Agresiones sexuales, explotación laboral y soledad en el trabajo del hogar en Bizkaia: “Las tratan como trapos”
María, que en realidad tiene otro nombre, acudió a la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia porque el hombre al que cuidaba en régimen de interna se colaba por las noches en su habitación, que no contaba con pestillo para poder cerrar la puerta. Luisa lo hizo después de pasar años con una lesión mal curada hasta que su cuerpo dijo “basta”. Marimar Peña es la única de ellas que no teme decir su nombre y apellido real, aunque es cierto que ella forma parte del 10% de las trabajadoras del hogar que son autóctonas, por lo que no ha sufrido de primera mano las discriminaciones de sus compañeras migrantes y en situación irregular en el país. En su caso, estuvo trabajando durante 48 años como empleada del hogar para familias adineradas de la capital vizcaína, 41 de los cuales, con contrato y cotización a la seguridad social. En su última casa, en la que estuvo más de dos décadas como trabajadora externa, es decir, no dormía en ella, por lo que define como “desencuentros” con la familia, la despidieron en 2024 a los 62 años de edad.
A pesar de los años cotizados, cuando Marimar acude al Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) le comunican que solo le corresponden ocho meses de paro, ya que las cotizaciones como empleada de hogar solo cuentan a partir del 1 de octubre de 2022, fecha en la que se hizo obligatorio cotizar por desempleo. Por esta razón, Marimar junto a la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia, ha presentado una demanda judicial y se encuentra a la espera de juicio. “Solicito a la justicia que me concedan los dos años de paro que me corresponden por mis 41 años de trabajo cotizados, porque si las trabajadoras del hogar no hemos podido cotizar más o cotizar según nuestros sueldos reales es porque no se nos ha permitido y eso hace que la jubilación que nos quede sea muy pequeña”, defiende.
Ellas son algunas de las 524 personas, en su gran mayoría mujeres, que han pasado por la asociación, que ha tratado un total de 671 incidencias a lo largo de 2025, ya que algunas de ellas han acudido con más de una problemática. “Atendemos a estas mujeres en gran parte por problemas laborales por falta de contrato o de más horas trabajadas que las que deberían, sobre todo en el caso de las mujeres internas. Pero también con problemas de salud física o mental o sucesos como agresiones sexuales producidas por los ancianos o incluso sus familiares cuando acuden al hogar. Además de malos tratos, insultos y humillaciones, sobre todo en el caso de las mujeres que se encuentran en situación irregular y son más vulnerables. Muchas son conscientes de las agresiones que están sufriendo, pero aguantan por conseguir los papeles”, reconoce Isabel Otxoa, profesora de Derecho de Trabajo en la Universidad del País Vasco (EHU) y activista de la Asociación de Trabajadoras del Hogar.
Según reconoce Otxoa, la mayoría de ellas sufren problemas de salud física, pero también de salud mental en ocasiones derivada de la soledad que sienten sobre todo las trabajadoras que se encuentran en régimen interno. “Son personas que llegan a nosotras muy conmovidas, a las que cuando se quejan les llegan a decir que no se quejen porque tienen dónde comer y dormir en las casas en las que trabajan. Las tratan como a un trapo. Muchas de ellas se sienten solas porque solo pueden salir un par de horas al día y los fines de semana no los tienen libres y eso dificulta la conciliación familiar y social, por lo que para cuando llegan a nosotras su situación emocional es muy mala”, explica Otxoa.
En este sentido, desde la Asociación de Trabajadoras del Hogar, que inició su andadura en el año 2012, han podido comprobar que el perfil de la persona que contrata los servicios de estas mujeres -ya que ellas han sido el 97% de las personas atendidas- ha ido aumentando y cambiando a lo largo de los años. “Antes solo se lo podían permitir las personas con cierta holgura económica. Ahora, el problema de la falta de un sistema público de cuidados y los precios de las residencias de mayores privadas hacen que más familias opten por esta opción. Hay familias que prueban la residencia, que la pagan con el dinero que deja la persona mayor, y al ver que se están fundiendo la herencia deciden contratar a una de estas mujeres”, lamenta.
