Cuando hippies y anarquistas ocuparon una isla balear para salvarla de los ricos

Angy Galvín

Mallorca —

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Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera, Cabrera... ¿y sa Dragonera? Aunque es la menos conocida, la historia de Balears pasa por esta isla ubicada en el sudoeste de Mallorca, enfrente de una de las localidades más turísticas del archipiélago: Sant Elm. La lucha por salvar el islote de Sa Dragonera es la batalla contra la especulación y la destrucción de la naturaleza, que a veces acaba con final feliz.

¿Nos sobran visitantes? El impacto del turismo en los territorios frágiles

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El historiador Pere J. Garcia, autor del libro 'Salvem sa Dragonera. Història dels ecologismes a Mallorca' (Illa Edicions), recuerda que este parque natural estuvo a punto de convertirse en un “islote de veraneo para los ricos”, al cual se tendría que acceder en barco o a través del helipuerto que tenía previsto instalar la empresa promotora del resort de lujo, PAMESA (Patrimonial Mediterránea S. A.).

“Las movilizaciones fueron clave para salvar el islote, se entienden en un contexto muy específico: la mayoría de gente estaba movilizada porque se salía de la dictadura y había esperanzas de cambio”, explica Garcia. “Las sucesivas ocupaciones del islote sí que fueron una novedad”, añade.

“Había hippies, libertarios, anarquistas, intelectuales... No había ni campamento ni tiendas de campaña. Dormías debajo de los pinos o como mucho en un saco de dormir”, comenta el fotógrafo Eduard Miralles, quien participó en la ocupación de sa Dragonera y en las sucesivas movilizaciones que protagonizó la sociedad mallorquina en los años 70 en contra de la construcción del resort de lujo.

Las protestas, que se extendieron durante años, intentaban evitar que PAMESA edificase un complejo turístico en una zona de especial relevancia medioambiental. “Fue una explosión social, una lucha contra la destrucción del paisaje, que cada vez estaba -y está- más lleno de chalets”, comenta Miralles. “Nos decían que el contrato estaba firmado y que no conseguiríamos nada, pero había que luchar”, asegura.

Un especial valor medioambiental

Sa Dragonera es la casa de diversas colonias de pájaros, entre las cuales destaca la principal colonia de halcones marinos de España o las especies del halcón de Eleonora ('falcó marí' en catalán). Los ecologistas de la época defendieron que representa un ejemplo de la vegetación de las zonas áridas del Mediterráneo Occidental y que otorga una belleza singular al paisaje con su silueta, que actúa como prolongación de la Sierra Norte de Mallorca y cierra la bahía de Sant Elm.

Toni Munyoz, miembro del GOB, explica que sa Dragonera es una buena representación de los ecosistemas insulares que se han podido mantener al margen de la “explotación turístico-inmobiliaria”. La isla tiene elementos de fauna muy importantes, algunos incluso solo viven allí, como una subespecie de la lagartija balear y algunos crustáceos. También habitan especies amenazadas como la pardela cenicienta ('virot' en catalán), la pardela balear ('virot petit'), el paíño ('noneta'), los cormoranes ('corb marí') y la gaviota de Audouin ('gavina roja').

Poblado desde la época talaiótica, el islote quedó en manos del obispo de Barcelona Berenguer Palou tras la llegada de los cristianos. Entrado el siglo XIX pasó a manos de la familia Villalonga, hasta que en 1924 Joan March la compró. Una vez acabada la guerra, en 1939, la familia Villalonga volvió a comprar la isla y la vendió a Joan Flexas Pujol en 1944 por 15.000 pesetas. En 1974, PAMESA compró sa Dragonera a Flexas -aunque en realidad Flexas pasó a ser accionista de la empresa aportando sa Dragonera como capital por un valor de 300 millones-.

Veraneo para los ricos

Cinco urbanizaciones, servicios de lujo, red de carreteras y caminos, zonas de aparcamiento de vehículos, dos plantas potabilizadoras de agua, una depuradora, un puerto deportivo, un cable submarino eléctrico... La empresa PAMESA tenía planeada una urbanización casi completa del islote, para dar alojamiento a más de 4.500 personas.

