La exposición sobre las mujeres represaliadas por el franquismo regresa a Cáceres: nombrarlas para que existan
La exposición 'Mujeres represaliadas por el franquismo en la ciudad de Cáceres' regresa a la capital cacereña impulsada por la Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (AMECECA), una entidad que desde hace años desarrolla una labor imprescindible para la recuperación de la memoria histórica desde una perspectiva feminista. La muestra se inaugura el martes 20 de enero, a las 18.30 horas, en el Edificio Pintores 10 de la Diputación de Cáceres, donde podrá visitarse hasta finales de mes.
Lejos de una visión genérica de la represión, la exposición pone el foco en las mujeres, durante décadas invisibilizadas en los relatos oficiales. Mujeres castigadas no solo por su ideología o militancia, sino también por transgredir el modelo de feminidad impuesto por el franquismo: sumisa, católica y confinada al ámbito doméstico.
Según la investigación de AMECECA, la represión franquista en la ciudad de Cáceres dejó 677 víctimas mortales: 527 asesinadas y 150 fallecidas en prisión. De ellas, 33 eran mujeres —26 asesinadas y siete muertas en la cárcel—. Una cifra menor en términos cuantitativos, pero con una violencia cualitativamente distinta y específica, marcada por el castigo moral, el escarnio público y el control de los cuerpos.
La exposición rescata las historias de nueve mujeres cuyas trayectorias vitales han podido ser reconstruidas con mayor detalle gracias al trabajo en archivos judiciales, documentación histórica y memoria oral.
Isabel Reyes y Francisca Pérez: romper el silencio
En 1919, Isabel Reyes y Francisca Pérez hicieron algo insólito en el Cáceres de la época: tomar la palabra en un mitin obrero para defender a sastras y modistas frente a los abusos patronales. Isabel Reyes se convirtió así en la primera mujer en pronunciar un mitin público en la ciudad. Sastre y militante de UGT, su activismo la situó en el punto de mira de la represión.
Madre de tres hijos, fue sacada de su casa por la fuerza en 1936 y desapareció. Nunca se recuperó su cuerpo. Su historia es la de tantas mujeres extremeñas borradas sin rastro, condenadas al silencio incluso después de muertas.
Saturia, Isidra y Carmen: militancia y desaparición
Saturia, Isidra y Carmen representan a las mujeres trabajadoras que se organizaron en los primeros movimientos sindicales y pagaron un alto precio por ello. Participaron en asambleas, movilizaciones y espacios vinculados a la Casa del Pueblo, desafiando la pasividad femenina que imponía la sociedad patriarcal.
Las tres fueron detenidas tras el golpe de 1936 y desaparecieron. Esposas y madres, arrancadas de sus casas, simbolizan la represión ejercida contra mujeres anónimas cuyo único delito fue alzar la voz o estar vinculadas a entornos republicanos.
Jerónima Rubio, 'La Moñica': organización y castigo
Jerónima Rubio, conocida como 'La Moñica', era lavandera y militante de la Casa del Pueblo. Su esfuerzo por organizar a las trabajadoras la convirtió en objetivo prioritario de los sublevados. Fue ejecutada en 1936, convirtiéndose en un ejemplo temprano de cómo el franquismo castigó con especial dureza a las mujeres que ejercieron liderazgo social.
Rafaela, Ángeles y Asunción Brú Casanova: la represión familiar
Rafaela Brú Casanova, nacida en 1898, fue una figura destacada del activismo comunista en Cáceres durante la Segunda República. Responsable femenina del PCE y militante del Socorro Rojo Internacional, fue detenida tras el golpe, liberada y secuestrada el mismo día de su salida de prisión. Fue asesinada extrajudicialmente junto a su marido en los puentes del Tajo.
Su hermana Ángeles Brú Casanova fue fusilada en enero de 1938, con tan solo 33 años, tras ser acusada de conspiración. Su hijo, de cinco años, fue internado en el Hospicio de Cáceres. Asunción Brú Casanova, también hermana, fue igualmente detenida y ejecutada en la misma ola represiva. La violencia franquista se cebó así con una familia entera, extendiendo el castigo más allá de la militancia individual.
Francisca Rico Navarro: cárcel y supervivencia
Francisca Rico Navarro, lavandera, madre de cuatro hijos y vecina de la calle Calaf, fue detenida en 1937 tras una denuncia vecinal por “desafecto al régimen”. Condenada inicialmente a muerte junto a su marido —fusilado en 1938—, su pena fue conmutada por 30 años de prisión.
Pasó por cárceles como las Oblatas de Santander y Saturrarán, uno de los centros penitenciarios más duros para mujeres presas políticas. Liberada en 1943, sobrevivió al franquismo marcada por el estigma, el exilio interior y la ruptura familiar.
Polonia Mateos Pérez: ejercer, militar y morir
Polonia Mateos Pérez, matrona formada en Madrid y titular de la beneficencia municipal en Arroyo del Puerco, fue una mujer profesional, comprometida con la sanidad pública y el socialismo. Secretaria de la rama femenina del PSOE local, fue detenida tras la entrada de los sublevados y fusilada en Cáceres en enero de 1938. Fue la única mujer de su localidad ejecutada en esa fase de la represión.
Violencia de género y castigo moral
El reportaje y la exposición subrayan que la represión contra las mujeres adoptó formas específicas: rapados, humillaciones públicas, ingesta forzada de aceite de ricino, violencias sexuales, encarcelamientos con hijos pequeños, traslados constantes entre prisiones y la destrucción moral y social tras la excarcelación.
Salir de prisión no significó la libertad. Muchas mujeres vivieron un exilio interno, obligadas a cambiar de residencia, apartadas de sus comunidades y borradas de los archivos oficiales.
La exposición de AMECECA, concebida como un proyecto itinerante y en permanente construcción, cuenta con la colaboración del Servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación de Cáceres. En un contexto de auge del negacionismo, la muestra reivindica la memoria no como una herida abierta, sino como una herramienta de justicia, reparación y dignidad democrática.
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