EEUU e Irán llegan a las negociaciones en Pakistán entre acusaciones de violar el acuerdo y con demandas alejadas
Islamabad ya se ha blindado para acoger la primera ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, auspiciadas por el país anfitrión. En medio de las acusaciones cruzadas de incumplimiento del acuerdo sellado a principios de la semana, las delegaciones de ambos países se reúnen este sábado por la mañana para intentar poner fin a una guerra que ha causado miles de muertos y ha puesto en jaque los mercados globales. La confianza en que se pueda llegar a un entendimiento es igual de escasa que las probabilidades de que la tregua de dos semanas anunciada por Donald Trump no colapse antes de que expire.
El principal punto de fricción entre las dos partes ha sido el hecho de que la tregua no se haya aplicado a Líbano, con Israel que ha redoblado sus ataques esta semana contra el país vecino, donde el miércoles mató a más de 300 personas en una oleada de bombardeos. En la víspera de las conversaciones, el ejército israelí ha continuado sus ataques de artillería, con cazas y drones, especialmente contra el sur de Líbano, donde ha matado a 13 efectivos de las fuerzas de seguridad del país árabe en la localidad de Nabatiyeh. Desde el 2 de marzo, la ofensiva israelí ha causado más de 1.900 muertos y 6.000 heridos en Líbano.
El presidente del Parlamento de Irán y uno de los supuestos negociadores de este país en las conversaciones que tendrán lugar mañana, Mohamad Baqer Ghalibaf, ha advertido este viernes que dos de los puntos acordados con Washington no se han cumplido y deben cumplirse antes de que las negociaciones comiencen: un alto el fuego en Líbano y la liberación de los activos bloqueados de Irán, tal y como ha dicho en la red social X.
También el ministro de Exteriores iraní, Abas Araghchi, ha exigido este viernes el fin de los ataques israelíes y que Washington cumpla con los términos del acuerdo. Ni Ghalibaf ni Araghchi –que se espera que encabece la delegación negociadora de su país– han dicho explícitamente que Irán puede retirarse de las conversaciones.
Sin embargo, los iraníes tienen pocas razones para creer en la palabra de los estadounidenses, después de los antecedentes. Tanto en junio de 2025 como en febrero de este año, Donald Trump decía que quería apostar por la diplomacia para después atacar Irán, junto a Israel –con Benjamín Netanyahu incitando al presidente estadounidense para que opte por la vía militar en ambas ocasiones–.
“Para Irán, la escalada masiva de Israel en Líbano es un indicio de que Trump no es de fiar. Incluso antes de que comenzaran las conversaciones, Teherán cree que ya ha incumplido un punto del acuerdo de alto el fuego. Además, esto ha demostrado que Estados Unidos no puede controlar a Israel. Eso cambia el contexto, los objetivos y las expectativas para un posible acuerdo en Islamabad”, señala en X Vali Nsar, profesor en Johns Hopkins SAIS y ex asesor principal del Departamento de Estado estadounidense.
Según el principal mediador, Pakistán, el alto el fuego pactado entre EEUU e Irán incluía Líbano y así lo han repetido en los pasados días sus líderes. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, ha condenado los ataques israelíes contra Líbano, que no propician la desescalada regional que persiguen los mediadores.
Por su parte, Trump también ha acusado a Irán de incumplir el acuerdo al no permitir la navegación por el estrecho de Ormuz a todos los barcos, tal y como estaba pactado. Este viernes, el republicano ha vuelto a amenazar a los iraníes: “Estamos cargando los barcos con la mejor munición, las mejores armas jamás construidas, incluso mejores que las que usamos anteriormente, cuando los hicimos pedazos. Y si no alcanzamos un acuerdo, las utilizaremos de manera muy eficaz. Estamos tratando con personas de las que no sabemos si dicen la verdad o no”, ha asegurado en una entrevista con New York Post.
En su red social Truth Social, Trump ha mandado otro mensaje de cara a las negociaciones: “Los iraníes no parecen darse cuenta de que no tienen cartas, salvo una extorsión a corto plazo al mundo mediante el uso de las vías marítimas internacionales. La única razón por la que están vivos hoy es para negociar”.
¿Exigencias irreconciliables?
En este clima se sientan a la mesa de negociación los estadounidenses y los iraníes –aunque probablemente no se verán las caras, sino que los contactos serán indirectos–. Pero en el caso de Estados Unidos e Irán no solo es cuestión de desconfianza, sino también de intereses completamente opuestos. Según los detalles que se han filtrado a la prensa esta semana, las condiciones fijadas por Washington y por Teherán presentan discrepancias significativas.
