Oleksandra Romantsova, premio Nobel de la Paz: “La justicia es fundamental para una paz duradera”

Mariangela Paone

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Oleksandra Romantsova (Mikolaiv, 36 años) fue quien recibió a principios de octubre la llamada del Comité Noruego del Nobel que le comunicaba que la organización de la que es directora ejecutiva, el Centro para las Libertades Civiles, era uno de los tres galardonados con el Premio Nobel de la Paz de este año. Era el reconocimiento –compartido con la organización rusa Memorial y el activista bielorruso Alés Bialiatski– a una labor en defensa de los derechos humanos que empezó en 2007 y tuvo un primer giro en 2014, con el comienzo del conflicto en el Donbás, cuando la organización empezó a documentar crímenes de guerra. Desde la invasión rusa de Ucrania, esta es su principal ocupación. “La justicia es fundamental para una paz duradera”, dice en una larga entrevista por videollamada desde Kiev, en la que comparte la angustia por la falta de electricidad y agua en muchas zonas de la capital ucraniana tras los últimos ataques rusos a la infraestructura civil del país. “Es terrorismo contra los civiles, porque es un problema para los hospitales, para los colegios, para los ciudadanos que no tienen agua y electricidad en sus casas. Es un chantaje de Rusia para empujarnos a hacer lo que ellos quieren. Uno no se puede sentar así a negociar porque no es una negociación”, denuncia.

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¿Qué ha representado este premio para su organización?

El premio nos da la posibilidad de hacer más trabajo. No es como otras categorías del Nobel, que miran a lo que hiciste o descubriste en el pasado. El Nobel para la Paz apoya lo que estás haciendo, la dirección de lo que estás haciendo, y es una inversión, un apoyo que te permite hacer más. Cuando me llamaron yo estaba en Varsovia, habíamos trabajado dos semanas fuera. Cuando estamos en Ucrania estamos enfadados, pero cuando estás fuera te preocupas por lo que puede estar ocurriendo, por los bombardeos... y quieres volver a casa. Yo tenía un tren para Kiev una hora y media después. Me llamó el presidente del Comité del Nobel y me dijo que en una hora se anunciaría que habíamos recibido el premio junto con otra organización y una persona, que no dijo quiénes eran. Todo esto está grabado, así que ahora en el portal del premio existe este audio con mi reacción, gritando... Sólo pedí si se lo podía decir a la presidenta de nuestra organización. Cuando la llamé, me dijo: “¿Estás segura de que no es una broma?”. Estamos en una situación en la que cada día uno trabaja mucho y al día siguiente mucho más, y realmente no te crees que una noticia tan buena pueda llegarte así de repente. Nuestro día a día ha estado lleno de dificultades, documentando crímenes de guerra y creyendo en poder obtener justicia para las víctimas.

 ¿Cómo ha cambiado la actividad de la ONG desde entonces?

Hemos recibido mucha atención. Y hemos conectado con regiones con las que no teníamos contactos como América Latina, África... Tenemos la posibilidad allí también de explicar que lo que está pasando en Ucrania es un ejemplo de las guerras híbridas, con frentes militares, económicos y de información. Y que tenemos que pensar en mecanismos que ayuden a prevenir las guerras no tradicionales, porque para las guerras convencionales los tenemos, pero para las guerras híbridas, no. Hay que cambiar el sistema a nivel internacional y hay que empezar ya, no se puede esperar a que la guerra acabe. Por eso es importante la atención que estamos recibiendo ahora.

Ha habido críticas en Ucrania por el Nobel compartido. Recuerdo por ejemplo un comentario muy duro en este sentido del consejero principal del presidente Zelenski, Mijailo Podoliak...

