se transforme”.

El CES preconiza un sistema empresarial más basado en la agroindustria, pero también en el envejecimiento que también es oportunidad, materia prima para un importante sector económico.

Envejecimiento y masculinización del medio rural, son los dos grandes problemas demográficos de Extremadura a juicio del Consejo.

Por ejemplo la fuga de las mujeres del medio rural. “Nuestras mujeres huyen de los pueblos, y para ello hay que desarrollar un sector terciario especializado en mayores, librar a las mujeres de la carga del envejecimiento, y si no lo solucionamos se marchan; un pueblo ni se mantiene ni se rejuvenece sin mujeres”

De momento en Extremadura es difícil recibir inmigrantes con “un veintitantos de paro” pero “eso se arreglará y vendrán”

El informe del CES repudia el fatalismo. “Hay una sensación de fatalidad, pero esta tierra nunca ha funcionado mejor que ahora, ofrece una vida excelente y hay recursos para mantener aquí la gente, si bien hay que gestionarlo”. En el imaginario y debate regional interviene un factor psicológico de ir para atrás en lo demográfico, cuando, las fechas de los años 50, con las que se compara el padrón de uno y otro pueblo, “fueron excepcionales, fue la mejor época, hubo una explosión demográfica, nunca vamos a tener un medio rural tan poblado como entonces”

Decidimos en su día formar a los jóvenes y “fue un gran éxito en formarles, pero falta conseguir que se quieran quedar con nosotros”, terminaba Ricardo Salaya de resumir el estudio del CES.

Fernández Vara: fiscalidad, ocio

En el acto, además de la presidenta del CES Mercedes Vaquero y el sindicalista Salaya, ha intervenido el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, que ha hablado de la pérdida de estudiantes en la Universidad. “Una diáspora, tenemos 3.000-5.000 alumnos menos, y la mayor parte de ellos no volverán, hay ver en qué titulaciones se nos van; necesario recuperar las matrículas, aunque los de Plasencia vayan a estudiar Medicina a Salamanca, y los Zafra Derecho a Sevilla, en vez de ir a Badajoz o Cáceres respectivamente”.

El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en rueda de prensa

Fernández Vara

Vara plantea estudiar una mejor fiscalidad, como Portugal, para que paguen menos los extranjeros que vengan a vivir aquí, igual que el emigrante que retorna.

No hay ninguna región en España, asegura el presidente, “con nuestra red de servicios, en sanidad os lo aseguro, hay 20 unidades medicalizadas de emergencia, pero algunos no quieren trabajar ahí, el problema es llenarlas de batas blancas. ¿Primar al que vaya a trabajar en el medio rural, ganar más de médico o maestro en un pueblo?”

Y el ocio como motor residencial y actividad económica. “Vivimos en el siglo del ocio y es el gran negocio del mundo, el ocio, el turismo, sobre todo por lo que viajan las generaciones siguientes, que han hecho de ello un modo de vida; los que tienen 25-40 años y no piensan una en semana en playa como antes, sino viajar por el mundo y reservando con tiempo es más barato casi que estar en casa”. El chaval universitario de Villanueva de la Serena, “prefiere irse a Sevilla, y lo hace por el ocio”.

No tener hijos, o tener menos, no es solo por un proyecto vida “sino por elección”, porque parte del tiempo y el dinero se dedica a al ocio y viajar.

No se han perdido en el último año 7.000 habitantes en la región porque se vayan, “unos se van y otros vienen”, pero es que “han muerto 11.000 personas el último año”, y disminuir población hace también peligrar sectores económicos. “El de la fruta y aceituna andan muy preocupados, a medida que ha bajado el paro, y 40.000 personas más trabajando, falta mano de obra en el campo y están seriamente preocupados en la próxima campaña de la fruta, habrá necesidad de gente de fuera, ¿por qué no hacer una exención fiscal para la gente venga a vivir una serie de años?

José Luis Gurría: “No es cierto, se van jóvenes pero vienen otros”

Finalmente ha intervenido el profesor de la Universidad José Luis Gurría, que ha destacado que en la región no hay ningún pueblo abandonado -en el norte de España más de 200-, y tenemos el porcentaje de población rural más alto del país.

José Luis Gurría

José Luis Gurría

El sistema de residencia y trabajo hace que todos los días se mueven en Extremadura a otros núcleos entre el 25 y el 40% de la población activa, en dirección a las ciudades, lo que supone un desplazamiento diario de 124.000 personas como media.

La mitad de los pueblos no superan los 1.000 habitantes, pero en España es el 60%, y hay 12-14 provincias donde esa tasa alcanza el 80%.

“En este sentido Extremadura no está mal, sobre todo porque a partir de los años 80 la población se ha estabilizado”. No es cierto, rechaza Gurría, “que el saldo migratorio sea negativo, se nos van algunos jóvenes pero vienen otros, los saldos han sido siempre positivos”, y solo hay dos quinquenios negativos, 1986-1990, tras la entrada en la UE y por la construcción de grandes infraestructuras como Expo y Olimpiadas que demandaron mano de obra, y luego es en este último 2011-2015 a consecuencia de la crisis y que muchos de los antiguos inmigrantes extranjeros volvieron a sus países.

“Hemos perdido 7.000 habitantes pero por el crecimiento vegetativo negativo, muertes frente a nacimientos, y esto va a determinar la proyección a 2030”; el INE prevé un descenso del 7% en la población extremeña pero el CES ha manejado dos escenarios, uno más pesimista y otro mejor en función de si hay emigración o inmigración.

El CES se queda con un escenario de entre el 2% y el 4% de pérdida de población en la próxima década, hasta el 2030, lo que indicaría 32.113 habitantes menos si fuera el 3%; actualmente el censo regional es de 1.070.453 personas.

En cualquier caso según Gurría todos los segmentos incluidos las ciudades van a perder población “por el fuerte envejecimiento que se avecina en las ciudades y el hecho de que entren en decrecimiento vegetativo, a partir 2020 haya en ellas más muertes que nacimientos”, de modo que el descenso final sería en los núcleos urbanos entre el 0,1% y 0,7%, “muy poquito en quince años”.

En los pueblos más pequeños las pérdidas serían del 4% al 6%.

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