Según los medios oficiales iraníes, entre los 10 puntos que exige Teherán están algunas cuestiones de difícil aceptación por parte de EEUU: el control iraní sobre el estrecho de Ormuz; la posibilidad de seguir enriqueciendo uranio; el levantamiento de todas las sanciones; el pago de una indemnización por los daños de guerra; la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región y el cese de las hostilidades en todos los frentes, incluyendo Líbano.
Por contra, los medios estadounidenses han publicado los 15 puntos de la Administración Trump y estos incluyen, además de la reapertura de Ormuz, el desmantelamiento de las centrales nucleares de Natanz, Isfahán y Fordow; un compromiso permanente de Teherán de no desarrollar armas nucleares ni enriquecer uranio y limitar el alcance y el número de sus misiles; así como el fin del apoyo a sus aliados regionales (el grupo chií Hizbulá en Líbano, los hutíes de Yemen y las milicias iraquíes).
Varios meses después de la primera ofensiva contra Irán, Washington pide el desmantelamiento de Natanz, Isfahán y Fordow, cuando en junio del año pasado, después de atacar esas instalaciones con las potentes bombas B-2, Trump insistió que habían sido completamente “aniquiladas”.
Aparte de esas exigencias, medios estadounidenses también indican que Washington tiene la intención de solicitar la liberación de los estadounidenses detenidos en Irán como parte de las conversaciones.
La urgencia de Ormuz
Uno de los objetivos declarados de Trump al iniciar el conflicto fue acabar con el programa nuclear iraní –así lo ha dicho en varias ocasiones–, la urgencia se centra ahora en Ormuz. Teherán ha demostrado que, a pesar de la asimetría militar, puede infligir el suficiente daño a una economía globalizada para resistir las bombas estadounidenses. Por mucho que el presidente de EEUU insista en que la tregua es una “victoria” para su país, la realidad habla por sí sola y el régimen iraní sabe que el precio del barril de crudo es un arma en sus manos.
Por el momento, Irán se ha mostrado dispuesto a dejar pasar por Ormuz los barcos que no sean de EEUU e Israel ni de países aliados, pero siempre con la autorización previa de Teherán, que ha amenazado con atacar aquellas embarcaciones que traten de hacerlo sin su permiso.
Según la cadena británica BBC, sólo 19 barcos han cruzado el estrecho de Ormuz desde el comienzo del alto el fuego hasta el 10 de abril. La agencia Marine Traffic ha rebajado esa cifra a 14, agregando que la mayoría de los barcos han pasado el estrecho para salir del golfo Pérsico y que estaban sometidos a sanciones, por tanto, eran iraníes.
Antes del conflicto, más de 100 embarcaciones pasaban cada día por esta vía marítima a través de la cual transitaba alrededor del 20% del petróleo y el gas a nivel mundial. No sólo Irán, sino los demás países del golfo Pérsico (Irak, Kuwait, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Qatar) tienen que navegar por Ormuz para exportar sus hidrocarburos.
Trump envía a su vicepresidente a Islamabad
En la última ronda de conversaciones indirectas entre EEUU e Irán –que tuvieron lugar en Suiza mientras el Pentágono hacía un gran despliegue de tropas en Oriente Medio antes de atacar el 28 de febrero–, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, lideraron el equipo estadounidense. El tándem negociador vuelve a repetir esta vez, pero se suma otra figura de peso en la Administración Trump: el vicepresidente JD Vance, que este viernes puso rumbo a Pakistán.
Vance es una de las figuras más aislacionistas del entorno del mandatario y que más abiertamente ha defendido la retirada de EEUU de los conflictos internacionales. Durante los primeros días del ataque a Irán, guardó silencio y, de hecho, se cree que fue el que se mostró más contrario a la operación militar ilegal cuando Trump consultó a su equipo. Precisamente, por esos motivos y porque defiende la esencia del America First, los iraníes ven con buenos ojos la participación de Vance.
Antes de subirse al Air Force Two rumbo a Islamabad, el vicepresidente se mostraba optimista: “Queremos negociar, creo que irá bien”. Aun así, también advertía a los iraníes: “Si intentan jugárnosla, entonces se encontrarán con un equipo negociador que no será receptivo”. Vance también aseguró que Trump les ha dado “unas directrices bastante claras” sobre cómo deben desarrollarse las conversaciones.
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