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25 años de la liberación de Ortega Lara: la Guardia Civil contra la “ingeniería” de ETA para ocultar un secuestro 532 días

Hace 25 años, en julio de 1997, Euskadi vivió unas semanas convulsas. En la madrugada del primero de mes, ETA liberó de su cautiverio al empresario Cosme Delclaux después de que su familia abonara 1.000 millones de pesetas, (unos seis millones de euros). La noticia llegó mientras entre 300 y 400 agentes de la Guardia Civil encabezados por el juez Baltasar Garzón estaban a punto de irrumpir en un pabellón industrial de la localidad guipuzcoana de Arrasate-Mondragón donde, según se sospechaba, la banda terrorista había tenido secuestrado durante más de 500 días al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, ahora en Vox. En aquella fábrica, la Guardia Civil se topó con un “mecanismo fantástico desde el punto de vista de ingeniería” y pasó horas hasta descubrir el engranaje que abría una trampilla en el subsuelo hacia el zulo que ocultaba a Ortega Lara. El golpe policial, en cambio, obtuvo como respuesta otro secuestro tan solo unos días después. El concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco fue torturado y asesinado como chantaje al Gobierno de España para lograr el acercamiento de los presos.

Dos exposiciones en Ermua abren los homenajes por los 25 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA

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El coronel de la Guardia Civil Francisco Vázquez, ahora jefe de los equipos antiterroristas especializados en la lucha contra el yihadismo, era entonces teniente en la comandancia de Gipuzkoa. El agente, participante activo de aquella larga investigación policial para localizar con vida a Ortega Lara, ha contado en los últimos días en un podcast realizado en colaboración con el Memorial de víctimas del terrorismo de Vitoria algunos detalles de lo sucedido desde que ETA secuestró en Burgos en enero de 1996 a Ortega Lara, a quien hacían seguimientos también en su destino, la cárcel de Logroño. “ETA era, de largo, la organización terrorista del mundo más tecnificada en esos momentos. Reto a cualquiera a confrontar metodologías del IRA o de las FARC, organizaciones tremendamente notorias de las que ETA ha sido instructora. Esto no era un secuestro en un agujero excavado en el monte. No estaba en un sitio en absoluto fácil. Era la transformación del zulo de Julio Iglesias [Zamora, apresado en 1993]. Era gente con muchas habilidades técnicas. Era una especie de grupo de I+D. Copiaban y replicaban armas. Compaginaron esa habilidad con la construcción de un zulo”, señala el mando policial.

Ortega Lara estaba retenido en el sótano de una fábrica llamada Jalgi. Cuando los agentes irrumpieron, era una nave diáfana normal con su maquinaria, sin habitáculos a la vista. El sistema de apertura del zulo “requería la combinación” de palancas en diferentes puntos. El “mecanismo de iniciación” era un brazo articulado que levantaba una tapa circular con un “ascensor cilíndrico”. “Queda muy mal decirlo, pero era un mecanismo fantástico desde el punto de vista de la ingeniería”, afirma. Asume que hubo un punto de duda al comprobar el interior de un espacio que habían estado vigilando durante semanas. La primera fue al conocer, antes de proceder y en plena madrugada, que ETA había liberado a Delclaux en otro punto, en Elorrio. La Policía desconocía si en Arrasate-Mondragón había una persona o si los dos secuestrados estaban juntos y analizaron si la organización tenía capacidad logística para sostener dos tapaderas semejantes. Pero decidieron fiarse de su investigación, de detalles como que los terroristas metían allí barras de pan y latas de conserva aunque luego comieran fuera en otro lugar. “No nos hubiésemos ido jamás de allí [sin encontrarle]. Si hay que tirar la fábrica, se tira la fábrica. Había que tener un convencimiento, porque allí no había ningún signo de que hubiera un habitáculo”, explica.

El elevador era tan estrecho que el cabo de Intervención al que correspondía bajar en primer lugar no cupo. Fue otro agente más menudo el que localizó a Ortega Lara con vida. Era una persona con “mirada perdida”, “asustado” y “buscando una referencia conocida” tras 532 días sin ver la luz. Estaba famélico y presentaba una barba larga y poblada. Precisamente el Memorial ha reproducido ese zulo en su espacio museístico de Vitoria. En la inauguración, el propio jefe del Estado, el rey Felipe VI, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, accedieron a él. Era una suerte de caseta de madera encajonada bajo el nivel del río con un camastro casi en el suelo. Mide no más de tres metros de largo y dos metros y medio de ancho. Cuenta el coronel Vázquez que ETA tenía un sistema de comunicaciones a través de un mensaje en clave en una sección del diario 'Egin' para que el comando supiera cuándo soltar o ejecutar al secuestrado.

