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Sobre este blog

El blog personal del director de elDiario.es, Ignacio Escolar. Está activo desde el año 2003.

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Un rey sin honor

El rey Juan Carlos I en una imagen de archivo. EFE/BERNARDO RODRIGUEZ/jr/Archivo

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El arrepentimiento y la penitencia son los pasos previos al perdón de los pecados. A su manera, también pasa lo mismo con el delito fiscal. Por eso el pago de la deuda con Hacienda –más una cuantiosa multa– es suficiente para evitar la condena penal. Con una condición: hay que pagar, arrepentirse, antes de que arranque el proceso judicial. 

La lentitud de la Justicia española en los tres casos de presunta corrupción que afectan a Juan Carlos de Borbón y el limbo en el que están –en la Fiscalía desde hace más de un año, pero aún sin judicializar– han dado al rey emérito una oportunidad que no suelen tener otros defraudadores: la de regularizar. Lo hará solo por una de las tres causas que investiga la Fiscalía en España: la de las tarjetas opacas, que desveló elDiario.es.

Juan Carlos de Borbón solo pagará por eso ante el fisco. Por algo más de medio millón de euros que no declaró entre 2016 y 2018, un dinero supuestamente ‘donado’ por un millonario mexicano; un banquero de Goldman Sachs. Pero no regularizará ante Hacienda la parte principal de esa fortuna opaca que investiga la Justicia: los 65 millones ‘donados’ por la dictadura saudí, y que nunca declaró.

El rey emérito devuelve la calderilla. Pero no el gran botín que presuntamente robó –un delito fiscal consiste en eso: en robar a todos los españoles que sí pagamos impuestos–.

¿Por qué ese medio millón de las tarjetas ‘black’ sí y los otros 65 millones no? Porque el arrepentimiento del rey emérito brilla por su ausencia. Los millones saudíes no fueron declarados en los años en los que Juan Carlos de Borbón aún era inviolable, según la Constitución. El rey emérito está blindado en esta causa. Por eso solo regularizará ese medio millón, que es posterior a su abdicación.

Juan Carlos de Borbón está buscando la solución menos costosa para su patrimonio y su libertad –el delito fiscal se condena con hasta seis años de prisión–. Es lo que haría cualquier presunto delincuente, y está en su derecho. Pero alguien que se comporta así no merece ningún reconocimiento por parte del Estado español.

Emérito, según la RAE: “Que se ha jubilado y mantiene sus honores y alguna de sus funciones”. 

De todos los requisitos, Juan Carlos de Borbón solo cumple con el primero: se ha jubilado. Ni realiza función alguna ni es digno de ningún honor.

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