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Dudas sobre Osakidetza en el cierre del juicio por las denuncias de filtraciones: “Si quieren hacerte la vida imposible...”

Martínez Flórez y Salas, este miércoles en la Audiencia Provincial de Álava

Iker Rioja Andueza

Vitoria —
21 de octubre de 2026 21:45 h

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A las 14.49 horas, el juicio por las denuncias de filtraciones en las oposiciones médicas de Osakidetza de 2018 ha quedado visto para sentencia. Una terna de magistrados de la Audiencia Provincial de Álava, encabezados por Beatriz Eva Román Gobernado, se ha retirado ahora a deliberar y emitirá en breve una sentencia. Finalmente, solamente se ha revisado lo ocurrido en el examen de Cirugía Plástica y no se ha permitido hablar de la otra docena de especialidades donde, en su momento, se vieron igualmente indicios de irregularidades.

En la segunda y última sesión, los dos acusados, el doctor Alfredo Martínez Flórez y la opositora Thais Salas, han tomado la palabra. Las acusaciones —la Fiscalía y los sindicatos ESK y LAB— sostienen que el primero, autor de la mitad de las preguntas del examen teórico, le dio las cuestiones a la segunda, que obtuvo la mejor nota. Eran suegro y nuera, y trabajaban juntos en el hospital Donostia. La prueba fundamental que se esgrime contra ellos es que ella acertó casi todas las que redactó su familiar, mientras que tuvo un resultado mucho peor en el resto.

Un elemento muy llamativo es que Salas fue 'interceptada' al poco de terminar el examen teórico —en el descanso hasta el práctico— por dos altos cargos del Gobierno vasco que, al ver la nota alta, le invitaron a que no continuara. Ella siguió, pero a los pocos días esos mismos altos cargos se reunieron con Martínez Flórez para recalcar que dejarían el asunto en nada si ella se retiraba. Y, finalmente, accedió y presentó por escrito su renuncia, mostrando que ambos operaban de modo coordinado. En paralelo, en aquellos días de la primavera de 2018 florecían denuncias de filtraciones en los otros exámenes que ahora se han dado por buenos. Se inició una investigación penal, primero en la Fiscalía y luego ya en el Tribunal de Instancia de Vitoria. Pero Osakidetza nunca informó del problema en Cirugía Plástica. Si se incorporó al sumario es por la denuncia de otra opositora, Penélope Calzacorta, y mucho más adelante.

¿Quiénes eran esos altos cargos? Uno, el director de Recursos Humanos de Osakidetza en aquella época, Juan Carlos Soto. Y, dos, el secretario general del Instituto Vasco de Administración Pública (IVAP), Fulgencio Aledo. El IVAP es otro organismo autonómico que entró a colaborar precisamente porque los sindicatos exigieron más garantías contra las filtraciones estructurales que habían denunciado en ocasiones anteriores. Osakidetza externalizó la confección de las pruebas teóricas, pero al no tener el IVAP expertos en especialidades médicas de elite acabó pidiéndole al Servicio Vasco de Salud un listado de profesionales. Así terminó el doctor Martínez Flórez haciendo las preguntas aunque, formalmente, se había abstenido como miembro del tribunal de la OPE por tener una familiar entre los examinandos.

“Joder, esto me extraña mucho”

El primero en declarar ha sido Martínez Flórez. Su señoría le ha recordado que podía no contestar y hasta mentir. Él se ha avenido a responder a todas las preguntas. Ha explicado que siendo Salas la novia de su hijo pidió retirarse del tribunal, pero que le llamaron más tarde de Osakidetza para pedirle el “favor” de hacer en un corto espacio de tiempo las preguntas. “Acostumbrados a decirles siempre que sí, no les dije que no”, ha razonado.

El abogado del sindicato LAB, Iñigo Santxo, ha dudado de que ese fuera el orden real de los hechos, asegurando que hay documentos que acreditan que fue justo al revés:

—Confucio decía que más vale el papel más pequeño que la cabeza más grande...

