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Dentro de una necrópolis de hace 3.500 años: el hallazgo excepcional que busca desentrañar la prehistoria de Mallorca

Pau Sureda y Jordi Hernández, codirectores de las excavaciones en Son Sunyer

Esther Ballesteros / Francisco Ubilla

Mallorca —
31 de octubre de 2026 22:12 h

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“¿Veis? Aquí solo se conserva la parte inferior de la antecámara y aquí podéis ver la esquina de otra. En aquella, en cambio, se conservan enteras”. Pau Sureda, investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC, conoce bien cada rincón de la necrópolis de Son Sunyer, situada a escasos kilómetros del aeropuerto de Palma, allí donde el paisaje se vuelve ajeno al trasiego de aviones y de la expansión urbana. Entre corredores, cámaras centrales y nichos laterales, algunos de ellos mutilados por el paso del tiempo y la extracción de marés, las excavaciones llevadas a cabo en este antiguo laberinto funerario han logrado documentar algo excepcional: restos humanos y cerámicas que abren nuevas vías para reconstruir cómo vivían —y cómo despedían a sus muertos— los habitantes de Mallorca hace unos 3.500 años, mucho antes de que los talayots comenzaran a dibujar su silueta.

Es el último día de trabajo y, bajo el sol de finales de octubre, los arqueólogos apuran las tareas de campo. elDiario.es ha acompañado al equipo durante parte de la jornada para conocer de cerca los resultados de una campaña que ha permitido documentar, en uno de los hipogeos de la necrópolis, niveles funerarios de la Edad del Bronce, la etapa que transformó la isla hace entre 3.000 y 4.000 años. Bajo los vestigios de las ocupaciones posteriores, el yacimiento conserva las huellas de una comunidad que utilizó cavidades excavadas en la roca para dar sepultura a sus muertos: “Lo más antiguo son los restos funerarios: restos óseos humanos y también cerámica prehistórica”, explica Sureda, codirector de las excavaciones junto a Jordi Hernández, investigador del Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC-CERCA).

El hallazgo cobra especial relevancia porque, en Mallorca, numerosos hipogeos han sufrido alteraciones, reutilizaciones o vaciados que dificultan la reconstrucción de su función original. En Son Sunyer, el espacio fue frecuentado durante diferentes épocas y la extracción de bloques de marés durante los siglos XVI y XVII destruyó parcialmente el conjunto, una sucesión de usos y transformaciones que había dificultado la identificación de los niveles correspondientes a los enterramientos prehistóricos. La excavación actual, sin embargo, ha permitido comprobar que, bajo los depósitos más recientes, todavía se conservaban evidencias de aquella primera función funeraria.

Los hallazgos cobran especial relevancia porque, en Mallorca, numerosos hipogeos han sufrido alteraciones, reutilizaciones o vaciados. En Son Sunyer, la extracción de bloques de marés destruyó parcialmente el conjunto pero, bajo los depósitos más recientes, todavía se conservaban evidencias de aquella primera función funeraria

Interior de una de las cavidades del yacimiento de Son Sunyer

Restos humanos, cerámicas y preguntas todavía abiertas

Mientras los arqueólogos retiran cuidadosamente la tierra, aparece un punzón entre los sedimentos. Se trata de una pequeña herramienta que pudo utilizarse para trabajar el cuero y las pieles. “La forma de la punta permite distinguirlo de otros instrumentos”, explica Sureda mientras observa el hallazgo. En determinados contextos de la Edad del Bronce, los punzones metálicos aparecen en enterramientos femeninos y se han interpretado como posibles indicadores de la participación de las mujeres en la producción textil. La pieza se suma a los vestigios que los arqueólogos estudian en el yacimiento para reconstruir la vida cotidiana de las comunidades prehistóricas que se asentaron en la zona.

Son Sunyer está formado por nueve hipogeos, cuevas artificiales excavadas en la roca que se utilizaron como espacios funerarios durante el periodo que precedió en la isla a la histórica cultura talayótica. Sus cámaras presentan configuraciones diversas: algunas son pequeñas y de planta circular; otras presentan estructuras más complejas, con corredores, cámaras, bancos adosados a las paredes y nichos laterales. El equipo ha podido identificar niveles correspondientes al uso prehistórico del hipogeo SSU9, descubierto durante la campaña de 2024 después de que el equipo advirtiera una estructura excavada en la roca que no encajaba con las huellas de una antigua cantera. La prospección con georradar permitió investigar las anomalías detectadas bajo el terreno y orientar la excavación posterior.

La existencia de esta cámara, que hasta entonces había pasado inadvertida, abrió una oportunidad para estudiar una estructura funeraria que ninguna investigación anterior había documentado.