Casi siete de cada diez trabajadoras en condiciones “ilegales”
Los datos recabados por la asociación durante el año 2025 hablan por sí solos: el 67,54% de las trabajadoras internas realiza el trabajo en condiciones “ilegales” en materia de jornada y descansos porque superan las 60 horas semanales que estipula la ley, cifra que asciende al 73,54% si se consideran solo las trabajadoras que no tienen papeles. Del total de trabajadoras, un 50,22% son extranjeras no comunitarias, un 10,13% autóctonas, un 37,56% personas con doble nacionalidad y un 2,09% extranjeras comunitarias. De entre las extranjeras no comunitarias, el 57,57% tenía “papeles”, mientras que el restante 42,43% se encontraba en situación administrativa irregular. Entre las trabajadoras internas, el porcentaje de extranjeras no comunitarias se eleva al 60,85%.
Desde la asociación denuncian que “el 100% de los salarios de las internas de entre semana no se ajustan al mínimo en relación con todas las horas de jornada” y han advertido que “el abuso salarial es mucho mayor en el caso de las trabajadoras sin papeles”. Considerando solamente el salario mínimo por 40 horas, “sin tener en cuenta que hacían muchas más”, el 19,35% de quienes estaban en situación regular y el 51,38% de quienes no tenían papeles no llegaban a percibirlo, ha advertido ATH, para apuntar que de las internas de fin de semana, solo un 6,67% percibía el salario mínimo correspondiente a su jornada.
Asimismo, en un 37,60% de los casos persiste la entrega del sueldo en mano sin ningún tipo de documentación, el 56,59% recibía el salario mediante transferencia bancaria y el 48,06% recibía nómina. Casi todas las trabajadoras internas entre semana en situación regular estaban de alta en la Seguridad Social, el 96,13%, y entre las internas de fin de semana en situación regular estaba de alta un 69,57%. En el 84,74% de los casos, la trabajadora interna vive sola con la persona o personas atendidas y estas personas que vivían solas, eran mujeres en un 66,82% de los casos.
En el caso de las externas, trabajadoras que duermen en sus hogares, pero acuden a los hogares de las personas mayores que cuidan a trabajar, el 17,19% de todas las trabajadoras estaba en situación administrativa irregular, porcentaje que sube al 39,44% en el caso de las trabajadoras no comunitarias externas. El 83,05% de las trabajadoras externas está a tiempo parcial y la jornada más frecuente ha sido la del tramo entre 21 a 39 horas, semanales (21,31% del total), seguida de la de 1 a 5 horas (18,89%). En un 21,55% de los casos en el trabajo externo no se alcanzaba el SMI correspondiente a la jornada. En concreto, casi un tercio de quienes no tienen papeles no reciben el SMI, cifra que baja hasta algo menos de un quinto en el caso de quienes sí los tienen.
También en el trabajo externo es obligatorio documentar el pago del salario, pero el 43,34%% cobraba en mano, sin ningún tipo de recibo, mientras que recibe nómina casi un 30% de las trabajadoras. De todas las trabajadoras externas en situación regular, están dadas de alta el 80,40% y las que pueden tener seguridad social y no la tienen son un 19,60%. El 54% de las externas realizan solamente tareas domésticas y el 45% cuidaba también a personas adultas o niños. Cuando el cuidado es la tarea principal, el 20% se dedicaba a atender a menores y en la atención a personas adultas el 63,07% vivían solas.
Según esperan desde la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia, la regularización extraordinaria para integrar a personas extranjeras que ya están en España y que arrancará en abril de 2026 supondrá un respiro para muchas de ellas. “Para muchas va a ser la gloria, porque se va a acabar, con perdón, lo de tener que comer mierda a cambio de los papeles”, concluyen.