Mark Fortier, autor de 'Volverse facha': “Es más relajante y prudente dejarse llevar por la corriente de la ultraderecha”
Si no puedes con el enemigo... ¿escribe un libro? Mark Fortier ha decidido plantearse (y plantearnos) una pregunta incómoda: ¿Qué pasaría si, en medio de esta cada vez más grande ola reaccionaria, abandonáramos la resistencia y nos dejáramos llevar por la marea? La pregunta no es solo provocadora, también le permite al autor colocarse en un lugar diferente para entender el momento actual sin prejuicios, abriéndose ante lo que hasta entonces aborrecía: un intelectual de izquierdas dejándose seducir por los atractivos de la ultraderecha.
“He hecho mis cálculos y he llegado a la conclusión de que es el momento de firmar mi armisticio personal”, dice Fortier (Canadá, 1969) antes de meternos de lleno en su proceso de “volverse facha”. A medio camino entre el sarcasmo y el análisis sociológico, Fortier ahonda en el desconcierto de una izquierda que se siente impotente y agotada, incapaz de combatir a una extrema derecha que no huye de la ridiculez ni del absurdo que le achacan, sino que se alimenta con su propio espectáculo.
Fortier dibuja –en el libro y en esta entrevista, concedida en el marco de la publicación de la edición en español (Ed. Temas de Hoy)– un mundo que no se entiende con definiciones fáciles o inequívocas, sino que emerge de una niebla sobreinformada con ideas, citas y conceptos acuñados por estudiosos e intelectuales que han analizado el fenómeno del fascismo en los últimos años y hace casi un siglo. “Cuando los fascistas regresen –predijo George Orwell– llevarán un paraguas bien enrollado en el brazo y bombín en la cabeza”, recuerda Fortier en el libro. Y completa el retrato: “Su riqueza, la prueba indudable de sus méritos. El hecho de que hablemos de ellos sin parar, el testimonio indiscutible de su importancia. Tendremos la cosa, pero sin el término. Dicho de otro modo, sin su uniforme”.
Frente al terror y la alarma, Fortier elige el espejo. Mostrar lo fácil (y a veces tentador) que resulta caer en el cinismo político, para obligarnos a reevaluar nuestra propia postura. A fin de cuentas, “volverse facha” no siempre implica un cambio drástico, sino que puede ser un deslizamiento sutil: dejar de indignarse ante la injusticia, reírse de ciertos chistes o, simplemente, mirar hacia otro lado.
¿Por qué decidió escribir esta especie de sátira? ¿Fue una forma de exorcizar el miedo y la confusión que nos provoca el auge de la extrema derecha?
Exactamente. Opté por la ironía mordaz para exorcizar el miedo. Pero también porque la sátira permite pensar en contra de uno mismo, mediante la autoironía. ¡Un poco como El elogio de la locura de Erasmo! Y también es una forma de hacer que el texto sea accesible a un público amplio.
Afirma que vivimos en una época de fascismo sin fascismo y de democracia sin democracia. ¿Por qué?
El historiador Emilio Gentile habla de una “democracia escenificada”. Se llega a esta situación cuando la sociedad se vuelve incapaz de realizar los ideales de libertad e igualdad de la democracia. Esta se reduce entonces a los procedimientos electorales, a la selección de 'líderes'. Ya no tiene raíces sociales. Un árbol así cae inevitablemente si se levanta el viento.
Ceder ante la derecha autoritaria es renunciar a la amistad. Es elegir embrutecerse y carecer de corazón
¿Es agotadora la empatía? ¿Es posible que resulte demasiado exigente mantener una posición de izquierda en este periodo de cansancio democrático?
¡Se vuelve agotador! De hecho, esa es la premisa de mi libro: es más relajante y prudente dejarse llevar por la corriente de la ultraderecha. Dicho esto, como subrayo al final del ensayo, ceder ante la derecha autoritaria es renunciar a la amistad. Es elegir embrutecerse y carecer de corazón. Sin embargo, defender la decencia humana no es un proyecto de izquierda. Es simplemente el sentido común más elemental.
¿Cómo ha cambiado la forma en que se percibe y se siente el fascismo para seducir a alguien que nunca leería un manifiesto? ¿Es el fascismo el nuevo punk para una generación que no ha conocido las consecuencias reales del autoritarismo?
En Estados Unidos, me parece evidente que una de las fortalezas de Trump es haber ofrecido a todas las rabias, a todas las formas de impotencia, una oportunidad para derrocar los códigos de la sociedad; para aterrorizar a una parte de la élite culta. Pero Trump no es un punk, es más bien el personaje central de un gran carnaval político.
Los conservadores radicales están obsesionados con los lugares donde se transmiten los valores o las ideas: las escuelas, los medios de comunicación, la universidad, las artes
Usted afirma que “la infancia es el terreno donde se siembran las semillas del orden o de la libertad”. ¿Es por eso que la extrema derecha quiere controlar y limitar lo que se enseña en las escuelas?
