Cómo la IA ha revivido a muchos familiares fallecidos estas fiestas: una nueva forma de vivir el duelo

En muchos chats familiares, estas Navidades han circulado imágenes y vídeos generados con IA que recrean a personas fallecidas.

Andrea Proenza

8 de enero de 2026 22:21 h

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Fotografías convertidas en ilustraciones al estilo Ghibli, situaciones vergonzosas en correos electrónicos a los que a alguien se le olvidó sustituir el “[Tu nombre]” después de la despedida, o chatbots convertidos en supuestos terapeutas con los que compartir tus momentos más vulnerables. En un año en el que las IA generativas se han instalado en la vida cotidiana de millones de personas, el periodo navideño no iba a ser una excepción.

La Navidad es un momento en el que muchas personas recuerdan con especial intensidad a sus seres queridos fallecidos. Esa mezcla de duelo y nostalgia se ha sumado a la curiosidad tecnológica y a la normalización acelerada de estas herramientas, lo que ha provocado que en numerosos grupos familiares hayan circulado imágenes y vídeos que, de algún modo, han 'traído de vuelta' a quienes ya no están.

Fotografías antiguas animadas en un intento por reconstruir y rememorar esos recuerdos; imágenes transformadas en vídeos en los que la persona fallecida aparece saludando y reconfortando a quienes la echan de menos, e incluso avatares con los que puedes interactuar. Las formas han sido diversas, pero hay una serie de preguntas que las atraviesan a todas: ¿De dónde nace ese impulso por 'revivir' a quienes ya no están? ¿Puede la artificialidad aliviar el duelo y el ataque de nostalgia? Y, sobre todo, ¿cuáles son los efectos para quienes todavía seguimos aquí?

@yourpositivenews Such a great idea! taking grandad down memory lane on his birthday 🥹 Not only did he make it special for his grandad, but everyone got to witness such a special moment and see a bit of his past come to life ❤️ Credit/: @Wis ♬ original sound - Your Positive News

Una forma de aliviar el dolor

En 2013, la popular serie distópica Black Mirror lanzó su segunda temporada, y con ella el episodio 'Ahora mismo vuelvo'. En él se cuenta la historia de Martha, quien acaba de perder a su novio, Ash, en un accidente de coche y, como una forma de sobrellevar la tristeza, recibe la recomendación de descargarse un chatbot que simule ser su pareja recién fallecida. “No será él. No, pero te ayudará”, le aseguran. Para que el sistema funcione, debe ser alimentado con la huella digital de Ash: mensajes, correos, fotografías, vídeos, tuits, opiniones en foros… En definitiva, todo lo que pueda encontrarse de él en Internet. A lo largo del capítulo, Martha va aceptando sucesivas mejoras del falso-Ash, pasando de ser un chatbot, más tarde una voz sintetizada y, finalmente, una réplica corpórea.

Al principio, tener la oportunidad de volver a hablar con Ash le permite retomar un cierto control sobre su vida, pero poco a poco ella va asimilando que ese dispositivo artificial con la apariencia de su novio no es más que una amalgama de recuerdos y retazos de lo que un día él fue. Cuando ella no le presta atención, no le indica qué debe hacer y no ejerce de “administradora”, él no es capaz de hacer nada por sí mismo. “Yo estoy para complacerte”, le dice en un momento, lo que termina por sacarla de quicio.

Fotograma de 'Ahora mismo vuelvo' (segunda temporada de 'Black Mirror').

Este relato de ficción no está tan alejado de la historia de Eugenia Kuyda, quien en 2015 perdió a su mejor amigo, Román. En pleno proceso de duelo, en el que no podía evitar pensar en todo lo que ya no iba a poder decirle, se le ocurrió una idea: ¿y si podía recrear a Román usando sus 'restos' digitales? De esa forma empezó a trabajar junto a su equipo de desarrollo tecnológico en un chatbot al que entrenó con todas las conversaciones y mails que había mantenido con su mejor amigo, y pidió a otros amigos y familiares que hicieran lo mismo. El chatbot aprendió a hablar y escribir como Román, permitiéndole mantener con él nuevas conversaciones. Aquel experimento fue el germen de lo que, un par de años más tarde, se convertiría en Replika: una app de IA generativa que cuenta con más de 10 millones de descargas, que aprende y se personaliza cuanto más se interactúa con ella.

Al principio funciona porque el duelo desordena la historia (deja cabos sueltos, preguntas sin responder, planes por hacer...), y la IA puede crear una simulación, una ilusión de todo eso

Dany Blázquez psicólogo especialista en duelo

Desde entonces, han sido numerosas las aplicaciones más o menos 'logradas' que se han vendido directamente con el propósito de actuar como griefbotschatbots basados en la huella digital del fallecido que ofrecen la posibilidad de hablar con sus seres queridos tras su muerte—, además de otras más generales que también permiten alterar los recuerdos para generar esta “ilusión artificial” en un intento por recordar a quienes ya no están.

Dany Blázquez, psicólogo especialista en duelo y autor del libro Hazle un hueco al dolor (Montena), explica que este tipo de imágenes (o avatares) generados muchas veces “funcionan como un alivio a corto plazo, pero a medio y largo plazo están retrasando la elaboración real del duelo”. De acuerdo con Blázquez, “el duelo se procesa entrando en relación con la pérdida, no viviendo al margen de ella. Al principio funciona porque el duelo desordena la historia (deja cabos sueltos, preguntas sin responder, planes por hacer...), y la IA puede crear una simulación, una ilusión de todo eso”.