—Me da igual. Ya le digo que primero renuncié al tribunal. Se lo puedo garantizar.

—El folio 97 del PDF...

—Absolutamente convencido de que fue al revés.

—El orden de los factores...

—...no altera ningún producto. Les doy mi palabra de honor. Joder, esto me extraña mucho.

El “joder” lo ha repetido el doctor varias veces. También ha querido despejar la idea de era un examen difícil pensado para premiar a su nuera y tumbar al resto. Ella es excelente, “la mejor residente” que ha tenido nunca y una cirujana “muy competente”. “Estudió la carrera sin libros porque no tenía dinero para comprarlos”, ha señalado, asimismo. Iba en “transporte público” a Leioa desde Vitoria. Y ha ironizado: “Y, sí, además era la novia de mi hijo, pero de eso no tengo yo la culpa”. Aprobó por su talento, no por ninguna filtración, ha repetido. ¿Y los suspensos generalizados del resto? Por no haber estudiado. “Mire, los del tribunal no aprobarían una oposición ni hartos de grifa. Se lo garantizo”, ha rematado sobre sus colegas, médicos en ejercicio en la Sanidad pública.

“Hicieron la manera de deshacerse de mí”

Después ha tomado la palabra Salas. Ella tampoco ha renunciado a contestar a ninguna pregunta, aunque ha habido un momento en que se ha echado a llorar por el daño que, según ha manifestado, este asunto ha causado en su carrera. La juez le ha ofrecido un receso, pero ha ella ha optado por proseguir. “No estoy por novia, estoy por cirujana”, ha dejado claro sobre su posición en el mundo relativamente reducido de la Cirugía Plástica en Euskadi, donde casi todos se conocen.

Salas ha titubeado algo con datos básicos que le han pedido, como su edad en 2018. También se ha vendido como una profesional con gran currículum, incluido el “más alto” nivel de euskera. Pero LAB ha querido interrogarla en ese idioma y ha dicho que la “mintza” la tenía olvidada.

Ya en castellano, ha repetido con firmeza que no sabía que su suegro ponía las preguntas. Ambos han negado, asimismo, que hablar de la bibliografía fuese una forma sutil de dirigirla o beneficiarla. Salas es la única opositora imputada por lo sucedido en 2018 siendo, a la vez, la única de todas las personas que han sido investigadas por ser presuntas beneficiarias de filtraciones que renunció antes de lograr la plaza. En otros casos hasta han tenido promoción a altos cargos de Osakidetza. Y ella ha usado un discurso de mano negra muy similar al que han empleado denunciantes de irregularidades.

Ha sido muy gráfica. Ha contado que salió “contenta” del teórico y que la recogieron para llevarla a una salita donde le esperaban Soto y Aledo, “dos señores a los que no conocía”. Su suegro ha llegado a calificar el espacio de “cuarto oscuro”. Dice que le dijeron que había una “denuncia previa” de posible favoritismo y que su nota descollante alimentaba las sospechas. Ha añadido que la situación “les podía dar problemas” y le “invitaron” a “no continuar”. “Salí no temblando, lo siguiente. Agobiadísima. Acojonada. Yo tenía que terminar el examen. Me jugaba mucho”, ha contado. Ha repetido varias veces lo de “acojonada”.

El asunto no quedó ahí, porque luego Soto y Aledo se reunieron con su suegro por el mismo motivo. Ahí es cuando se cocinó su retirada. “Entendían que les hacía un favor y [nos dijeron] que lo iban a tener en cuenta”, ha señalado, en una grave acusación. Preguntada si ha querido decir que Osakidetza le garantizó estabilidad laboral a pesar de no tener la plaza a cambio de sepultar el episodio, ha dicho claramente que sí. “Pensé que renunciando se acababa todo. Es lo que me habían dicho. Ellos son los que mandan. Es el director de Recursos Humanos y yo quería trabajar en Osakidetza”, ha añadido.

