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Claves de la tregua de cinco días entre Pakistán y Afganistán

Vista de la destrucción en el lugar de los supuestos ataques aéreos pakistaníes en Kabul.

EFE

18 de marzo de 2026 20:56 h

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El anuncio este miércoles de una tregua de cinco días entre el Afganistán (el Gobierno de facto talibán) y Pakistán marca un respiro en la escalada bélica que se ha cobrado la vida de centenares de personas desde su inicio el pasado 26 de febrero.

El cese de hostilidades se produce tras el bombardeo contra el Hospital Omid en Kabul, un ataque que ha supuesto un punto de inflexión para Islamabad en su denominada “lucha contra el terrorismo” ante una presión internacional que busca evitar un nuevo frente de guerra en el sur de Asia. Arabia Saudí, Qatar y Turquía han mediado para que se produzca la tregua temporal. Estas son las principales claves del conflicto y la tregua temporal.

Bombardeo a un hospital de Kabul

La noche del lunes, las autoridades de facto de la capital afgana denunciaron un bombardeo contra el Hospital Omid, un centro de rehabilitación para drogodependientes en el Distrito 9 de Kabul, que redujo a cenizas gran parte de las instalaciones mientras unos 2.000 pacientes dormían. Según el balance de Afganistán, el ataque causó al menos 408 muertos y 265 heridos; una cifra que la ONU está verificando.

Horas después, Pakistán reivindicó haber atacado “objetivos estratégicos” y bases militares en la capital, pero insistió en que sus operaciones fueron precisas y negó tajantemente haber atacado ningún edificio civil. Según Islamabad, el Hospital Omid se encuentra a varios kilómetros del antiguo Camp Phoenix, una antigua base de la OTAN que fue el objetivo real del ataque, ya que según su versión funcionaba como un arsenal y búnker encubierto de la insurgencia.

Sin embargo, la realidad a pie de calle contradice a Islamabad: residentes y registros sanitarios confirman que el recinto fue reconvertido hace una década en el mayor centro de desintoxicación del país para atajar la grave crisis de adicciones que asfixia a Afganistán.

¿Cuál es el conflicto?

Desde finales de febrero, Pakistán mantiene lo que ha calificado como una “guerra abierta” contra los grupos insurgentes que, asegura, operan desde suelo afgano bajo el resguardo de los talibanes y de cuya financiación acusa a la vecina India.

Según el Ejército pakistaní, su principal objetivo es el el grupo armado Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), los talibanes pakistaníes, a quienes responsabiliza de la reciente oleada de atentados en su territorio y de utilizar Afganistán como base de operaciones y arsenal.

Su ofensiva “Operación Ghazab-lil-Haq” desencadenó una grave escalada en la Línea Durand, la porosa frontera de facto que separa a ambos países, donde las tropas han intercambiado fuego de artillería pesada provocando numerosas bajas en ambos bandos.

El Gobierno talibán respondió con la operación “Red-ul-Zulm”, lanzando contraataques terrestres y empleando por primera vez drones armados que lograron alcanzar objetivos estratégicos cerca de Islamabad, elevando la tensión a un nivel de preguerra regional.

El límite civil

Este miércoles, la capital fue testigo de un goteo incesante de ambulancias descargando cuerpos en un cementerio cercano al lugar del desastre. Tras una oración fúnebre colectiva, más de 50 víctimas vinculadas a la capital o cuyos familiares dieron permiso para la sepultura masiva fueron enterradas en una misma fosa común.

Mientras, continúa el desamparo de decenas de familias que se concentran desde el martes frente a las ruinas del centro donde estaban sus allegados, sin información de su paradero ni esperanza después de que el Gobierno diera por finalizadas las tareas oficiales de búsqueda entre los escombros.

El entierro masivo es el punto de inflexión de la tragedia, que afecta a los más vulnerables: personas ajenas a la guerra y la política que vivieron sin dignidad ni cuidados y que, tras su muerte, han sido sepultadas sin los ritos individuales que dicta su cultura.

Una tregua desprotegida

La tragedia golpea a un país ya agotado por el aislamiento internacional y las deportaciones forzadas de afganos desde Pakistán e Irán. En este contexto de precariedad y bajo control talibán, la ONU discutió la pasada semana si se renovaría su misión en el país.

El Consejo de Seguridad anunció el lunes una prórroga de sólo tres meses bajo la presión de Estados Unidos, que insistió en poner fin a una de las operaciones más caras y complejas de las Naciones Unidas.

Ante el riesgo de una desestabilización regional, potencias como China han ejercido una firme presión sobre ambas capitales para frenar un conflicto que amenaza directamente sus intereses económicos, especialmente el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC).

A este reclamo se han sumado la Unión Europea y otras potencias globales, mientras organizaciones como la OMS y diversas ONG de derechos humanos urgen a realizar una investigación independiente.

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