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Entrevista - Director del Festival de Cans

Alfonso Pato: “En el Festival de Cans lo que hay, ante todo, es emoción”

El director del Festival de Cans, Alfonso Pato, con el perro imagen del certamen

Santo Estevo de Cans es una parroquia de O Porriño (Pontevedra), a pocos kilómetros de la frontera gallega con Portugal. Son apenas 450 las personas que, repartidas en ocho núcleos de población, mantienen allí su censo. Pero llega un momento en primavera en que sus caminos, pistas asfaltadas, galpones y tabernas se llenan de gente: es el Festival de Cans, dedicado al cine de proximidad, la no ficción, la animación o los cortometrajes, y que este año alcanza su décimo novena edición.

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Sí, Cans es homófona de la localidad de la Costa Azul y, sí, celebra su festival durante la misma semana que la ciudad francesa. Pero su espíritu es otro. “Mantener la emoción”, asegura su fundador y director Alfonso Pato (Cans, O Porriño, 1969). Y la emoción no es una alfombra roja por la que pasan multimillonarios, sino la película de los vecinos sobre su memoria colectiva o las visitas de los colegios de la comarca. También, claro, una retrospectiva como la de este año dedicada al cineasta portugués João Nicolau -encuadrado en el Novo Cinema Portugués-, un coloquio con Daniel Monzón, un concierto de Amparanoia o las proyecciones en cobertizos de las secciones oficiales: Ficción e animación, Novas Camadas, Furacáns y Videoclips. Y por supuesto, los paseos de las estrellas en chimpín -pequeños tractores de uso agrícola-. Cans comenzó este miércoles 18 de mayo y se alarga hasta el sábado 21.

El Festival de Cans ¿vuelve a la normalidad o a una nueva normalidad?

Volvemos, sí, pero con mucha prudencia. Los galpones no están al 100%, están al 75%. Y esperamos bastante gente, pero no el mogollón de 2019, cuando vinieron 15.000 personas. Va a haber ambiente. Las entradas están todas prácticamente vendidas, incluso las matinales, que a veces tardaban más. El año pasado o hace dos estaba todo un poco apagado, pero esta vez noto a todo el mundo muy animado.

Parece que la gente quiere recuperar el tiempo perdido.

Sí, es así. Pero la COVID está todavía aquí, no podemos olvidarlo y debemos ser previsores.

¿Qué hace diferente esta edición?

El regreso a la primavera, después de que las dos ediciones anteriores fueran en septiembre. Hay flores, todo huele diferente. Ahora mismo hay 200 chavales por aquí. Vuelven las visitas de los colegios. No se trata, quizás, de lo que más brilla, pero para mí son las partes más importantes.

¿Y sus platos fuertes?

Habrá a quien le interese el brillo de Daniel Monzón, o la retrospectiva del cineasta portugués João Nicolau. Pero yo me quedo con Novas Camadas, la sección para menores de 25 años, en la que presentan sus piezas, a menudo impresionantes. O Furacáns, que ya se ha convertido en una de las señas de identidad del festival, dedicada a la no ficción. También habrá un coloquio el viernes con Margarita Ledo, que siempre dice cosas interesantes. Y después están cosas más pequeñas, como el documental sobre la memoria de la aldea que han hecho los vecinos. Esa es la esencia de Cans. Porque, ante todo, lo que hay es emoción.

¿El cine gallego ha superado la pandemia?

No me cabe ninguna duda. Tal vez ha descendido la producción, hubo un parón debido al coronavirus y se redujo el número de proyectos, pero la creatividad no ha descendido. Una cosa que ha cambiado enormemente es la formación de los cineastas. Ahora llega un chaval con su primer corto y ha estudiado en Londres, con un máster en Berlín y un curso con Kiarostami. La formación y la creatividad no bajan, eso es imparable. Nos espera un torrente de películas.

El año que viene Cans cumplirá veinte años. En este tiempo, ¿qué ha cambiado?

Hemos crecido. Pasamos de una tarde y 500 personas a 9.000 o 10.000, que esperamos este año. Hubo que crear las infraestructuras, porque aquí no había. Pero, como decía antes, hemos mantenido la esencia.

¿Y a dónde quiere llegar el festival?

La pandemia nos hizo reflexionar. La edición del 19 nos llevó a pensar en crecer y crecer, pero eso ha cambiado. Queremos algo sostenible, que se pueda mantener, no un crecimiento desmesurado. A veces me preguntan a cuánta gente esperamos atraer y yo digo “por qué no se lo preguntan a San Sebastián o a Valladolid”. No queremos atraer nada, queremos algo sostenible, que mantenga la esencia. No queremos entrar en la carrera de batir récords de asistencia.

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