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Un par de cosas que debes conocer sobre el voto al Senado

En el Senado, la derecha ganaba siempre por cómo funciona el sistema electoral. Tiene sus peculiaridades y es importante conocerlas antes de votar

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Para todos aquellos que desprecian el Senado o creen que no sirve de nada, un dato que deberían conocer: la mitad de los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) los elige el Senado. Diez de veinte. Y esos vocales del Poder Judicial son después quienes nombran a todos los jueces del Tribunal Supremo, a todos los presidentes de las Audiencias Provinciales, a todos los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia autonómicos…

El Senado y el Congreso escogen al CGPJ y este consejo es quien asciende a los principales jueces del país. Por lo que controlar el Senado es clave para controlar la justicia en España. Especialmente para un partido, el PP, que se juega su futuro en los juzgados, donde aún tiene pendientes muchos casos de corrupción.

Como decía el portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, en ese famoso mensaje que se filtró sobre los nombramientos en el CGPJ: "Nos jugábamos las renovaciones futuras de dos tercios del Tribunal Supremo y centenares de nombramientos en el poder judicial, vitales para el PP". Con esos "dos tercios", Cosidó se refería a que en los próximos años se jubilan dos tercios de los jueces que hoy están en el Supremo. Y los jueces que los sustituirán los nombrará el nuevo CGPJ. Es decir, que el futuro de la Justicia en España depende en gran medida de cómo quede el Congreso y el Senado tras el 10 de noviembre.

Recuerdo el dato, y la importancia de ese relativamente poco conocido Consejo General del Poder Judicial, porque la mayoría absoluta que hoy tiene el PSOE en el Senado es una anomalía histórica, que no sabemos si en la repetición electoral se va a mantener.

El Senado, además, también tiene una enorme capacidad para retrasar presupuestos y bloquear la acción del Gobierno. Se puede legislar sin contar con una mayoría allí –así lo hizo por ocho años Zapatero– pero con más palos en las ruedas. Y solo por el riesgo de no perder esa mayoría, aunque la derecha no logre gobernar el 10N, el PSOE y Pedro Sánchez deberían haberse tentado mucho más la ropa, antes de ir a esta repetición electoral.

En el Senado, la derecha ganaba siempre desde hace décadas por cómo funciona el sistema electoral por el que se elige a los senadores. Tiene su aquel y es importante saber cómo funciona antes de votar.

Cada provincia nombra a cuatro senadores, sin importar su población. Hay los mismos cuatro escaños por Madrid que por Teruel. Las islas mayores eligen tres senadores; las menores, uno: las ciudades autónomas, dos. Esto provoca que las personas que viven en el mundo rural y en las ciudades pequeñas estén más representadas en el Senado que las que viven en grandes urbes. El sesgo conservador de las provincias más pequeñas ha hecho que el PP tuviera, por décadas, la mayoría absoluta en esa cámara territorial.

El PP ganaba casi siempre en el Senado, incluso perdiendo en el Congreso: así ocurrió desde 1993 hasta el pasado 28 de abril, cuando la división de la derecha en tres partidos provocó una mayoría absoluta para el PSOE en el Senado. Porque ser el más votado importa muchísimo en esa elección. Y la llegada de Vox acabó con esa ventaja del PP.

La lista abierta del Senado probablemente también perjudicó al PP. En esta urna, cada persona vota a tres senadores en una sola papeleta, escogiendo sus nombres. Puede elegir a los tres candidatos de un mismo partido o puede repartir esos tres votos entre varios partidos.

Esta peculiaridad provocó que algunos votantes conservadores repartieran sus tres votos entre PP, Ciudadanos y Vox. Fue, para ellos, una mala decisión. Esta división del voto tuvo consecuencias nefastas para el bloque conservador. Vox, por ejemplo, se llevó casi seis millones de votos (recuerda que cada persona vota a tres candidatos) y ni un solo senador. Lo mismo ocurrió con Unidas Podemos, que consiguió nueve millones de votos... y ningún senador. Ciudadanos consiguió doce millones y medio de votos, pero apenas 4 senadores.

De los 265 senadores que componen la cámara, 208 son por elección directa y el resto, nombrados por las cámaras autonómicas –su número varía cada legislatura porque depende de la población–. Por esta vía sí suelen llegar senadores de partidos más pequeños, pero por las urnas es muy inusual.

El sistema de elección de esa cámara es muy poco proporcional. Como cada persona vota a tres candidatos, lo más común es que el partido más votado de cada provincia se lleve tres senadores, y el cuarto se lo quede el segundo partido más votado. Solo en contadas ocasiones se produce un empate a dos. Y solo en extrañas carambolas logra entrar el tercer partido más votado. En las últimas elecciones, eso sólo ocurrió en una única circunscripción, la de Madrid, donde el PSOE se llevó dos escaños, y los otros dos fueron para PP y Ciudadanos. Lo habitual, en casi todas las provincias, en casi todas las ocasiones, es que el Senado sea cosa de dos, los dos partidos más votados en cada provincia. Un reparto entre PSOE y PP –Ciudadanos se convirtió en segunda fuerza en tres provincias– salvo, en Euskadi y Catalunya, donde también los partidos nacionalistas logran habitualmente representación.

Resultados electorales en el Senado en abril de 2019. Fuente: Wikipedia.

Resultados electorales en el Senado en abril de 2019. Fuente: Wikipedia.

Este enorme sesgo mayoritario es algo que volverá a traer consecuencias en estas elecciones. Y si hay una urna donde la candidatura de Más País puede beneficiar a la derecha es justo ahí: en el Senado. El sistema electoral es tan mayoritario que, hace poco, un diputado de Podemos me confesó que, para el Senado, había votado al PSOE. ¿Traición? No. Puro pragmatismo. Sabía mejor que nadie que, en su circunscripción electoral, las posibilidades de que su partido lograra un senador eran nulas, y que votar por su candidato era favorecer indirectamente al PP.

Como son solo cuatro puestos por provincia, con un apoyo inferior al 25% es imposible entrar, salvo que seas la segunda fuerza. Y ese porcentaje de apoyo no está hoy al alcance de todos los partidos. Tampoco del nuevo partido de Errejón.

¿Qué hará Más País en el Senado? ¿Presentará candidatos, aún a riesgo de favorecer al PP, o no lo hará, para cumplir su criterio de "no perjudicar al bloque progresista"? Es una decisión peliaguda por una clave pragmática, que es la que también explica por qué absolutamente todos los partidos pequeños o medianos se siguen presentando al Senado, aún sabiendo que es muy improbable obtener representación y que su candidatura favorecerá al partido más alejado de sus votantes (si eres de Vox, al PSOE; si eres de Más País o Podemos, al PP).

Para poder optar al mailing electoral –es decir, a que el dinero público pague el envío de tu papeleta a las domicilios de los votantes– es imprescindible presentar listas en las dos urnas: al Congreso y al Senado. Si solo te presentas al Congreso y renuncias al Senado, compites con los demás partidos en inferioridad de condiciones, porque ellos tienen un mailing electoral que tú no vas a poder pagar.

Es una regla bastante absurda –casi tan absurda como todo el sistema electoral del Senado– pero es la que hay. Y siempre conviene conocer las reglas. Aunque sea para ignorarlas, y seguir votando por el partido que más te gusta, y no por el que menos te disgusta, incluso asumiendo que en tu provincia no saldrá.

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