Forma parte de la libertad de expresión que es algo muy valorado en Ucrania. Hay gente que conoce solo que los otros dos premiados son de Rusia y Bielorrusia y para los ucranianos ahora es dolorosa cualquier cosa que ponga en la misma cesta a Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Hay una alergia antigua en el país sobre esto, desde el periodo de la URSS, cuando se intentó destruir nuestra identidad nacional, es parte de nuestro agravio histórico. Así que entiendo la reacción de la gente que no sabe qué es el Centro para las Libertades Civiles o qué ha hecho Memorial, qué ha hecho Alés Bialiatski [el activista fue detenido por las autoridades bielorrusas en julio de 2021 y sigue en la cárcel sin juicio desde entonces]. Nosotros contestamos diciendo que Memorial ha trabajado durante 30 años sobre los abusos que también ucranianos sufrieron en el periodo de Stalin y la organización se convirtió en un enemigo para Putin. Memorial nos apoya desde 2014, rechazaron la anexión de Crimea, son nuestros compañeros de lucha, documentaron un millón de casos de crímenes de guerra en Chechenia. Lo mismo en el caso de Bialiatski. Si hubieran recibido más atención cuando denunciaban los problemas con el régimen de Lukashenko y Putin, ahora no tendríamos guerra en Ucrania. El Nobel de la Paz tiene la posibilidad de poner luz sobre un mensaje. El nuestro es que los derechos humanos son una manera para prevenir las guerras. Si hay un país donde se recortan derechos humanos y tú sigues manteniendo relaciones económicas y diplomáticas con él, habrá una guerra.

Los derechos humanos son una manera para prevenir las guerras

La organización nace en 2007 para promover los derechos civiles y la democracia plena en Ucrania. Pero a partir de 2014, con las protestas del Euromaidan, han tomado partido en apoyo a los manifestantes contra el Gobierno de Yanukovich. ¿Cómo ha cambiado su actividad desde entonces?

Cuando la guerra empezó en 2014 fue un gran cambio porque nadie de nosotros tenía ninguna experiencia en documentar crímenes de guerra, ocupación, secuestros de personas... Entendimos que teníamos que documentar todo esto porque para tener una paz duradera la justicia es fundamental. Y agradecemos el apoyo que nos dieron a partir de entonces organizaciones de los Balcanes y de América Latina, que nos ayudaron a aprender cómo documentar estos crímenes, cómo gestionar los casos de desapariciones forzosas...

Usted trabajaba en el sector bancario. ¿Por qué decidió dejarlo y sumarse al Centro para las Libertades Civiles?

Decidí hacer algo cuando vi la represión de las protestas del Euromaidan con la carga policial del 30 de noviembre de 2013. Estaban mis amigos allí, había estudiantes. Yo no era una activista en aquel momento, trabajaba en un banco, tenía un buen sueldo, tres veces el de ahora, y perspectivas de carrera, pero veía lo que estaba pasando. Trabajaba con pequeñas y grandes empresas y veía como el régimen de Yanukovich las golpeaba. Veía la crisis que se avecinaba. La primera vez que fui al Maidan, fui como un observador participante. Apoyaba la entrada de Ucrania en la Unión Europea porque como economista lo veía como algo muy bueno para el país. Pero cuando vi lo que pasó el 30 de noviembre entendí que había que encontrar una manera para luchar de forma pacífica y, como decía Gandhi, para cambiar la situación sin armas. Así llegué al Euromaidan SOS, una línea directa para el apoyo legal a los manifestantes. Buscaban voluntarios para el turno de noche porque la línea funcionaba las 24 horas. Estuve cada noche durante tres meses, empecé a estudiar sobre el tema de los derechos humanos y pensé que era esto a lo que quería dedicarme. Así que le dije a Oleksandra Matviichuk, la presidenta del Centro, que quería trabajar con ellos, pero me dijo que no había dinero para pagar el salario de una persona más. También me dijo que querían postularse para un fondo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) y yo me encargué de preparar el proyecto que era para documentar crímenes de guerra en el Donbás y persecución política en Crimea. El proyecto duró dos años y medio. Entendí que estaba en el lugar correcto.

¿Cómo la organización consiguió combinar el apoyo a las protestas del Euromaidan y la necesidad de garantizar su independencia?