PAMESA era una empresa de capital catalán, vinculada a la Banca Mas Sardà, a una inmobiliaria de Barcelona y a Cavas Codorniu, como explica Garcia. El historiador comenta que la entidad se construyó solo para edificar sa Dragonera. El objetivo era convertirla en un lugar de veraneo para gente adinerada, un proyecto que contó desde el minuto uno con el apoyo del Ajuntament de Andratx, que vio negocio en la urbanización del islote -desde el beneficio económico que le reportaría la concesión de licencias hasta los puestos de trabajo que estaban previstos-.

Tras unos pequeños cambios en el plan inicial, el Ajuntament de Andratx aprobó el plan urbanístico el 31 de diciembre de 1976, “cuando la población se estaba preparando para las fiestas y las cenas de fin de año, una fecha extraña que quizás respondiera más a la necesidad de no llamar la atención”, señala Garcia. El pueblo de Andratx, en la línea de su Consistorio, apoyó mayoritariamente el proyecto por intereses económicos, e incluso llegó al punto de querer hacer fuera al párroco, Joan Fracesc March, que era contrario a los planes urbanizadores.

Además, se creó una imagen distorsionada de los ecologistas, los hippies y los anarquistas que luchaban por el islote, hasta el punto de afirmar que tenían chalets o que habían ido a sa Dragonera a veranear. Como apunta Garcia en su libro, en una carta enviada al semanario Andraitx se decía que era una “juventud barbuda y desaliñada”.

Una movilización histórica

El historiador denuncia que las autoridades de la época hicieron todo lo posible para sucumbir a los “intereses especulativos”. Sa Dragonera pasó de espacio protegido a urbanizable en cuestión de meses. En 1976 se aprobó el PGOU de Andratx, que preveía la urbanización del islote. En principio todo estaba a punto para iniciar las obras, pero tanto el Ajuntament de Andratx como la empresa constructora se toparon con una gran oposición social contra la edificación de la isla, que fue declarada parque natural en 1995.

Xavier Pastor, dirigente del GOB en aquella época, explica que esta entidad lideró la lucha judicial, la cual fue “clave”. Hubo una batalla legal y burocrática, pero si no hubiera sido también por la amplia movilización social ocurrida entre 1977 y 1983, probablemente sa Dragonera sería hoy en día una gran urbanización de lujo. La mayoría de gente que participó en el proceso para salvar sa Dragonera era anónima, formaba parte de los movimientos sociales que aparecieron después de la dictadura. Destacan Terra i Llibertat, el GOB y la CNT.

También fue gente anónima la que ocupó el islote en repetidas ocasiones señal de protesta. La primera ocupación de sa Dragonera fue el 7 de julio de 1977, cuando un grupo de personas, de ideología libertaria y relacionadas con Terra i Llibertat, se armaron con mochilas y víveres para ocupar el islote. El primer problema: cómo llegar a él. “Tuvieron que hacerse pasar por estudiantes de la universidad para poder coger la golondrina que iba y venía regularmente”, explica Garcia.

Una vez allí, el grupo quedó incomunicado. Contaron con la ayuda de los que se manifestaban en Palma, quienes se organizaban para llevarles víveres o darles relevo. “A veces alguno pasaba con un barco y nos dejaba arroz o pasta”, comenta Miralles. “Comíamos mucho arroz con pescado. Venía de vez en cuando una zodiak a traernos frutas y un compañero que hacía prácticas de piloto nos tiraba chocolate desde la avioneta. La Guardia Civil flipaba”, añade Pujula.

Los propietarios de las barcas estaban advertidos de que no podían transportar a nadie hasta el islote, por lo que un grupo se quedó en la costa de Sant Elm y organizó desembarcos con barcas particulares o de plástico. O, incluso, nadando.

La ocupación del islote fue un proceso lento, condicionado por las patrulleras de la Guardia Civil y la vigilancia costanera, que paraban muchos intentos de ir hacia él. Esto hizo empeorar las condiciones de vida en el islote. En aquel momento, cuarenta personas lo ocupaban. Una de ellas era Montse Pujula, del grupo Terra i Llibertat: “Ser ecologista es ser revolucionario. Éramos jóvenes y teníamos ganas de cambiar el mundo. Me defino más como libertaria que como anarquista”.