Explica este jefe de la Guardia Civil que las caídas de la cúpula de Bidart y otras operaciones llevaron a los dirigentes terroristas a sofisticar sus comunicaciones y a pasarse a sistemas heterodoxos de cifrado. Sin embargo, unas anotaciones sobre “BOL” permitieron llegar más de 300 días después del secuestro a tener una primera pista sobre el pabellón. “BOL” era el inicio de Bolinaga, segundo apellido de uno de los captores, Josu Uribetxeberria. Estuvo presente en el registro de la nave y ni colaboró ni “en ningún caso mostró ningún síntoma de humanidad”, según el podcast.

La “jodida” situación de los funcionarios de prisiones

José Ramón López, presidente de ACAIP-UGT, sindicato de funcionarios de prisiones, relata a este periódico los “años duros” para sus colegas durante la existencia de ETA. “Siempre hemos sido, además, uno de los colectivos olvidados. La gente visualiza la amenaza a la Guardia Civil o a la Policía Nacional, pero no a los que tratábamos dentro con ellos en los centros penitenciarios y sufríamos concentraciones cuando íbamos a trabajar”, explica López, que recuerda que durante aquellos 500 días la relación con otros reclusos condenados por terrorismo era muy compleja, ya que usaban como amenaza la situación de Ortega Lara. En Logroño, a muy pocos kilómetros de la frontera con Euskadi, hubo encierros solidarios de funcionarios. “Teníamos muy pocas esperanzas de que apareciese con vida. Fue un milagro. Afortunadamente salió bien”, rememora López.

Según los datos de ACAIP, una docena de trabajadores de Instituciones Penitenciarias han sido víctimas directas del terrorismo. El GRAPO mató en 1978 al entonces director general de Prisiones, Jesús Haddad Blanco, y el resto son víctimas de ETA. El último, en el año 2000, fue Máximo Casado, trabajador en Nanclares de la Oca, la cárcel de Álava. El caso más grave se produjo en 1991 en Sevilla-I cuando explotó un paquete-bomba en la zona de visitas. Murieron cuatro personas. “La situación fue muy jodida, porque había familiares de los presos y los presos comunes querían linchar a los de ETA”, explica López. En 2021, las cárceles y el personal fueron transferidos al Gobierno vasco, un gesto que se presentó como un símbolo de normalidad política diez años después del final del terrorismo de ETA y casi un lustro después de su desaparición como organización.

Aquellos hechos de julio de 1997 también tuvieron importantes derivadas políticas. Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV en el Congreso, entiende que aquellos días trajeron un “cambio de tono” del Gobierno de José María Aznar hacia el nacionalismo vasco, una “ofensiva” para hacer ver “que todo el nacionalismo estaba en el mismo barco”. Del momento dulce entre PP y PNV de la investidura de 1996 se pasó al pacto de Lizarra de 1998, que unió a la entonces HB con el nacionalismo institucional y con Ezker Batua. Cuenta Anasagasti que el PNV tenía “exploradores” sondeando al entorno de ETA para buscar un cese de la violencia, “Juan María Ollora, Joseba Egibar [todavía hoy portavoz parlamentario] y Gorka Agirre”. Tras el secuestro, Ortega Lara participó en candidaturas del PP en Burgos pero abandonaría este partido. En 2014, de la mano de Santiago Abascal hijo, fue uno de los fundadores de un nuevo proyecto llamado Vox. En 2021, a raíz de la inauguración del memorial, Ortega Lara afeó en El Mundo a Sánchez que acudiera a inaugurar un espacio impulsado por el Gobierno de España al considerar que es un presidente que “beneficia a terroristas” y que “gobierna con el brazo político” de ETA, en referencia a EH Bildu.

Hace 25 años, en julio de 1997, Euskadi vivió unas semanas convulsas. En la madrugada del primero de mes, ETA liberó de su cautiverio al empresario Cosme Delclaux después de que su familia abonara 1.000 millones de pesetas, (unos seis millones de euros). La noticia llegó mientras entre 300 y 400 agentes de la Guardia Civil encabezados por el juez Baltasar Garzón estaban a punto de irrumpir en un pabellón industrial de la localidad guipuzcoana de Arrasate-Mondragón donde, según se sospechaba, la banda terrorista había tenido secuestrado durante más de 500 días al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, ahora en Vox. En aquella fábrica, la Guardia Civil se topó con un “mecanismo fantástico desde el punto de vista de ingeniería” y pasó horas hasta descubrir el engranaje que abría una trampilla en el subsuelo hacia el zulo que ocultaba a Ortega Lara. El golpe policial, en cambio, obtuvo como respuesta otro secuestro tan solo unos días después. El concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco fue torturado y asesinado como chantaje al Gobierno de España para lograr el acercamiento de los presos.

