La portada de mañana
Acceder
Operación Resistencia Ártica: Europa se activa para defender a Groenlandia
INVESTIGACIÓN | El miedo de las mujeres a denunciar a Julio Iglesias
OPINIÓN | 'Ayuso, Rosa Parks y los derechos', por Esther Palomera
ENTREVISTA

Cristina Real, patronista y estudiosa de la talla M: “La ropa está diseñada para cuerpos delgados”

Cristina Real, patronista e investigadora de la talla M.

Ana Ayuso

15 de enero de 2026 22:31 h

1

Encontrar ropa que siente bien se convierte a veces en una misión imposible, en una aventura de profunda búsqueda entre tallas que varían de una marca a otra, prendas que no se ajustan a los pliegues del cuerpo y los maniquíes que solo existen en las fotos de las páginas web de moda. Vestirnos se ha convertido en un acto de fe y de paciencia. En redes, el debate sobre el mid size (sea lo que sea ese término) y sobre lo curvy ha destapado un malestar compartido: la sensación de que la moda se diseña para unos pocos cuerpos proporcionados y deja fuera a la mayoría.

En ese terreno se mueve Cristina Real, diseñadora y doctoranda en BAU Centro Universitario de Artes y Diseño, ubicado en Barcelona y adscrito a la Universitat de Vic–Universitat Central de Catalunya. Su investigación se centra, precisamente, en el papel de la talla M como dispositivo que normaliza los cuerpos y que marca la forma del resto de tallas: la XS será una M pequeña y la XL será una M grande. Desde su tesis, analiza cómo esa medida aparentemente neutra define quién entra y quién queda fuera del sistema de la moda. Su trabajo propone repensar el patronaje, las tallas y la forma misma de producir ropa, para que vestirnos deje de ser una batalla contra el espejo y vuelva a ser, simplemente, una forma de expresión. 

Empezó a interesarse por el patronaje a los 10 años cuando al ponerse un pantalón se dio cuenta de que la zona de la entrepierna no se amoldaba a su cuerpo, y desmontó la prenda para entender su configuración. ¿De qué se percató?

El conocimiento que yo tenía en ese momento era el de los cuerpos de las muñecas, que tienen una parte plana que se corresponde con toda la zona genital. En mi cabeza, esa zona tenía que funcionar en una prenda, como lo hacen unas bragas, siendo plana y acompañando toda la zona. Cuando abrí el pantalón y vi que la entrepierna no se parecía en nada a esa zona plana que yo tenía en mi cabeza, no entendí qué estaba pasando y, no sólo desmonté unos pantalones, sino que destrocé otros intentando convertirlos en faldas, y siempre había un pico que sobraba. Desde entonces, me di cuenta de que lo que yo pensaba que era y lo que era en realidad no casaban.

Lo mismo me pasó con las mangas, con los cuellos, con las zonas más complejas que tienen que ver con la construcción de la ropa. Hasta que no fui bastante más mayor, no entendí realmente cómo funcionaban los pantalones y empecé a interesarme por el porqué de ese tipo de construcciones.

La pregunta es amplia, pero necesaria: ¿por qué decidió interesarse específicamente en la talla M?

Me interesa el patronaje porque es muy afín al dibujo técnico, a la definición formal de objetos, a la volumetría, a la definición geométrica de las cosas. Y la talla M, porque es una cosa que aprendemos todas desde bastante jóvenes. Cuando empezamos a sentir curiosidad por la ropa, vamos a las tiendas, empezamos a comprar prendas y nos meten en la cabeza que nuestra talla está en la S y la M. Rondamos y habitamos ese lugar de la talla M, pero, cuando se empiezan a ver los cuerpos desde otra perspectiva, se trabaja con otras tallas, con otras formas, una se da cuenta de que lo que significa realmente esa definición de la talla M y quién encaja en ella y quién no, así como de todo lo que la envuelve, vemos que no estamos hablando únicamente de ropa cuando hablamos de la talla M, sino de disciplina corporal, vigilancia del cuerpo, dietas, un montón de industrias que se despliegan a partir de ahí; alimentación, bienestar, salud, medicina, cirugía. 

No hablamos únicamente de ropa cuando hablamos de la talla M, sino de disciplina corporal, vigilancia del cuerpo, dietas, un montón de industrias que se despliegan a partir de ahí; alimentación, bienestar, salud, medicina, cirugía

Todo esto deriva de esta semilla que se siembra en nosotros con la talla M y de todo lo que hay que hacer para encontrar ropa para nuestro cuerpo. La talla M tiene poder e influencia no sólo en la ropa que compramos, sino en cómo nos vemos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean. Ese elemento que parece formar parte de algo industrial y productivo, de alguna manera, articula nuestras vidas.

La norma se establece a partir de la muestra de la ciudadanía, no del total. ¿Cómo está sesgado este proceso y por qué genera una relación ideal de medidas que excluye a gran parte de la población?