La protesta no fue organizada por un movimiento político. Yo tengo mis preferencias políticas y cada uno en la organización tiene las suyas. No se trata de esto. Apoyamos a los manifestantes para darles asistencia legal cuando fueron arrestados porque había una manifestación pacífica. Tiene que ver con la libertad de expresión, la libertad de movimiento, tener derecho a la justicia... No estábamos apoyando una manifestación organizada, estábamos tratando un tema de derechos humanos. Por la misma razón trabajamos para la educación de la policía, para explicar que tienen que proteger las manifestaciones pacíficas, sean marchas del orgullo LGTBI o las de movimientos religiosos. Somos totalmente independientes y no nos detenemos. Si tenemos que criticar alguna situación en Ucrania, lo hacemos, y ahora la interlocución con el Estado es más fácil. Somos independientes también desde el punto de vista financiero, no tenemos financiación estatal, contamos con fondos de diferentes organizaciones internacionales que apoyan nuestros proyectos pero no pueden dirigir nuestra acción.

Desde que comenzó la invasión, la actividad de la organización se ha centrado en documentar los crímenes de guerra. ¿Con qué medios han podido contar y cómo están trabajando en las circunstancias actuales?

Empezamos a trabajar en 2014. Cuando el grupo liderado por Igor Girkin, que hace dos semanas ha sido condenado en Holanda por el derribo del vuelo MH17, se retiró de Sloviansk fuimos allí con una misión sobre el terreno tres días después de su liberación. Y empezamos a hablar con la gente, a tener una metodología. Tras la invasión rusa de febrero, vimos que la cantidad de casos era enorme y nos juntamos con otras organizaciones para tener una base de datos que se actualiza a diario. Es lo que hemos llamado “Un tribunal para Putin” y somos unas 30 organizaciones. En el Centro de Libertades Civiles somos responsables de Kiev y su región. Así que estuvimos documentando lo que ocurrió en Bucha, Irpin... Pueblo a pueblo. Cuando encuentras un caso salen otros 15. Durante la ocupación los crímenes se repitieron en todas partes, porque los soldados rusos no tienen en su cultura no cometer crímenes de guerra. Lo hicieron en Georgia, en Chechenia. Es su forma de hacer la guerra. Creo que para ellos es incluso normal que si ocupas un pueblo, te apoderas de los alimentos o puedes robar cosas, violar a mujeres o torturar a la gente. La diferencia en Ucrania es que hay una alta cobertura de Internet y cualquier abuela tiene un móvil con una cámara, así que hay una gran cantidad de material de las víctimas y de los testigos de esta guerra.

La iniciativa se llama “Tribunal para Putin”. ¿Pero realmente cree que habrá un tribunal para Putin?

No se trata de que sea posible o no, es que lo necesitamos y seguiremos trabajando para ello. Si no, será un problema no sólo para Ucrania sino para todo el mundo. Si no tenemos justicia por lo que Putin ha hecho, será un ejemplo para cualquier autócrata de que la democracia es débil y no es un sistema eficaz. Sentimos mucha responsabilidad, porque sabemos que no se trata solo de Ucrania. Es para Ucrania, claro, en primer lugar. Pero todo el mundo necesita demostrar que la democracia es un sistema mejor que un montón de dinero del petróleo y una autocracia. No es una cuestión de si lo tendremos o no. Es una cuestión de cuándo. En nuestra base de datos tenemos más de 24.000 casos de presuntos crímenes de guerra y ahora estamos empezando a trabajar en Jersón donde habrá otros miles. La fiscalía general tiene más de 60.000 casos. Es una cantidad imposible de manejar para cualquier sistema nacional de justicia.

Si no tendremos justicia por lo que Putin ha hecho, será un ejemplo para cualquier autócrata de que la democracia es débil.

¿Están colaborando con las autoridades ucranianas en la investigación?

Nosotros no podemos hacer investigaciones, no tenemos la posibilidad de hacer peritajes forenses por ejemplo. Lo que hacemos es documentar los casos. ¿Qué significa eso? Que damos constancia de los hechos, encontramos los testigos. Cuando se dan ciertas características, los ponemos en la base de datos como potenciales crímenes de guerra. Cuando la fiscalía general o los diferentes fiscales nos piden información, la compartimos y pedimos permiso a los testigos y a las víctimas para que sean contactadas y entren en el proceso de la investigación. Necesitamos tener una justicia, no sólo una apariencia de justicia. Y por eso hay que pasar por todo el proceso. Y hay que tener pruebas bien documentadas porque siempre está el principio de la presunción de inocencia y hacen falta argumentos para acusar a alguien de haber cometido un crimen.