El equipo ha podido identificar niveles correspondientes al uso prehistórico del hipogeo SSU9, descubierto en 2024 tras advertir una estructura excavada en la roca que no encajaba con las huellas de una antigua cantera. La existencia de esta cámara abrió una oportunidad para estudiar una estructura funeraria que ninguna investigación anterior había documentado

Punzón hallado durante las excavaciones

A partir de ese momento, los arqueólogos se adentraron en las entrañas de la tierra para desentrañar los secretos que, durante milenios, la roca había custodiado. Entre los materiales recuperados figuran restos óseos humanos, fragmentos de cerámica, punzones metálicos y botones fabricados a partir de huesos de animales. Cada fragmento constituye una pieza más de un puzle que puede ayudar a reconstruir los rituales funerarios de aquellas comunidades prehistóricas. El estudio paleopatológico de los restos humanos recuperados en las intervenciones anteriores identificó al menos dos individuos adultos y una alteración leve en una falange de la mano, posiblemente relacionada con actividades que exigían un uso intenso de las manos.  

La disposición de la cámara ofrece pistas, asimismo, sobre cómo se organizaban los enterramientos. Los investigadores plantean que los cuerpos se depositaban inicialmente sobre los bancos de piedra o en los nichos laterales, donde se desarrollaría una primera fase del ritual funerario. Con el paso del tiempo, los restos óseos podrían haberse trasladado a la zona central para dejar espacio a nuevos enterramientos. Esta hipótesis explicaría por qué los huesos aparecen dispersos y desarticulados. Otro de los aspectos que los arqueólogos esperan esclarecer es la presencia de enterramientos infantiles y qué lugar ocupaban los niños dentro de los rituales colectivos.

Las futuras investigaciones permitirán estudiar los restos humanos para conocer aspectos como la edad de los individuos, sus posibles patologías, su alimentación y sus características genéticas. También abren la posibilidad de analizar su ADN antiguo para explorar posibles relaciones de parentesco entre ellos y comparar sus características genéticas con las de otras poblaciones del Mediterráneo occidental.

Las futuras investigaciones permitirán estudiar los restos humanos para conocer aspectos como la edad de los individuos, sus posibles patologías, su alimentación y sus características genéticas. También abren la posibilidad de analizar su ADN antiguo para comparar sus características genéticas con las de otras poblaciones del Mediterráneo occidental

Última jornada de excavaciones en Son Sunyer

La necrópolis que sobrevivió a una cantera

La ubicación de Son Sunyer también ayuda a reconstruir el paisaje en el que se levantó la necrópolis. Las cavidades se encuentran en una elevación rocosa próxima al antiguo humedal del Prat de Sant Jordi, un entorno muy distinto del actual. Antes de su desecación, culminada en el siglo XIX, la zona estaba marcada por la presencia de la albufera y de terrenos húmedos. Según la interpretación de Jordi Hernández, autor del trabajo Els hipogeus de Son Sunyer (Es Pil·larí, Palma), seixanta anys després, las áreas interiores ofrecían mejores condiciones para los asentamientos agrícolas, mientras que la franja próxima al humedal y al mar pudo tener una función diferenciada dentro del territorio. La situación de Son Sunyer invita así a estudiar la posible relación entre los espacios destinados a los vivos y los lugares reservados a los muertos.

La historia del lugar, sin embargo, no termina con los enterramientos de la Edad del Bronce. Las excavaciones han documentado materiales que apuntan a que las cavidades volvieron a utilizarse o fueron frecuentadas en épocas posteriores, desde el periodo talayótico hasta tiempos más recientes, pasando por el periodo medieval islámico. Algunas de estas transformaciones dejaron huellas visibles en la propia roca. En una de las cavidades fue hallada una abertura en la parte superior que pudo facilitar la entrada de luz o la salida del humo así como modificaciones en el acceso que podrían corresponder a la instalación de una puerta de madera. En el interior, varios huecos cuadrados alineados en la pared plantean la posibilidad de que se utilizaran para sujetar una estructura de madera, quizás un lecho.

Las excavaciones han documentado materiales que apuntan a que las cavidades volvieron a utilizarse o fueron frecuentadas en épocas posteriores, desde el periodo talayótico hasta tiempos más recientes, pasando por el periodo medieval islámico

Un arqueólogo sostiene una pieza extraída de los sedimentos de uno de los hipogeos de Son Sunyer

En otro de los hipogeos, los investigadores localizaron un abrevadero tallado en uno de los bancos de piedra, un elemento que apunta a su utilización como establo. La presencia de restos de animales, entre ellos ovejas, cabras, ganado bovino, cerdos, caballos o asnos, conejos y gallinas, ofrece nuevas pistas sobre las actividades desarrolladas en el lugar. La estructura apunta a que este uso habría requerido rebajar el suelo para ganar altura y facilitar la entrada y permanencia de los animales.

Sin embargo, la transformación más destructiva llegó con la explotación de la piedra: la actividad extractiva de los siglos XVI y XVII cambió la fisonomía de algunas cavidades y alteró los niveles arqueológicos. Sureda plantea incluso que algunos restos podrían corresponder a alimentos consumidos por los trabajadores que acudían a extraer bloques de marés y utilizaban el hipogeo como pequeño refugio o lugar de descanso. Las cavidades también fueron reutilizadas a lo largo del tiempo como refugio o espacio para guardar animales. La sucesión de evidencias convierte así Son Sunyer en un registro de larga duración: un espacio concebido para enterrar a los muertos que, con el paso de los siglos, fue incorporado a otras actividades humanas.

