Sobre este blog

Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

25 años después...

Un cartel con la foto de Miguel Ángel Blanco en una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT)

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25 años después del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco ninguno de los 21 parlamentarios de EH Bildu del Parlamento Vasco condena o, ni siquiera, rechaza ese crimen de ETA asumiéndolo como un elemento más en la construcción histórica de su planteamiento político para este país. Además el posicionamiento de la formación abertzale, sucesora de la banda, en relación con este y otros crímenes ha formado parte de un inexplicable retroceso. Eusko Alkartasuna, formación integrada hoy en Bildu, condenó el secuestro y asesinato al día siguiente de producirse pero pasados los años rectificó, hoy no lo hace en lo que ha sido la victoria de la expresión más radical del abertzalismo en relación con la continuidad intelectual de ETA en los principios inspiradores de la coalición. Principios que uno de los firmantes del Pacto de Ajuria Enea, EA, ha asumido olvidándose de lo que promovió antes y después de aquel crimen de julio de 1997.

No quiero hacer un recuerdo integral de las posiciones políticas en aquella época, pero la actitud del partido de Garaikoetxea fue tan abyecta y ruin, por una simple oportunidad política, que pasados los años me parece de una relevancia suficiente para ver cómo se presenta parte de la sociedad vasca 25 años después, y lo poco que se avanza en un auténtico proyecto de convivencia por mucho que, antes, Jonan Fernández o, ahora, José Antonio Rodríguez Ranz, ambos al servicio del PNV gubernamental,  llenen páginas de frágiles documentos con llamamientos a una empatía que ni ellos han sabido practicar, con justificaciones que desisten de una estrategia de presionar a la izquierda abertzale hacia la asunción del suelo ético o con la construcción de un magma de violencias para no identificar de una manera determinante al mayor enemigo de nuestra convivencia, ETA, y su continuidad en EH Bildu y Sortu.

25 años después del secuestro y asesinato, ninguno de los 21 parlamentarios de EH Bildu del Parlamento Vasco condena o, ni siquiera, rechaza ese crimen asumiéndolo como un elemento más en la construcción histórica de su planteamiento político para el país

También, 25 años después, y en otra mala noticia para la concordia y la convivencia, el presidente del Gobierno de España sella un pacto con la formación de Otegi para aprobar una Ley de Memoria Democrática que solamente es precisa para fijar con cálculo y sectarismo una mayoría parlamentaria contraria a la conciliación necesaria. Sánchez ha pactado con los enemigos de España ampliar la extensión del franquismo en lugar de haber incluido en la pretendida ley un capítulo sobre el proyecto totalitario que ETA quiso imponer a la sociedad con la ruptura nacionalista y el asesinato del adversario. 25 años después del asesinato de Miguel Ángel Blanco el presidente convierte a quienes celebraron el crimen en corredactores de una Ley de Memoria Democrática que se proyecta contra la transición. Un inconcebible y manipulado experimento de amnesia inducida para que se olvide la historia antidemocrática de ETA.

Las victimas del terrorismo deben de permanecer en el frontispicio de nuestra democracia por el papel que han jugado en la defensa del estado de derecho y es muy injusto que haya movimientos políticos, como el que se fragua hoy en el Congreso de los Diputados, que distorsionen en una confusión de memorias lo que han representado en la transición y en la consolidación democrática de España.

Pero, también, 25 años después, Miguel Ángel es el gran símbolo que se iza contra la reciente barbarie que nos trató de machacar, sigue vivo en muchos corazones, en muchos recuerdos y también en la memoria viva y democrática de una sociedad por la que fue asesinado. Miguel Ángel Blanco aún sacude de una manera esencial conciencias y razones, y su memoria vencerá y se impondrá a la intolerancia, y también a la amnesia que procuran algunos. Está claro que tarde o temprano la convivencia, como proyecto común y compartido en Euskadi, se construirá, pero con la derrota intelectual y moral de quienes asumieron el legado de sus asesinos.

PD: Viví, junto a Carlos Iturgaiz y con el resto de mis compañeros, los momentos más duros de nuestra experiencia política. Era secretario general del PP del País Vasco. Llegamos a casa de Miguel Ángel pocas horas después de su secuestro el día 10 de julio, compartimos esos primeros momentos, y todos los demás con Consuelo y Miguel, sus padres, recorrimos las calles de Ermua y Eibar en manifestaciones multitudinarias cargadas de emoción y repulsa, recibimos el cariño y la solidaridad de la gente de una manera increíble, pusimos velas en la plaza de Ermua rogando que la sucia ejecución no se produjese, lloramos junto a su familia y compañeros de corporación. Consolamos y fuimos consolados, nos enfrentamos con las manos blancas a una cobarde y criminal Herri Batasuna, apoyamos al Gobierno de España ante el chantaje, reivindicamos el Pacto de Ajuria Enea, que al final fue traicionado por el PNV y su pacto de Estella y, finalmente, tuvimos que grabar con letras de oro el nombre de nuestro compañero junto con otros nombres en la relación de las personas que lo entregaron todo por un país que aún no reconoce suficientemente su esfuerzo y su valentía.

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