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Lluc Bestard, la regatista de 15 años que hace de la constancia su mejor viento

Lluc Bestard durante una de sus regatas.

María Aragonés

29 de septiembre de 2026 17:53 h

Hace tan solo unas semanas el nombre de la actriz Sidney Sweeney resonaba en todo el mundo tras protagonizar el anuncio de una casa de apuestas en el que posaba sin apenas ropa y con material deportivo mientras preguntaba: “¿Crees que sabes de deportes? Demuéstralo”. 

En consecuencia, miles de mujeres deportistas llenaron las redes sociales de vídeos practicando sus respectivas disciplinas para mostrar su rechazo ante un mensaje que no hacía más que perpetuar los estereotipos a los que se enfrentan cada día. Muchas de estas atletas han forjado una relación con el deporte desde pequeñas y se han visto rodeadas de hombres o eclipsadas por ellos durante toda su vida a la hora de practicar aquello que les apasiona. 

Un ejemplo es el de la regatista mallorquina Lluc Bestard, campeona por segundo año consecutivo de Europa de Optimist a los 15 años. Practica la regata desde niña, y no imagina su vida de otra manera, ya que es una parte troncal de su crecimiento personal: “Empecé con cuatro o cinco años en la escuela de vela gracias a mi madre, porque me apuntó y cada día en casa me motivaba para venir. He ido creciendo y confiando más en mí durante este tiempo”, asegura.

No obstante, su carrera deportiva ya ha avanzado lo suficiente como para observar una nueva tendencia que resulta, cuanto menos, esperanzadora: la llegada de más mujeres y niñas a estas disciplinas. “Poco a poco se está haciendo la idea de que vienen más chicas y que pueden hacer lo mismo que un chico”, sostiene. Y para que el mensaje pueda calar, no olvida la importancia de contar con referentes que han hecho “grandes cosas” para allanar su camino y el de otras muchas niñas.

La constancia como bandera

Pero la llegada de más compañeras no es el único cambio que se avecina para Bestard, hay otros que se materializarán enseguida. Tras hacerse con los dos últimos oros europeos, la joven regatista cambia este año a la categoría Sub 17 mixta y, por tanto, también ha de entrenar y competir con una nueva embarcación. En palabras de su entrenador, Marc Vallespir, se trata de “un barco complejo para navegar”, aunque pese a ello la joven “se está adaptando muy rápido”. El motivo no es otro que su perseverancia y sus ganas de mejorar, tal y como explica el propio Vallespir: “Dedica todo el tiempo que tiene a entrenar. Tiene esa obsesión por maniobrar, para que el barco vaya rápido y para estar lo más alto posible”, expone. 

Tanto es así, que ha sacrificado el tiempo correspondiente a otros ámbitos de su vida para esforzarse en mejorar sus marcas. Sin embargo, en lo relativo a sus estudios quiere encontrar un equilibrio que le permita superar al mismo tiempo los retos del mar y los que le esperan en tierra, apoyados en un pupitre: “El año pasado me salté mucho el cole, aunque intentaba compaginarlo lo máximo posible. Este año estoy intentando centrarme en eso”, reconoce. También ha dedicado a la regata el tiempo correspondiente a quedadas o fiestas de cumpleaños con sus amigos, aunque los compañeros del club han ocupado gran parte de ese vacío después de los entrenamientos. El objetivo final para ella no es otro que “aprovechar y mejorar lo máximo posible escuchando al entrenador”, argumenta.

Precisamente ese afán por mejorar es lo que marca la diferencia, en palabras del entrenador, entre Bestard y los demás regatistas. “El trabajo, la constancia y ese gen competitivo que tiene, porque cuando está en el agua compitiendo se transforma completamente en otra persona aunque parezca muy tranquila en tierra”, sostiene. 

La cantidad de tiempo que la deportista y sus compañeros de club pasan en el agua depende de muchos factores. En invierno, por ejemplo, el viento es un gran determinante ya que —al contrario de lo que pensaría cualquier bañista— permite aprovechar más tiempo en el mar. Los fines de semana, por ejemplo, también suponen jornadas más largas de entrenamiento que el resto de días siempre y cuando no haya vacaciones.

Aprender para mejorar

Todo ese entrenamiento es, inevitablemente, fruto de muchos errores que dan lugar posteriormente a los aprendizajes. La propia Bestard defiende que “te ayudan a seguir adelante y confiar en el proceso y el camino y disfrutarlo”. También se enfrenta además a los nervios propios de una nueva etapa, ya que al ascender de categoría se enfrenta a un público más amplio y exigente y por tanto a “la presión de que te está viendo más gente”, explica.

Su desafío más inmediato será el próximo mes de octubre, en el campeonato europeo de regata por equipos. “No me lo creo aún, pero estoy muy orgullosa de mi trabajo”, reconoce. “Es un orgullo y demuestra que hemos entrenado mucho para llegar hasta aquí”. Algo que, como ella misma recuerda en todo momento, no habría sido posible sin el calor de sus entrenadores, sus familiares —en especial su madre— y sus compañeros y amigos.

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