En alguna ocasión usted ha dicho que Ucrania es un test muy importante para el sistema legal judicial internacional...

En al caso del avión MH17 derribado había más de 50 personas investigando y se considera justamente un caso muy grande. Fue un caso realmente trágico y había también ucranianos participando en la investigación. Pero había 50 personas investigando un solo caso. Aquí tenemos miles. Por eso es un gran examen para el sistema judicial. Los crímenes de guerra masivos han sucedido en África o en otros países, pero es la primera vez que se documentan a diario, no estamos documentando algo que pasó hace 20 años. Ayer hubo dos bombardeos aquí y uno tiene la posibilidad de hacer fotos, hablar con los testigos... Pero necesitamos un sistema de justicia lo suficientemente fuerte para gestionar todo esto y que se llegue a una decisión. ¿Cómo debemos castigar a las personas que hacen esto de manera sistemática y masiva?

Ahora a veces me preguntan si tengo estrés postraumático, pero en realidad lo tuve en 2014 en el Donbás. Ya allí estuve en una ciudad sin luz, ni agua, sin asistencia médica, vi a gente retenida durante 20 días en un sótano, gente torturada. Así que esto para mí no ha empezado ahora. Pero el alcance ahora es mayor.

En estos últimos días ha habido mucha presión sobre el ejército ucraniano para que investigue los vídeos sobre el posible asesinato de 10 soldados rusos. Y en el pasado ha habido denuncias de abusos en el Donbás cometidos por batallones de voluntarios ucranianos. ¿En estos meses han recibido y documentado casos de abusos cometidos por las fuerzas ucranianas? ¿Están abiertos a documentarlos?

Nosotros no distinguimos en base a quién cometió los crímenes. En el Donbás, por ejemplo, tuve la posibilidad de hacer una investigación sobre la legalidad de alguna acción del ejército ucraniano. Y usted sabe que tenemos denuncias sobre algunos batallones de voluntarios. La cuestión es que aquí en Ucrania yo tengo la posibilidad de hablar de eso con las autoridades. Puedo abrir un caso contra soldados ucranianos y la oficina de la fiscalía reacciona. Y presionaremos para que lo haga. Cualquier persona que cometa crímenes de guerra debe ser detenida aquí. Pero no tenemos informaciones de una acción sistemática. Hemos estado trabajando sobre el tema de los prisioneros de guerra. Y en el lado ucraniano, la Cruz Roja tiene acceso, comprobamos que tienen posibilidad de comunicarse con sus familias. Pero cuando hubo un intercambio y vimos las personas que fueron liberadas del lado ruso, algunos estaban esqueléticos. Tener prisioneros de guerra en una guerra no es un crimen, pero no darles comida normal sí es un crimen de guerra.

Sobre los vídeos, falta una parte importante de la información para entender si lo que ocurrió allí fue o no un crimen de guerra. No decimos que no sea posible que esto ocurra, pero también sé que los soldados ucranianos han recibido formación sobre esto y que cada instructor tiene comunicación con los soldados y da información sobre qué significa un crimen de guerra.

Oleksandra Romantsova (Mikolaiv, 36 años) fue quien recibió a principios de octubre la llamada del Comité Noruego del Nobel que le comunicaba que la organización de la que es directora ejecutiva, el Centro para las Libertades Civiles, era uno de los tres galardonados con el Premio Nobel de la Paz de este año. Era el reconocimiento –compartido con la organización rusa Memorial y el activista bielorruso Alés Bialiatski– a una labor en defensa de los derechos humanos que empezó en 2007 y tuvo un primer giro en 2014, con el comienzo del conflicto en el Donbás, cuando la organización empezó a documentar crímenes de guerra. Desde la invasión rusa de Ucrania, esta es su principal ocupación. “La justicia es fundamental para una paz duradera”, dice en una larga entrevista por videollamada desde Kiev, en la que comparte la angustia por la falta de electricidad y agua en muchas zonas de la capital ucraniana tras los últimos ataques rusos a la infraestructura civil del país. “Es terrorismo contra los civiles, porque es un problema para los hospitales, para los colegios, para los ciudadanos que no tienen agua y electricidad en sus casas. Es un chantaje de Rusia para empujarnos a hacer lo que ellos quieren. Uno no se puede sentar así a negociar porque no es una negociación”, denuncia.