Dos exposiciones en Ermua abren los homenajes por los 25 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA

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El coronel de la Guardia Civil Francisco Vázquez, ahora jefe de los equipos antiterroristas especializados en la lucha contra el yihadismo, era entonces teniente en la comandancia de Gipuzkoa. El agente, participante activo de aquella larga investigación policial para localizar con vida a Ortega Lara, ha contado en los últimos días en un podcast realizado en colaboración con el Memorial de víctimas del terrorismo de Vitoria algunos detalles de lo sucedido desde que ETA secuestró en Burgos en enero de 1996 a Ortega Lara, a quien hacían seguimientos también en su destino, la cárcel de Logroño. “ETA era, de largo, la organización terrorista del mundo más tecnificada en esos momentos. Reto a cualquiera a confrontar metodologías del IRA o de las FARC, organizaciones tremendamente notorias de las que ETA ha sido instructora. Esto no era un secuestro en un agujero excavado en el monte. No estaba en un sitio en absoluto fácil. Era la transformación del zulo de Julio Iglesias [Zamora, apresado en 1993]. Era gente con muchas habilidades técnicas. Era una especie de grupo de I+D. Copiaban y replicaban armas. Compaginaron esa habilidad con la construcción de un zulo”, señala el mando policial.

Ortega Lara estaba retenido en el sótano de una fábrica llamada Jalgi. Cuando los agentes irrumpieron, era una nave diáfana normal con su maquinaria, sin habitáculos a la vista. El sistema de apertura del zulo “requería la combinación” de palancas en diferentes puntos. El “mecanismo de iniciación” era un brazo articulado que levantaba una tapa circular con un “ascensor cilíndrico”. “Queda muy mal decirlo, pero era un mecanismo fantástico desde el punto de vista de la ingeniería”, afirma. Asume que hubo un punto de duda al comprobar el interior de un espacio que habían estado vigilando durante semanas. La primera fue al conocer, antes de proceder y en plena madrugada, que ETA había liberado a Delclaux en otro punto, en Elorrio. La Policía desconocía si en Arrasate-Mondragón había una persona o si los dos secuestrados estaban juntos y analizaron si la organización tenía capacidad logística para sostener dos tapaderas semejantes. Pero decidieron fiarse de su investigación, de detalles como que los terroristas metían allí barras de pan y latas de conserva aunque luego comieran fuera en otro lugar. “No nos hubiésemos ido jamás de allí [sin encontrarle]. Si hay que tirar la fábrica, se tira la fábrica. Había que tener un convencimiento, porque allí no había ningún signo de que hubiera un habitáculo”, explica.

El elevador era tan estrecho que el cabo de Intervención al que correspondía bajar en primer lugar no cupo. Fue otro agente más menudo el que localizó a Ortega Lara con vida. Era una persona con “mirada perdida”, “asustado” y “buscando una referencia conocida” tras 532 días sin ver la luz. Estaba famélico y presentaba una barba larga y poblada. Precisamente el Memorial ha reproducido ese zulo en su espacio museístico de Vitoria. En la inauguración, el propio jefe del Estado, el rey Felipe VI, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, accedieron a él. Era una suerte de caseta de madera encajonada bajo el nivel del río con un camastro casi en el suelo. Mide no más de tres metros de largo y dos metros y medio de ancho. Cuenta el coronel Vázquez que ETA tenía un sistema de comunicaciones a través de un mensaje en clave en una sección del diario 'Egin' para que el comando supiera cuándo soltar o ejecutar al secuestrado.

Explica este jefe de la Guardia Civil que las caídas de la cúpula de Bidart y otras operaciones llevaron a los dirigentes terroristas a sofisticar sus comunicaciones y a pasarse a sistemas heterodoxos de cifrado. Sin embargo, unas anotaciones sobre “BOL” permitieron llegar más de 300 días después del secuestro a tener una primera pista sobre el pabellón. “BOL” era el inicio de Bolinaga, segundo apellido de uno de los captores, Josu Uribetxeberria. Estuvo presente en el registro de la nave y ni colaboró ni “en ningún caso mostró ningún síntoma de humanidad”, según el podcast.

La “jodida” situación de los funcionarios de prisiones

José Ramón López, presidente de ACAIP-UGT, sindicato de funcionarios de prisiones, relata a este periódico los “años duros” para sus colegas durante la existencia de ETA. “Siempre hemos sido, además, uno de los colectivos olvidados. La gente visualiza la amenaza a la Guardia Civil o a la Policía Nacional, pero no a los que tratábamos dentro con ellos en los centros penitenciarios y sufríamos concentraciones cuando íbamos a trabajar”, explica López, que recuerda que durante aquellos 500 días la relación con otros reclusos condenados por terrorismo era muy compleja, ya que usaban como amenaza la situación de Ortega Lara. En Logroño, a muy pocos kilómetros de la frontera con Euskadi, hubo encierros solidarios de funcionarios. “Teníamos muy pocas esperanzas de que apareciese con vida. Fue un milagro. Afortunadamente salió bien”, rememora López.

