La física elemental de nuestra economía
Todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del líquido que desaloja. Aplicado a nuestra realidad económica: cuanto más se sumerja el PIB, más rápido saldrá a flote. Pedro Solbes trabaja con esa tesis y dos escenarios: que la desaceleración sea suave, lo que también provocaría una recuperación lenta. O, por el contrario, que haya un frenazo brusco, lo que tal vez llevaría a una recuperación igual de contundente. Para el Gobierno, el primer escenario es bueno, cara a las elecciones. El segundo es mejor para la economía.
La gravedad del ladrillo
Todo lo que sube tiene que bajar, y el ladrillo no se escapa de la ley de la gravedad. En la España previa a la burbuja inmobiliaria, hace una década, se construían medio millón de viviendas al año. Al final de la orgía eran 800.000 anuales, y se calcula que aún quedan un millón sin vender. ¿Y a partir de ahora? Según los optimistas, las constructoras volverán al ritmo de medio millón al año. Los pesimistas rebajan la cifra a las 400.000 y calculan tres años hasta que el ladrillo se recupere del atracón.
El empleo y la energía
La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Con el empleo, por desgracia, no pasa igual. Si nuestro PIB crece entre el 2,5% y el 3%, el paro sube, pero no se destruye empleo (es compatible, pues también crece la población activa). Sólo por debajo del 2,5% se pierden puestos de trabajo. Ayer decía que a la economía española le han salpicado dos olas, la de EEUU y el ladrillazo. También una marea: en enero, el paro siempre crece por la resaca navideña. Con el dato del paro de febrero veremos si hay maremoto.
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