Pero Osakidetza, al parecer, no cumplió su parte. “Si quieren hacerte la vida imposible, te la hacen. Esto me ha jodido mucho. A toro pasado no hubiese renunciado, pero me dio miedo. Me dio pánico. La que se estaba liando con el santo examen. Joder, la directora de Osakidetza y todo...”, ha señalado sobre María Jesús Múgica, que también estaba al tanto del episodio de las notas anómalas. Y ha seguido: “He intentado olvidarme de todo este tema estos años. Lo tengo aplastado en el cerebro. Me han hecho la vida imposible en Osakideza. Ahora no trabajo en Osakidetza. Recursos Humanos, Contratación, Dirección, todos. No querían que siguiese en el hospital [Donostia]. Hicieron la manera de deshacerse de mí. Osakidetza tiene sus métodos para que se quede quien quieran y salga quien no quieran”. Su abogado, Eduardo Peche, ha lamentado que Múgica, por ejemplo, no haya comparecido en el juicio. Ella y Soto, al igual que el consejero Jon Darpón, del PNV, dimitieron en su día por este caso.

No es sólo un examen, dice la Fiscalía

Después, tras un descanso, ha llegado la parte de las conclusiones. La Fiscalía pide dos años de cárcel para el doctor y uno para la opositora, además de otras penas accesorias. La fiscal Cristina Vicente Briansó ha dicho que es cierto que no hay una “grabación” o pistola humeante con el momento de la filtración, pero la da por hecha. Los indicios son muy consistentes, ha manifestado.

Y ha avisado de la trampa de Osakidetza en la OPE de 2018 al externalizar al IVAP la confección de exámenes ante los rumores de filtraciones permanentes en estas convocatorias cuando en realidad seguían siendo sus jefes de servicio los autores de las preguntas. El “cortafuegos” no era tal, ha asegurado la fiscal. Ha agregado que este caso no trata únicamente de “un examen” aislado de una pequeña especialidad médica sino de la “confianza” que la ciudadanía puede tener en un sistema de empleo público limpio.

ESK pide dos años para ambos procesados. Es la acusación que menos protagonismo ha tenido en el juicio. Su letrado, Julio Sánchez, ha sido claro en la última intervención: “El delito está consumado por mucho que la opositora haya renunciado”. Y ha añadido: “Aquí no estamos analizando si Osakidetza actuó de una manera o de otra. Pero son llamativas esas conductas”.

LAB pide tres años de cárcel para cada uno de los imputados. Su abogado, en el alegato final, ha citado a Juan Alberto Belloch y Manuel Marchena, la corrupción del 'caso De Miguel' y hasta que coincidió en tertulias de televisión con el doctor Martínez Flórez. Pero también ha recordado todo el recorrido del caso poniendo en valor a tres anestesistas que denunciaron filtraciones en su examen y que eran de ESK, Marta Macho, Manoel Martínez y Roberto Sánchez, a la vocal de Cardiología Izaskun Obieta que vio lo propio en la suya y que contó que la exconsejera Nekane Murga una vez le dijo “qué bien has hecho el examen y eso que no lo tenías” y hasta las sospechas esgrimidas por el Sindicato Médico, al que ahora mismo LAB está enfrentado laboralmente.

En la otra parte, el letrado Rubén Múgica, defensor del facultativo, ha pedido escapar de “runrunes” y “chismes” y ha buscado sembrar la duda razonable en el convencimiento de que puede suponer la absolución de sus clientes. ¿Alguien ha podido acreditar qué preguntas del examen puso realmente Martínez Flórez para concluir que en esas su nuera fue la mejor? Él cree que no y así lo ha repetido machaconamente en un vehemente alegato final.

Peche, el último en tomar la palabra, ha empezado diciendo que el asunto se planteó en 2018 como una “investigación prospectiva” y terminado lamentando que no hayan declarado gentes como Múgica. Y ha seguido glosando el excelso currículum de su patrocinada para, después, decir que su nota real en el examen bajo sospecha no fue para tanto, 72 de 100. “Un siete es un aprobado bajo”, es lo último que han escuchado sus señorías antes de retirarse a deliberar y redactar la sentencia.

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