“Fue una gran aventura, en mi casa no sabían que me había ido. Creo que no era ni mayor de edad. Les dije que estaba en casa de un amigo estudiando. Mucha gente joven de diferentes ideologías querían hacer cosas diferentes”, comenta. “Casi todo el mundo tenía vestimenta 'hippie', pero en aquel momento era lo normal, la palabra 'hippie' vino después. La manera de vestir era una manera de romper con el pasado. Yo llevaba camisetas de mi padre y mi madre me las quitaba”, añade.

Pujula recuerda que “la ocupación no podía ser más cutre, dormíamos en sacos de dormir” y que pasó “mucho miedo” por las patrullas de la Guardia Civil, en una época en la que el franquismo todavía impregnaba los aparatos del Estado. La idea de la ocupación fue de Basilio Baltasar, quien planeó la fecha del 7 de julio de 1977: “En unas semanas organizamos toda la ocupación”, explica Pujula.

Los ocupantes de sa Dragonera contaban también con los actos que se llevaban a cabo en la capital mallorquina, con el objetivo de recaudar dinero y alimentos, y algunas personalidades como la cantante Maria del Mar Bonet o el pintor Joan Miró apoyaron la causa. Terra i Lliberat llegó a organizar una performance para vender de forma ficticia parcelas de sa Dragonera, mientras llenaban las calles de plásticos y basura como metáfora de lo que pasaría si el islote fuera urbanizado.

Sa Dragonera llegó a ser uno de los principales temas de debate durante varios años y hasta la BBC hizo un reportaje sobre este islote balear. Las movilizaciones comenzaron en 1977 por colectivos anarquistas y, a lo largo de los cinco o seis años posteriores, se fueron sucediendo. Hubo hasta tres ocupaciones del islote. Entre 1977 y 1979, los anarquistas de Terra i Llibertat impulsaron una movilización constante, con la consecuente represión policial.

Denunciamos la expoliación a la que estamos sometidos por las clases dominantes asentadas en las Islas. La construcción en una isla virgen de una zona de recreo para aburridos millonarios nada tiene que ver con lo que necesitamos

Una vez disuelto este grupo, solo el GOB, que no apoyó desde el inicio la ocupación del islote, fue capaz de mantener un cierto nivel de protestas -por ejemplo, repartieron postales entre los ciudadanos para que las enviaran a la casa del gerente de Codorniu, a quien culpaban de ser el instigador de la urbanización del islote-.

Declaración como parque natural

La última gran manifestación a favor de sa Dragonera fue el 29 de agosto de 1981. Finalmente, los tribunales dieron la razón a los ecologistas -en 1983 se declararon nulos los planes urbanísticos sobre el islote- y sa Dragonera no fue urbanizada. Años más tarde fue comprada por el Consell de Mallorca por 280 millones de pesetas al Banco Bilbao y fue declarada parque natural en 1995.

Sa Dragonera se ha convertido en un parque natural, orgullo del ecologismo. Un lugar que ha permanecido virgen y que es habitado por una multitud de animales y plantas que viven libremente, lejos de la perniciosa mano del hombre.

“Cuando voy a Sant Elm y veo sa Dragonera, me siento orgullosa. Soy más consciente ahora que en aquel momento. En la vida hacemos muchas cosas y no siempre ganas, pero en esta ocasión sí que ganamos. Todo el mundo hizo suya la lucha por defender la isla”, comenta Pujula.

Garcia dice que “sa Dragonera fue el inicio de la expansión de la conciencia ecologista en la población mallorquina, aunque se haya convertido también paradójicamente en un reclamo turístico del capitalismo”. “Ahora muchos chalets y urbanizaciones cierran el acceso al mar y los mallorquines nos estamos quedando sin poder ir la playa”, afirma. Una crítica a la que se suma Miralles: “Las constructoras siempre buscan fórmulas para destruir el paisaje, queda mucho por luchar”.

La fotografía de sa Dragonera, distribuida bajo la licencia de Creative Commons, pertenece a esta web. La televisión autonómica IB3 hizo un reportaje sobre el islote, 'Correnties de Sa Dragonera', en el que repasa su historia a raíz del 25 aniversario de la declaración del Parque Natural.

Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera, Cabrera... ¿y sa Dragonera? Aunque es la menos conocida, la historia de Balears pasa por esta isla ubicada en el sudoeste de Mallorca, enfrente de una de las localidades más turísticas del archipiélago: Sant Elm. La lucha por salvar el islote de Sa Dragonera es la batalla contra la especulación y la destrucción de la naturaleza, que a veces acaba con final feliz.