En todas partes, los conservadores radicales están obsesionados con los lugares donde se transmiten los valores o las ideas: las escuelas, los medios de comunicación, la universidad, las artes. Los conciben como instrumentos de propaganda al servicio de los 'wokes' o de la 'izquierda de la diversidad'. Quieren convertirlos en objetos de propaganda ultraconservadora. Orbán, en Hungría, es un buen ejemplo de ello. Libran una batalla por conquistar las mentes. Y los jóvenes, por supuesto, están en el centro de la batalla.
En una época en la que el acceso a la vivienda es quizá el principal problema para los jóvenes, ¿cree que la extrema derecha está ganando la batalla al ofrecer un culpable tangible (el inmigrante) frente a la tibieza de la izquierda para señalar al culpable estructural (el rentista)?
¡Sí! ¡La administración Trump afirma que su política de expulsión de inmigrantes contribuye a bajar el precio de las viviendas! El acceso a la propiedad es el tema clave para su base electoral, más que el precio del alquiler de las viviendas. Los inquilinos viven en las ciudades, que son demócratas. Es interesante señalar que Zohran Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York, prometió precisamente atacar a los rentistas.
¿Es posible luchar contra el racismo sin resolver primero la precariedad económica que lleva al vecino a considerar al inmigrante como un competidor por los recursos?
En Estados Unidos, el racismo se dirige contra personas que llevan 400 años viviendo en el país: los afroamericanos. Esto demuestra lo complicadas que son las causas del racismo. Pero la inseguridad social y económica alimenta efectivamente este miedo al extranjero.
Cuanto más se extienden el caos y la confusión, más sienten las personas corrientes la necesidad de orden, a cualquier precio. El fascista ha comprendido que si siembra el caos, podrá transformar esa necesidad en un instrumento
En un mundo azotado por la crisis climática, ¿es el autoritarismo la respuesta desesperada de un capitalismo que ya no puede prometer crecimiento para todos?
Por supuesto. Estamos asistiendo a un retorno de los reflejos mercantilistas —imperios regionales y depredaciones políticas, militarización de los mares, empresas-Estados—, además porque la competencia por los recursos y la acumulación es cada vez más dura. Tanto por razones ecológicas como por la competencia. En un mundo tan finito, la presencia de poderosos actores económicos y políticos obsesionados con el crecimiento es incompatible con la paz y la democracia.
¿En qué medida el giro hacia la extrema derecha está relacionado con una crisis de la masculinidad tradicional? ¿Se trata de una reacción ante la amenaza que pesa sobre un papel histórico de autoridad?
No entiendo bien la causa de este virilismo. Existe un texto muy popular entre la derecha estadounidense titulado Bronze Age Mindsets (Mentalidades de la Edad de Bronce) que, en resumen, sostiene que el feminismo devuelve a la humanidad a la Edad de Bronce. ¡Antes de Homero! El feminismo sería la negación absoluta del orden y la jerarquía. Nada menos. Este texto es muy popular entre los hombres que rodean a Trump.
Sinceramente, no entiendo cómo se puede tener tanto miedo a las mujeres. Me supera.
¿Cómo consigue la extrema derecha convencer a la gente de que obedecer a un líder fuerte es el acto de libertad definitivo?
Llevamos 50 años escuchando que el empresario es la figura central de nuestra civilización. Que los sindicatos que se le oponen no son más que burócratas ineficaces. Que los políticos no son más que un grupo de incompetentes. Eso es lo que son Javier Milei, Jair Bolsonaro, Narenda Modi, Donald Trump, Vladímir Putin: empresarios.
Me temo que las élites liberales tardan en actuar, que les falta valor y que el precio a pagar por esta cobardía será muy alto
Además, cuanto más se extienden el caos y la confusión, más sienten las personas corrientes la necesidad de orden, a cualquier precio. El ser humano necesita orden para ser libre. El fascista ha comprendido que si siembra el caos por todas partes, podrá transformar esa necesidad en un instrumento de servidumbre voluntaria.
Hablamos de líderes extravagantes, que a menudo rozan lo ridículo. ¿Cómo hemos pasado del líder heroico al líder bufón?
Michel Foucault evoca en una de sus clases la existencia de una forma de “soberanía grotesca” que obtiene su legitimidad de la indignidad de quien ejerce el poder. Los ingleses llamaban a Boris Johnson 'BoJo', el payaso. Milei se pasea con una motosierra por el escenario, no pasa un día sin que Trump diga alguna tontería o haga algún gesto descabellado. Este circo es un entretenimiento peligroso porque expresa el deseo de un poder completamente desregulado y, por lo tanto, arbitrario. ¡Pero es un espectáculo tremendamente eficaz!
Después de haber intentado “convertirse en fascista”, ¿mantiene un poco de optimismo sobre la capacidad de la democracia para reinventarse, o cree que estamos en una pendiente irreversible hacia el autoritarismo?
No habría escrito este libro si estuviera desesperado. Creo que nuestras sociedades aún cuentan con numerosas instituciones democráticas y un auténtico deseo de libertad. Sin embargo, me temo que las élites liberales, el centro extremo, tardan en actuar, que les falta valor y que el precio a pagar por esta cobardía será muy alto.
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