Cada empresa o cada marca elabora sus tallas y lo hace de la manera que cree conveniente en función de sus necesidades productivas o del público al que se dirige. Hay muchas empresas que elaboran las tablas industriales estandarizadas en función de su experiencia, de su clientela particular, y hay otras que trabajan directamente con estudios antropométricos. Lo que produce eso en el mercado es una desconexión muy grande entre diferentes tamaños. Hay muchas prendas que se llaman M que no son iguales: no son las mismas medidas, no son las mismas proporciones, pero todas se llaman M.

A la hora de generar las tallas, se hacen estudios de población, que están sesgados directamente por la muestra. En esos estudios hay “cuerpos residuo” que se excluyen y discriminan directamente porque, en teoría, sus cualidades formales, su silueta, sus medidas, no encajan con el patrón general. Por lo tanto, los estudios de población se dirigen a lo común y todo lo que queda fuera no tiene representación ni en las tallas, ni en las tablas de medida, ni en la ropa ni en ninguna parte. Las tallas responden a cuerpos homogéneos, a lo común, y quienes pueden vestir esas prendas son cuerpos homogéneos y comunes. Todo lo demás, todo lo que es particular o específico, es un problema, se excluye y queda penalizado. La talla que más se vende en España es la 46. Y cualquiera diría: “¿La 46? ¿En serio?”. Sí, porque nuestro país está envejecido, pero hay una distorsión de la realidad de los cuerpos, de las tallas y de las medidas que lleva a pensar que sería otra talla.

¿Considera que existe una 'tasa curvy' para la ropa de tallas grandes que perpetúa una discriminación económica y estética a quienes se salen de la norma corporal establecida?

Evidentemente. Yo he trabajado mucho tiempo con tallas grandes, así que entiendo lo que se sale de la norma, pero yo creo que lo que mejor puede ejemplificar lo que pasa con las tallas, ya no solo las curvy, sino las curvy en adelante, es lo que pasó con Violeta, la marca de tallas grandes de Mango. Violeta estaba fabricando la misma ropa que Mango hacía para cuerpos normativos para cuerpos no normativos, pero la vendía en un espacio físico diferente. Las clientas de Mango de toda la vida no querían sentir que la ropa que ellas vestían la llevaban también mujeres gordas. ¿Qué pasó? Que a esas mujeres gordas se les buscó un espacio propio, en el que podían encontrar cosas para ellas, diseños específicos para ellas, pero también muchos diseños clásicos de la colección normativa de Mango. Y ellas reflexionaban: “¿Por qué estoy siendo discriminada en un espacio físico? ¿Por qué tengo que ir a otro sitio a comprar el mismo producto?”. Empezaron a darse cuenta de que estaban siendo discriminadas, se quejaron y Violeta desapareció.

Si alguien quiere comprar una talla más grande que una XL, no la va a encontrar en la tienda, sólo online. Y ahí radica la otra parte del problema: los cuerpos de talla grande necesitan poder probarse la ropa, porque sus cuerpos no son normativos. Vivimos en una sociedad totalmente gordofóbica. La talla 46 es la más vendida, pero ¿dónde encuentra una mujer ropa de la talla 46? ¿Dónde compran nuestras madres y nuestras abuelas la ropa?

Vivimos en una sociedad totalmente gordofóbica. La talla 46 es la más vendida, pero ¿dónde encuentra una mujer ropa de la talla 46?

Toda la industria de la moda está enfocada de una manera totalmente excluyente: una mujer joven con una talla 46, la va a comprar en ASOS Curvy o Shein Curvy, porque hay muchísima oferta y se puede sentir como esa adolescente que va a una tienda y tiene todo, no tendrá que ir a El Corte Inglés a probarse ropa de mami. Hay un problema, ya no solo económico, sino de discriminación corporal, de acceso a cierto tipo de prendas.

Partiendo de la idea de que el patronaje no es una herramienta pasiva, ¿de qué manera configura y normaliza los cuerpos a nivel industrial?

El inicio de cualquier prenda es una tabla de medidas. Imaginemos que la talla M corresponde a un 90-60-90, por poner un ejemplo. A partir de ahí, se escalan las prendas con base a matemáticas estadísticas y cifras abstractas y proporcionales a esa talla M.

Hablamos de proporciones hacia arriba y proporciones hacia abajo. Los cuerpos de una talla XL son una talla M más grande y los de una XS son una talla M más pequeña, pero esto en la vida real no funciona así, porque el cuerpo crece de manera distinta.

Todas las técnicas que se han desarrollado a lo largo de la historia para evolucionar el patronaje han tendido a ese cuerpo común, homogéneo y a esa normatividad como ejemplo

Sin embargo, el patronaje industrial funciona de esta manera, guarda siempre la misma proporción y está creando de esta manera normatividad. Todas las técnicas que se han desarrollado a lo largo de la historia para evolucionar el patronaje han tendido a ese cuerpo común, homogéneo y a esa normatividad como ejemplo.