Cada persona, por su parte, reacciona de forma diferente a estos estímulos dependiendo del tiempo en el que se encuentre en el proceso del duelo. Clara (nombre ficticio), de 30 años, es una de las personas que ha visto estas Navidades cómo las hermanas de su padre utilizaban una fotografía de su abuelo —al que no llegó a conocer— para 'revivirlo' en un vídeo generado con IA. “Hace años me reconcilié con la idea de que ni conozco a mi abuelo ni le conoceré nunca, y ver esa imagen me removió porque me pareció un intento burdo y absolutamente espeluznante de cambiar la realidad de una forma casi infantil. Mi padre, sin embargo, se emocionó mucho”.

Muchas personas han experimentado esta emoción al encontrarse frente a 'recuerdos nuevos' de familiares que perdieron hace ya varios años. Blázquez explica que esto podría responder a “una forma saludable de entrar en contacto con el sentimiento de nostalgia, y ese tipo de uso de la IA puede ser un vehículo de conexión”. “Si ayuda a integrar la pérdida —reconozco que no está y, aun así, lo honro— puede encajar en un proceso adaptativo”.

Cada persona, por su parte, reacciona de forma diferente a estos estímulos dependiendo del tiempo en el que se encuentre en el proceso del duelo

Sin embargo, el problema aparece cuando la IA interviene sin que el duelo haya sido recorrido y “bloquea” el proceso. “Si puedo 'continuar' mi vínculo con la persona fallecida, quizá eso haga que me aísle más y me apoye menos en mi pareja, en mis amigos, en mi familia... No necesito su apoyo y compañía, su consuelo, porque ya tengo el de la persona que no está (y me hago creer que sí está)”, asegura el psicólogo.

Las implicaciones políticas de estos falsos recuerdos

Durante décadas, las imágenes —fijas o en movimiento— funcionaron como la prueba de que algo había sucedido. Hoy, sin embargo, la sociedad se enfrenta al desafío de producir nuevas imágenes cuyo estatus de verdad en el futuro resulta incierto. Esto puede afectar a personajes públicos y acontecimientos mediáticos, pero también actúa dentro del ámbito privado, donde puede llegar a distorsionar los recuerdos que tenemos de una persona en concreto. “Ahora mismo, dudo de que alguien pueda llegar a pensar que su abuelo difunto estuvo presente en una celebración familiar por culpa de una foto generada con IA que conserve en su mediateca. Pero sí empezamos a percibir algunos cambios. Por muy precisos que parezcan, siempre introducen pequeñas alteraciones: ya sea suavizando un poco la piel o cambiando ligeramente la forma de los ojos, el tamaño de los labios (sobre todo en mujeres), etc.”, explica Mariia Chizhikova, ingeniera y divulgadora de IA.

Este tipo de imágenes generadas con IA —incluidos los griefbots— desdibuja todavía más la frontera entre la realidad y la ficción, generando una multiplicidad de problemas para los que todavía no contamos con herramientas culturales, legales y emocionales. En primer lugar, Chizhikova advierte que “una IA entrenada con mensajes de una persona siempre ofrecerá una versión distorsionada que simplemente se inspira en fragmentos de textos para imitar su estilo de escritura”. Generar avatares a partir de nuestra huella digital reactiva el viejo debate de Internet: la tensión entre el 'yo real' y el 'yo digital', y la pregunta de hasta qué punto podemos ser reconstruidos únicamente a partir de lo que publicamos en línea.

Una IA entrenada con mensajes de una persona siempre ofrecerá una versión distorsionada que simplemente se inspira en fragmentos de textos para imitar su estilo de escritura

Mariia Chizhikova ingeniera y divulgadora de IA

Pero, además, a esta dimensión íntima se suma otra ética y legal. “Después de la muerte, la persona no puede ejercer sus derechos, y a falta de prohibición directa dictada antes de la muerte, los datos pasan a estar en las manos de sus familiares. En el caso de creación de que difamaran a la persona fallecida, dañaran su reputación o fueran en contra de la ley de propiedad intelectual, se hablaría de una posible infracción, pero la creación de los y de las fotos con IA es una decisión que se toma a nivel individual dentro de los límites y principios de cada persona”, explica Chizhikova. Por otro lado, “esto es un instrumento muy potente de suplantación de identidad para los estafadores”, advierte.

En mayo de 2025, por ejemplo, la autoridad italiana de protección de los datos personales confirmó una multa de cinco millones de euros a Luka Inc. (la empresa estadounidense que desarrolló la app Replika) por el tratamiento ilícito de los datos personales, la falta de verificación de edad y el riesgo para personas emocionalmente vulnerables, ya que estaba generando dependencia y afectando su estado psicológico.

Quizá, al final, estas prácticas nos obligan a hacernos una pregunta incómoda: ¿por qué sentimos que los recuerdos que ya tenemos no son suficientes? Parte del valor que damos a las personas tiene que ver precisamente con que la vida es finita, con que no podemos retenerlo todo ni volver a aquello que ya no existe. Conceder a la IA la capacidad de prolongar esas presencias supone abrir la puerta a nuevas formas de relación con la memoria, el duelo y nuestra propia vulnerabilidad, un terreno para el que todavía tenemos más preguntas que respuestas.

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