¿Nos sobran visitantes? El impacto del turismo en los territorios frágiles

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El historiador Pere J. Garcia, autor del libro 'Salvem sa Dragonera. Història dels ecologismes a Mallorca' (Illa Edicions), recuerda que este parque natural estuvo a punto de convertirse en un “islote de veraneo para los ricos”, al cual se tendría que acceder en barco o a través del helipuerto que tenía previsto instalar la empresa promotora del resort de lujo, PAMESA (Patrimonial Mediterránea S. A.).

“Las movilizaciones fueron clave para salvar el islote, se entienden en un contexto muy específico: la mayoría de gente estaba movilizada porque se salía de la dictadura y había esperanzas de cambio”, explica Garcia. “Las sucesivas ocupaciones del islote sí que fueron una novedad”, añade.

“Había hippies, libertarios, anarquistas, intelectuales... No había ni campamento ni tiendas de campaña. Dormías debajo de los pinos o como mucho en un saco de dormir”, comenta el fotógrafo Eduard Miralles, quien participó en la ocupación de sa Dragonera y en las sucesivas movilizaciones que protagonizó la sociedad mallorquina en los años 70 en contra de la construcción del resort de lujo.

Las protestas, que se extendieron durante años, intentaban evitar que PAMESA edificase un complejo turístico en una zona de especial relevancia medioambiental. “Fue una explosión social, una lucha contra la destrucción del paisaje, que cada vez estaba -y está- más lleno de chalets”, comenta Miralles. “Nos decían que el contrato estaba firmado y que no conseguiríamos nada, pero había que luchar”, asegura.

Un especial valor medioambiental

Sa Dragonera es la casa de diversas colonias de pájaros, entre las cuales destaca la principal colonia de halcones marinos de España o las especies del halcón de Eleonora ('falcó marí' en catalán). Los ecologistas de la época defendieron que representa un ejemplo de la vegetación de las zonas áridas del Mediterráneo Occidental y que otorga una belleza singular al paisaje con su silueta, que actúa como prolongación de la Sierra Norte de Mallorca y cierra la bahía de Sant Elm.

Toni Munyoz, miembro del GOB, explica que sa Dragonera es una buena representación de los ecosistemas insulares que se han podido mantener al margen de la “explotación turístico-inmobiliaria”. La isla tiene elementos de fauna muy importantes, algunos incluso solo viven allí, como una subespecie de la lagartija balear y algunos crustáceos. También habitan especies amenazadas como la pardela cenicienta ('virot' en catalán), la pardela balear ('virot petit'), el paíño ('noneta'), los cormoranes ('corb marí') y la gaviota de Audouin ('gavina roja').

Poblado desde la época talaiótica, el islote quedó en manos del obispo de Barcelona Berenguer Palou tras la llegada de los cristianos. Entrado el siglo XIX pasó a manos de la familia Villalonga, hasta que en 1924 Joan March la compró. Una vez acabada la guerra, en 1939, la familia Villalonga volvió a comprar la isla y la vendió a Joan Flexas Pujol en 1944 por 15.000 pesetas. En 1974, PAMESA compró sa Dragonera a Flexas -aunque en realidad Flexas pasó a ser accionista de la empresa aportando sa Dragonera como capital por un valor de 300 millones-.

Veraneo para los ricos

Cinco urbanizaciones, servicios de lujo, red de carreteras y caminos, zonas de aparcamiento de vehículos, dos plantas potabilizadoras de agua, una depuradora, un puerto deportivo, un cable submarino eléctrico... La empresa PAMESA tenía planeada una urbanización casi completa del islote, para dar alojamiento a más de 4.500 personas.

PAMESA era una empresa de capital catalán, vinculada a la Banca Mas Sardà, a una inmobiliaria de Barcelona y a Cavas Codorniu, como explica Garcia. El historiador comenta que la entidad se construyó solo para edificar sa Dragonera. El objetivo era convertirla en un lugar de veraneo para gente adinerada, un proyecto que contó desde el minuto uno con el apoyo del Ajuntament de Andratx, que vio negocio en la urbanización del islote -desde el beneficio económico que le reportaría la concesión de licencias hasta los puestos de trabajo que estaban previstos-.