El concepto de mid size se ha popularizado en redes, pero en ocasiones, los cuerpos que se abanderan como tal son mucho más normativos y delgados o proporcionados. Cuando una persona que no encaja en esa categoría mid size se apropia de ella, ¿cree que lo hace desde la inconsciencia o existe un discurso más peligroso detrás que busca diluir la lucha por la diversidad corporal?

Sí. El tema de la diversidad corporal es algo que hace unos 10 años tuvo mucha fuerza y mucha repercusión. Hubo en redes sociales un movimiento muy fuerte, ya no sólo de los cuerpos curvy, sino del “quererse a una misma”, pero ha ido desapareciendo y no ha sido porque las marcas hayan asumido la diversidad corporal. El cuerpo delgado sigue siendo el imperante, el cuerpo gordo sigue siendo el discriminado y las marcas tampoco han hecho nada más por ampliar o por mejorar su tallaje, más allá de soluciones que pasan por avatares digitales que tampoco tienen una repercusión real en el mercado. 

Cuando alguien está en el círculo de la moda, la diversidad corporal se acaba cuestionando un poco porque, de alguna manera, todos los gordos quieren ser delgados, porque la vida es mucho más fácil siendo delgado. Se verá mejor siendo delgado, es más fácil comprar ropa y sienta mejor, porque la ropa está diseñada para cuerpos delgados. El diseñador Alejandro Palomo, la estilista Alba Melendo y la periodista Raquel Fernández Sobrín en un episodio del pódcast Fashion Sucks empiezan hablando de diversidad y terminan mencionando dietas y balones gástricos, porque, de alguna manera, siempre se acaba volviendo a ese punto en el que estar delgado es mejor.

Las marcas tampoco han hecho nada más por ampliar o por mejorar su tallaje, más allá de soluciones que pasan por avatares digitales que tampoco tienen una repercusión real en el mercado

¿Qué consecuencias directas, a nivel social y de salud, trae consigo ver esta normalización de cuerpos por parte de la industria de la moda?

Realmente, no se ve, ya está en nosotros. Si una chica se pone unas bragas de la talla M y le aprietan va a pensar automáticamente que tiene que perder un kilito. Es automático, como el “mete barriga para la foto”, “tienes que hacer un poco más de ejercicio” o el reproche de “hoy no te has movido”. Todo el mundo ha sentido de alguna manera esa vigilancia corporal, pero es que nos están induciendo a estar delgado, y nos castigamos constantemente con el hecho de que tenemos que caber en la talla M para que nuestra vida sea más fácil. Y, desde el enfoque productivo, producir menos tallas es más barato. 

¿Cómo se pueden mejorar los sistemas de tallaje, hacen falta más tallas o tallas diferentes? 

Con eso pasaría lo mismo que con las tallas de sujetadores. ¿Qué mujer de este mundo las entiende? Ninguna. Además, la talla 110 con una copa B no existe, porque se entiende que eso no es posible. En la realidad, evidentemente, sí que lo es. La mejora en los sistemas de tallas pasa por la honestidad y la transparencia con qué cuerpos quedan fuera y cuáles no. Una tabla de medidas de pecho, cintura y cadera es incompleta. Las investigaciones indican que una mejoría en las tallas pasa por un mejor estudio de la población, por más antropometría, pero ese estudio no pasa por estudiar mejor el cuerpo, sino por estudiar más cuerpos. 

¿Qué implica que las marcas se apropien de la estética queer y de la cultura body positive si no hay un cambio de fondo en la industria para adaptarse a cuerpos y estéticas diferentes?

La moda se apropia de todo cuando y como quiere, y lo diluye. Pero ¿cuál ha sido la repercusión de que las marcas se apropien del body positive? Ninguna. La primera parte de mi tesis se titula '¿Por qué todos los pantalones me sientan mal?'. Yo toda mi vida he llevado vestidos porque es que no me sientan bien los pantalones. Cuando lo empiezo a analizar, me doy cuenta de que mi pelvis está rotada hacia delante una cantidad de grados que no son los normales y, en la zona de la cremallera, me sale una cosa horrible imposible de llevar. Y a cualquier persona le pasa algo con los pantalones: o tiene muslos de atleta, o cuando le entra de cadera no le entra de pierna, o le aprieta la cintura. 

¿Están las empresas de moda haciendo deliberadamente mal la ropa?

Sí, porque el modelo de ajuste no es válido para todos y está mal hecha para la gran mayoría de la población. Hay empresas de moda que están haciendo lo que les da la gana para tener beneficios, pero hay otras personas que lo están haciendo bien. 

Etiquetas
stats