El colegio de graduados sociales de Badajoz pide la Medalla regional para esa profesión

Uatae planteará en la subcomisión del RETA que se equipare el paro y pensiones de autónomos y asalariados

El presidente del colegio del colegio de graduados sociales de Badajoz, Carlos Puebla Lorente, ha escrito una carta pública al presidente de la Junta en la que reclama la Medalla de Extremadura para ese colectivo.

Tras enterarse de la noticia de que este año Fernández Vara, "nuestro presidente autonómico", impondrá la Medalla de  Extremadura a diversas entidades  y grupos profesionales por la labor tan encomiable y necesaria realizada durante los meses más críticos de esta terrible pandemia, le explica en la carta que el abanico representado "es amplio, y todos y cada uno de ellos merecen nuestro más sincero agradecimiento, pues su trabajo en aquellos días de tanta incertidumbre, peligro y miedo es sin duda, merecedor de tal reconocimiento".

Más "una notable ausencia entre los colectivos homenajeados", añade, "hace que el sencillo acto a celebrar quede, en mi opinión, cojo e incompleto. Sé que posiblemente no quede muy bien o que sea  políticamente incorrecto reclamar, para el  colectivo  profesional que  represento, ese mismo reconocimiento, pero créame que no lo hago por afán  de  protagonismo, sino porque en justicia pienso que es lo correcto.

Déjeme decirle que durante todo este tiempo hemos sido, y seguimos siendo, protagonistas de excepción de esa otra peste que ha traído 'el bicho': la zozobra y ansiedad de millones de trabajadores y empresarios que ven peligrar su sustento.

Desde el principio los graduados sociales, asesores laborales cualificados, nos ofrecimos a la Administración para que aquellos encontraran en nosotros el necesario apoyo ante la caótica situación que estamos viviendo, en el que los funcionarios (salvo honrosas excepciones) son inaccesibles y están desaparecidos.

Así, callada y humildemente, hemos venido trabajando sin descanso para que los primeros se acogieran  a  la  ayuda  por  cese  de  actividad  y los segundos cobrasen la prestación extraordinaria por desempleo. Y esto a modo de ejemplo y por resumir 'muy mucho' cuantas tareas, encomiendas y trabajos nos trasladaban nuestros queridos gobernantes a golpe de decreto. Normas cuya redacción, por precipitada y abundante, era en la mayoría de los casos imprecisa y confusa, necesitando todas ellas de criterios interpretativos y aclaraciones que, más que arrojar luz a nuestro trabajo, nos sumían en un oscuro laberinto de imposibles recovecos.

Es en este escenario de inseguridad jurídica y plazos perentorios en el que, la mayoría del tiempo, nos hemos movido haciendo equilibrios quiméricos. En él una legión de asesores legislaban aquello que, en la soledad de su despacho, un único profesional tenía que estudiar, asimilar, interpretar y aplicar de un día para otro, pues el BOE del domingo noche dejaba obsoleto lo aprendido durante la semana.

Y  esta  situación, créame señor Vara, está  llevando a algunos compañeros  al  borde  de una enfermedad igual de mala: el desánimo, antesala de abatimiento, que en el peor de los casos acaba en depresión. Llevamos 4 meses y medio sin descanso y el panorama no es que sea muy halagüeño. Nos tememos que cuando se acaben los ERTES, les seguirán las quiebras de empresas y los expedientes de regulación de empleo.

Si lo referido no hace que tengamos un hueco entre policías, guardias civiles, periodistas, agricultores y ganaderos... la verdad, perdone mi osadía, pero déjeme decirle que tanto o más hemos sido esenciales nosotros como ellos", termina el escrito.

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