Tras unos pequeños cambios en el plan inicial, el Ajuntament de Andratx aprobó el plan urbanístico el 31 de diciembre de 1976, “cuando la población se estaba preparando para las fiestas y las cenas de fin de año, una fecha extraña que quizás respondiera más a la necesidad de no llamar la atención”, señala Garcia. El pueblo de Andratx, en la línea de su Consistorio, apoyó mayoritariamente el proyecto por intereses económicos, e incluso llegó al punto de querer hacer fuera al párroco, Joan Fracesc March, que era contrario a los planes urbanizadores.

Además, se creó una imagen distorsionada de los ecologistas, los hippies y los anarquistas que luchaban por el islote, hasta el punto de afirmar que tenían chalets o que habían ido a sa Dragonera a veranear. Como apunta Garcia en su libro, en una carta enviada al semanario Andraitx se decía que era una “juventud barbuda y desaliñada”.

Una movilización histórica

El historiador denuncia que las autoridades de la época hicieron todo lo posible para sucumbir a los “intereses especulativos”. Sa Dragonera pasó de espacio protegido a urbanizable en cuestión de meses. En 1976 se aprobó el PGOU de Andratx, que preveía la urbanización del islote. En principio todo estaba a punto para iniciar las obras, pero tanto el Ajuntament de Andratx como la empresa constructora se toparon con una gran oposición social contra la edificación de la isla, que fue declarada parque natural en 1995.

Xavier Pastor, dirigente del GOB en aquella época, explica que esta entidad lideró la lucha judicial, la cual fue “clave”. Hubo una batalla legal y burocrática, pero si no hubiera sido también por la amplia movilización social ocurrida entre 1977 y 1983, probablemente sa Dragonera sería hoy en día una gran urbanización de lujo. La mayoría de gente que participó en el proceso para salvar sa Dragonera era anónima, formaba parte de los movimientos sociales que aparecieron después de la dictadura. Destacan Terra i Llibertat, el GOB y la CNT.

También fue gente anónima la que ocupó el islote en repetidas ocasiones señal de protesta. La primera ocupación de sa Dragonera fue el 7 de julio de 1977, cuando un grupo de personas, de ideología libertaria y relacionadas con Terra i Llibertat, se armaron con mochilas y víveres para ocupar el islote. El primer problema: cómo llegar a él. “Tuvieron que hacerse pasar por estudiantes de la universidad para poder coger la golondrina que iba y venía regularmente”, explica Garcia.

Una vez allí, el grupo quedó incomunicado. Contaron con la ayuda de los que se manifestaban en Palma, quienes se organizaban para llevarles víveres o darles relevo. “A veces alguno pasaba con un barco y nos dejaba arroz o pasta”, comenta Miralles. “Comíamos mucho arroz con pescado. Venía de vez en cuando una zodiak a traernos frutas y un compañero que hacía prácticas de piloto nos tiraba chocolate desde la avioneta. La Guardia Civil flipaba”, añade Pujula.

Los propietarios de las barcas estaban advertidos de que no podían transportar a nadie hasta el islote, por lo que un grupo se quedó en la costa de Sant Elm y organizó desembarcos con barcas particulares o de plástico. O, incluso, nadando.

La ocupación del islote fue un proceso lento, condicionado por las patrulleras de la Guardia Civil y la vigilancia costanera, que paraban muchos intentos de ir hacia él. Esto hizo empeorar las condiciones de vida en el islote. En aquel momento, cuarenta personas lo ocupaban. Una de ellas era Montse Pujula, del grupo Terra i Llibertat: “Ser ecologista es ser revolucionario. Éramos jóvenes y teníamos ganas de cambiar el mundo. Me defino más como libertaria que como anarquista”.

“Fue una gran aventura, en mi casa no sabían que me había ido. Creo que no era ni mayor de edad. Les dije que estaba en casa de un amigo estudiando. Mucha gente joven de diferentes ideologías querían hacer cosas diferentes”, comenta. “Casi todo el mundo tenía vestimenta 'hippie', pero en aquel momento era lo normal, la palabra 'hippie' vino después. La manera de vestir era una manera de romper con el pasado. Yo llevaba camisetas de mi padre y mi madre me las quitaba”, añade.

Pujula recuerda que “la ocupación no podía ser más cutre, dormíamos en sacos de dormir” y que pasó “mucho miedo” por las patrullas de la Guardia Civil, en una época en la que el franquismo todavía impregnaba los aparatos del Estado. La idea de la ocupación fue de Basilio Baltasar, quien planeó la fecha del 7 de julio de 1977: “En unas semanas organizamos toda la ocupación”, explica Pujula.

