Ana P. Santos, periodista: “Las reformas laborales que aprobó Qatar son cosméticas”

La periodista Ana P. Santos.

Francesca Cicardi


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La periodista filipina Ana P. Santos está especializada en migraciones y ha investigado las condiciones de las trabajadoras domésticas de su país en Europa y Oriente Próximo. Su trabajo en Qatar, con el apoyo del Pulitzer Center, desveló los casos de mujeres filipinas que emigraron para trabajar sobre todo como empleadas del hogar y acabaron en la cárcel por tener relaciones sexuales sin estar casadas.

Tener sexo fuera del matrimonio en Qatar se considera delito, lo que llaman zina en base a la ley islámica, y puede estar penado con hasta siete años de prisión. En 2017, la reportera pudo visitar a algunas de las mujeres encarceladas en Qatar, haciéndose pasar por una familiar de Filipinas e incluso asistió al juicio de una de ellas. Según cuenta Santos, durante el juicio, la mujer tenía que llevar una abaya (túnica tradicional negra que cubre todo el cuerpo) y no contaba con un traductor. Fue condenada por permitir que su amante entrara en la casa (donde era empleada), por tener sexo fuera del matrimonio y por adulterio, porque estaba casada en su país de origen.

¿La ley se está aplicando de manera más dura a las migrantes?

La ley es un reflejo de la sociedad en Oriente Medio: las mujeres no son vistas de igual a igual, ni como individuos que pueden decidir sobre sus propios cuerpos. ¡No estoy criticando el Islam! En Qatar se aplica esta ley a toda la población, de la que el 90% son inmigrantes. ¿Cuántos no son musulmanes? ¿Cuántos no conocen esta religión?

Además, las mujeres filipinas no tienen ningún conocimiento sobre salud reproductiva. El control de la natalidad es “cierra tus piernas” o “reza”. Son mujeres muy jóvenes, que salen de su país por primera vez, no tienen ni idea de contracepción o tienen vergüenza tanto de usar un método anticonceptivo como de admitir que están teniendo sexo, y se sienten muy solas.

¿Cómo caen las mujeres en esta trampa legal?

Cualquier mujer podría verse en esta situación; eso es lo que quería transmitir en mi trabajo. Conocen a estos hombres online, se encuentran a veces en la casa [donde están empleadas], otras en el centro comercial… Pero son engañadas por ellos. Una de las mujeres filipinas conoció a un hombre egipcio online que ya estaba casado, luego se tuvo que casar con ella cuando se quedó embarazada para no ser arrestado. La sacaron de prisión para casarla y él ni siquiera la miró a los ojos durante la ceremonia.

Las autoridades qataríes también persiguen a los hombres, pero ellos pueden escabullirse más fácilmente, simplemente porque no se quedan embarazados y no hay evidencia de que hayan tenido sexo fuera del matrimonio. Además, en internet pueden presentar una identidad falsa y luego es imposible dar con ellos. La cuestión es que piensan que estas mujeres son algo que pueden usar.

¿Es mejor la situación de las filipinas que no trabajan como empleadas del hogar?

El riesgo es mayor para las trabajadoras domésticas, pero conocí a una mujer contratada por una empresa privada, que trabajaba en una oficina. Por eso quiero destacar que le puede ocurrir a cualquiera, no solo a las limpiadoras. Pasó tres años en prisión: fue condenada por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio y tuvo que pasar más tiempo entre rejas porque acumuló deudas. 

¿Cuántas mujeres filipinas han sido condenadas por tener sexo fuera del matrimonio y cuántos niños han nacido en prisión?

Es difícil conocer el número exacto de las mujeres y sus hijos. Qatar dejó de informar sobre los casos de zina en 2012 y cuando estas mujeres vuelven a Filipinas, se les pierde la pista, regresan a sus provincias de origen, a sus aldeas, en contextos rurales muy conservadores. Sus hijos inevitablemente son diferentes porque sus padres no son filipinos: ellas viven en la vergüenza y sus hijos heredan esa vergüenza.

Se ha denunciado la explotación e incluso la muerte de los obreros migrantes que construyeron las infraestructuras del Mundial de Qatar. ¿A qué abusos están expuestas las trabajadoras?

Hay estudios que vinculan la violencia [contra las mujeres] en los hogares con los eventos deportivos. Eso podría ocurrir en las casas donde trabajan estas mujeres y sus empleadores creen que pueden hacer con ellas lo que quieran. Por otra parte, las que trabajan de cara al público están expuestas al acoso físico y verbal en un contexto en el que se mezclan las emociones de una competición deportiva y el alcohol (prohibido en público).

¿Ha habido casos de trabajadoras domésticas que hayan acabado en la cárcel tras haber sido violadas por sus empleadores y haberse quedado embarazadas?

Sí, ha habido casos pero yo no me encontré con ninguna durante mi estancia en Qatar. Son casos raros y extremos, y yo en mi trabajo quería centrarme en situaciones normales en las que cualquier mujer puede encontrarse.

¿El Mundial puede ser una oportunidad para mejorar la situación de los trabajadores migrantes en Qatar?

Las reformas laborales que Qatar aprobó son cosméticas, lo hizo por la gran presión a la que estuvo sometido pero, ¿qué ocurrirá cuando ya no exista toda esta atención por la Copa del Mundo? Qatar quería realmente mejorar su estatus internacional con este evento, quería crearse una reputación como país progresista y desarrollado, pero eso tiene que mantenerse después del Mundial. Los medios tenemos que seguir atentos.

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