La transformación más destructiva llegó con la explotación de la piedra: la actividad extractiva de los siglos XVI y XVII cambió la fisonomía de algunas cavidades y alteró los niveles arqueológicos

Selección de materiales arqueológicos documentados en Son Sunyer, entre ellos restos humanos, fragmentos de cerámica y otras evidencias de distintas etapas históricas

Tras las redes de intercambio de metales en el Mediterráneo Occidental

Las investigaciones se enmarcan en un proyecto que sitúa la investigación balear en un marco mucho más amplio: 'Premetoc' (Prehistoria y metalurgia en las sociedades del Mediterráneo Occidental), financiado por la Xunta de Galicia —y que también ha contado con aportaciones del Consell de Mallorca y la colaboración de la asociación Amics de Na Galera—, busca comprender la forma en que las distintas sociedades del Mediterráneo Occidental se relacionaron entre sí a partir del estudio de los sistemas de distribución de los metales durante la Edad del Bronce.

En el yacimiento de Es Velar, situado en el municipio de Santanyí, las excavaciones comenzaron el 12 de octubre con el objetivo de ampliar las áreas investigadas y localizar restos de actividad metalúrgica. Durante la campaña de 2025, el equipo documentó niveles arqueológicos bien conservados de finales del tercer milenio antes de nuestra era. Estos hallazgos apuntan a que Es Velar podría ser uno de los yacimientos al aire libre mejor conservados de este periodo y uno de los ejemplos más destacados del grupo arqueológico campaniforme en las islas.

La nueva intervención pretende localizar restos metalúrgicos similares a los encontrados en superficie durante la década de 1980, con el fin de avanzar en el conocimiento de la actividad metalúrgica desarrollada en el yacimiento. Los primeros resultados de los trabajos se presentarán en noviembre en las Jornadas Locales de Santanyí. La campaña cuenta, además, con el apoyo de la asociación cultural Lausa.

Un arqueólogo criba la tierra extraída durante las excavaciones de Son Sunyer para recuperar pequeños restos arqueológicos
Pequeños restos recuperados que no siempre son visibles durante la excavación

Un registro excepcional para estudiar la prehistoria mallorquina

El conocimiento de Son Sunyer se remonta a las primeras investigaciones arqueológicas del siglo XX. El yacimiento fue documentado de manera destacada en los años sesenta por el arqueólogo Guillem Rosselló Bordoy, que estudió varias de las cavidades funerarias y los materiales que se habían conservado en ellas. Los planos de estructuras anteriores también fueron publicados por el investigador e historiador Miquel Àngel Mascaró Pasarius.

Cuando en 2016 comenzaron los trabajos de limpieza encabezados por Jorge Argüello para localizar las cavidades y despejar sus accesos, los arqueólogos encontraron que algunas matas y acebuches habían crecido incluso en el interior de los hipogeos que habían quedado abiertos al cielo. En la conocida como cova de la Figuera, los brotes de los árboles cubrían por completo la entrada original. La vegetación había borrado del paisaje unas estructuras que, pese a su importancia arqueológica, habían permanecido durante años fuera de la mirada pública.

Las labores de desbroce se reanudaron en 2020, primero con tareas de limpieza y adecuación del terreno y después con excavaciones arqueológicas, lo que ha permitido revisar el conjunto con nuevas técnicas de investigación. En aquellos trabajos, los arqueólogos ya habían observado en superficie numerosos fragmentos de cerámica de distintas épocas y algunos restos humanos, aunque no llegaron a recogerlos. La intervención de 2022, que sí implicó la remoción de tierras, permitió recuperar nuevos materiales, clasificados en dos grandes categorías: restos de cultura material mueble y restos bioarqueológicos.

Excavaciones en Son Sunyer

El inventario de aquella campaña incluye 46 fragmentos arqueológicos de época moderna y 23 de época medieval islámica. Entre las piezas cerámicas hay materiales relacionados con la cocina, el almacenamiento y el consumo, indicios que apuntan a que las cavidades tuvieron usos domésticos en épocas posteriores a su función funeraria original y que algunas pudieron empezar a reutilizarse ya durante el periodo andalusí. La colaboración del INCIPIT-CSIC con Hernández y el equipo del ICAC-CERCA ha dado continuidad a este proyecto.

Los hipogeos permiten estudiar cómo se construían los espacios funerarios y cómo se organizaban los enterramientos colectivos antes del desarrollo de la cultura talayótica. La campaña de este año ha concluido con un resultado fundamental: la confirmación de que el hipogeo SSU9 conserva evidencias del uso funerario prehistórico bajo las capas correspondientes a etapas posteriores. El siguiente paso será estudiar los materiales recuperados y obtener dataciones que permitan precisar cuándo se utilizó la cámara y durante cuánto tiempo.

Para Sureda, el valor de Son Sunyer no se limita a la antigüedad de los restos. Lo importante es que los materiales conservados permiten formular preguntas nuevas y abordarlas con métodos científicos actuales.

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