Los ocupantes de sa Dragonera contaban también con los actos que se llevaban a cabo en la capital mallorquina, con el objetivo de recaudar dinero y alimentos, y algunas personalidades como la cantante Maria del Mar Bonet o el pintor Joan Miró apoyaron la causa. Terra i Lliberat llegó a organizar una performance para vender de forma ficticia parcelas de sa Dragonera, mientras llenaban las calles de plásticos y basura como metáfora de lo que pasaría si el islote fuera urbanizado.

Sa Dragonera llegó a ser uno de los principales temas de debate durante varios años y hasta la BBC hizo un reportaje sobre este islote balear. Las movilizaciones comenzaron en 1977 por colectivos anarquistas y, a lo largo de los cinco o seis años posteriores, se fueron sucediendo. Hubo hasta tres ocupaciones del islote. Entre 1977 y 1979, los anarquistas de Terra i Llibertat impulsaron una movilización constante, con la consecuente represión policial.

Denunciamos la expoliación a la que estamos sometidos por las clases dominantes asentadas en las Islas. La construcción en una isla virgen de una zona de recreo para aburridos millonarios nada tiene que ver con lo que necesitamos

Una vez disuelto este grupo, solo el GOB, que no apoyó desde el inicio la ocupación del islote, fue capaz de mantener un cierto nivel de protestas -por ejemplo, repartieron postales entre los ciudadanos para que las enviaran a la casa del gerente de Codorniu, a quien culpaban de ser el instigador de la urbanización del islote-.

Declaración como parque natural

La última gran manifestación a favor de sa Dragonera fue el 29 de agosto de 1981. Finalmente, los tribunales dieron la razón a los ecologistas -en 1983 se declararon nulos los planes urbanísticos sobre el islote- y sa Dragonera no fue urbanizada. Años más tarde fue comprada por el Consell de Mallorca por 280 millones de pesetas al Banco Bilbao y fue declarada parque natural en 1995.

Sa Dragonera se ha convertido en un parque natural, orgullo del ecologismo. Un lugar que ha permanecido virgen y que es habitado por una multitud de animales y plantas que viven libremente, lejos de la perniciosa mano del hombre.

“Cuando voy a Sant Elm y veo sa Dragonera, me siento orgullosa. Soy más consciente ahora que en aquel momento. En la vida hacemos muchas cosas y no siempre ganas, pero en esta ocasión sí que ganamos. Todo el mundo hizo suya la lucha por defender la isla”, comenta Pujula.

Garcia dice que “sa Dragonera fue el inicio de la expansión de la conciencia ecologista en la población mallorquina, aunque se haya convertido también paradójicamente en un reclamo turístico del capitalismo”. “Ahora muchos chalets y urbanizaciones cierran el acceso al mar y los mallorquines nos estamos quedando sin poder ir la playa”, afirma. Una crítica a la que se suma Miralles: “Las constructoras siempre buscan fórmulas para destruir el paisaje, queda mucho por luchar”.

La fotografía de sa Dragonera, distribuida bajo la licencia de Creative Commons, pertenece a esta web. La televisión autonómica IB3 hizo un reportaje sobre el islote, 'Correnties de Sa Dragonera', en el que repasa su historia a raíz del 25 aniversario de la declaración del Parque Natural.

Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera, Cabrera... ¿y sa Dragonera? Aunque es la menos conocida, la historia de Balears pasa por esta isla ubicada en el sudoeste de Mallorca, enfrente de una de las localidades más turísticas del archipiélago: Sant Elm. La lucha por salvar el islote de Sa Dragonera es la batalla contra la especulación y la destrucción de la naturaleza, que a veces acaba con final feliz.

¿Nos sobran visitantes? El impacto del turismo en los territorios frágiles

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El historiador Pere J. Garcia, autor del libro 'Salvem sa Dragonera. Història dels ecologismes a Mallorca' (Illa Edicions), recuerda que este parque natural estuvo a punto de convertirse en un “islote de veraneo para los ricos”, al cual se tendría que acceder en barco o a través del helipuerto que tenía previsto instalar la empresa promotora del resort de lujo, PAMESA (Patrimonial Mediterránea S. A.).