Según los datos de ACAIP, una docena de trabajadores de Instituciones Penitenciarias han sido víctimas directas del terrorismo. El GRAPO mató en 1978 al entonces director general de Prisiones, Jesús Haddad Blanco, y el resto son víctimas de ETA. El último, en el año 2000, fue Máximo Casado, trabajador en Nanclares de la Oca, la cárcel de Álava. El caso más grave se produjo en 1991 en Sevilla-I cuando explotó un paquete-bomba en la zona de visitas. Murieron cuatro personas. “La situación fue muy jodida, porque había familiares de los presos y los presos comunes querían linchar a los de ETA”, explica López. En 2021, las cárceles y el personal fueron transferidos al Gobierno vasco, un gesto que se presentó como un símbolo de normalidad política diez años después del final del terrorismo de ETA y casi un lustro después de su desaparición como organización.

Aquellos hechos de julio de 1997 también tuvieron importantes derivadas políticas. Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV en el Congreso, entiende que aquellos días trajeron un “cambio de tono” del Gobierno de José María Aznar hacia el nacionalismo vasco, una “ofensiva” para hacer ver “que todo el nacionalismo estaba en el mismo barco”. Del momento dulce entre PP y PNV de la investidura de 1996 se pasó al pacto de Lizarra de 1998, que unió a la entonces HB con el nacionalismo institucional y con Ezker Batua. Cuenta Anasagasti que el PNV tenía “exploradores” sondeando al entorno de ETA para buscar un cese de la violencia, “Juan María Ollora, Joseba Egibar [todavía hoy portavoz parlamentario] y Gorka Agirre”. Tras el secuestro, Ortega Lara participó en candidaturas del PP en Burgos pero abandonaría este partido. En 2014, de la mano de Santiago Abascal hijo, fue uno de los fundadores de un nuevo proyecto llamado Vox. En 2021, a raíz de la inauguración del memorial, Ortega Lara afeó en El Mundo a Sánchez que acudiera a inaugurar un espacio impulsado por el Gobierno de España al considerar que es un presidente que “beneficia a terroristas” y que “gobierna con el brazo político” de ETA, en referencia a EH Bildu.

Hace 25 años, en julio de 1997, Euskadi vivió unas semanas convulsas. En la madrugada del primero de mes, ETA liberó de su cautiverio al empresario Cosme Delclaux después de que su familia abonara 1.000 millones de pesetas, (unos seis millones de euros). La noticia llegó mientras entre 300 y 400 agentes de la Guardia Civil encabezados por el juez Baltasar Garzón estaban a punto de irrumpir en un pabellón industrial de la localidad guipuzcoana de Arrasate-Mondragón donde, según se sospechaba, la banda terrorista había tenido secuestrado durante más de 500 días al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, ahora en Vox. En aquella fábrica, la Guardia Civil se topó con un “mecanismo fantástico desde el punto de vista de ingeniería” y pasó horas hasta descubrir el engranaje que abría una trampilla en el subsuelo hacia el zulo que ocultaba a Ortega Lara. El golpe policial, en cambio, obtuvo como respuesta otro secuestro tan solo unos días después. El concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco fue torturado y asesinado como chantaje al Gobierno de España para lograr el acercamiento de los presos.

Dos exposiciones en Ermua abren los homenajes por los 25 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA

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El coronel de la Guardia Civil Francisco Vázquez, ahora jefe de los equipos antiterroristas especializados en la lucha contra el yihadismo, era entonces teniente en la comandancia de Gipuzkoa. El agente, participante activo de aquella larga investigación policial para localizar con vida a Ortega Lara, ha contado en los últimos días en un podcast realizado en colaboración con el Memorial de víctimas del terrorismo de Vitoria algunos detalles de lo sucedido desde que ETA secuestró en Burgos en enero de 1996 a Ortega Lara, a quien hacían seguimientos también en su destino, la cárcel de Logroño. “ETA era, de largo, la organización terrorista del mundo más tecnificada en esos momentos. Reto a cualquiera a confrontar metodologías del IRA o de las FARC, organizaciones tremendamente notorias de las que ETA ha sido instructora. Esto no era un secuestro en un agujero excavado en el monte. No estaba en un sitio en absoluto fácil. Era la transformación del zulo de Julio Iglesias [Zamora, apresado en 1993]. Era gente con muchas habilidades técnicas. Era una especie de grupo de I+D. Copiaban y replicaban armas. Compaginaron esa habilidad con la construcción de un zulo”, señala el mando policial.

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