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¿Qué ha representado este premio para su organización?

El premio nos da la posibilidad de hacer más trabajo. No es como otras categorías del Nobel, que miran a lo que hiciste o descubriste en el pasado. El Nobel para la Paz apoya lo que estás haciendo, la dirección de lo que estás haciendo, y es una inversión, un apoyo que te permite hacer más. Cuando me llamaron yo estaba en Varsovia, habíamos trabajado dos semanas fuera. Cuando estamos en Ucrania estamos enfadados, pero cuando estás fuera te preocupas por lo que puede estar ocurriendo, por los bombardeos... y quieres volver a casa. Yo tenía un tren para Kiev una hora y media después. Me llamó el presidente del Comité del Nobel y me dijo que en una hora se anunciaría que habíamos recibido el premio junto con otra organización y una persona, que no dijo quiénes eran. Todo esto está grabado, así que ahora en el portal del premio existe este audio con mi reacción, gritando... Sólo pedí si se lo podía decir a la presidenta de nuestra organización. Cuando la llamé, me dijo: “¿Estás segura de que no es una broma?”. Estamos en una situación en la que cada día uno trabaja mucho y al día siguiente mucho más, y realmente no te crees que una noticia tan buena pueda llegarte así de repente. Nuestro día a día ha estado lleno de dificultades, documentando crímenes de guerra y creyendo en poder obtener justicia para las víctimas.

 ¿Cómo ha cambiado la actividad de la ONG desde entonces?

Hemos recibido mucha atención. Y hemos conectado con regiones con las que no teníamos contactos como América Latina, África... Tenemos la posibilidad allí también de explicar que lo que está pasando en Ucrania es un ejemplo de las guerras híbridas, con frentes militares, económicos y de información. Y que tenemos que pensar en mecanismos que ayuden a prevenir las guerras no tradicionales, porque para las guerras convencionales los tenemos, pero para las guerras híbridas, no. Hay que cambiar el sistema a nivel internacional y hay que empezar ya, no se puede esperar a que la guerra acabe. Por eso es importante la atención que estamos recibiendo ahora.

Ha habido críticas en Ucrania por el Nobel compartido. Recuerdo por ejemplo un comentario muy duro en este sentido del consejero principal del presidente Zelenski, Mijailo Podoliak...

Forma parte de la libertad de expresión que es algo muy valorado en Ucrania. Hay gente que conoce solo que los otros dos premiados son de Rusia y Bielorrusia y para los ucranianos ahora es dolorosa cualquier cosa que ponga en la misma cesta a Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Hay una alergia antigua en el país sobre esto, desde el periodo de la URSS, cuando se intentó destruir nuestra identidad nacional, es parte de nuestro agravio histórico. Así que entiendo la reacción de la gente que no sabe qué es el Centro para las Libertades Civiles o qué ha hecho Memorial, qué ha hecho Alés Bialiatski [el activista fue detenido por las autoridades bielorrusas en julio de 2021 y sigue en la cárcel sin juicio desde entonces]. Nosotros contestamos diciendo que Memorial ha trabajado durante 30 años sobre los abusos que también ucranianos sufrieron en el periodo de Stalin y la organización se convirtió en un enemigo para Putin. Memorial nos apoya desde 2014, rechazaron la anexión de Crimea, son nuestros compañeros de lucha, documentaron un millón de casos de crímenes de guerra en Chechenia. Lo mismo en el caso de Bialiatski. Si hubieran recibido más atención cuando denunciaban los problemas con el régimen de Lukashenko y Putin, ahora no tendríamos guerra en Ucrania. El Nobel de la Paz tiene la posibilidad de poner luz sobre un mensaje. El nuestro es que los derechos humanos son una manera para prevenir las guerras. Si hay un país donde se recortan derechos humanos y tú sigues manteniendo relaciones económicas y diplomáticas con él, habrá una guerra.

Los derechos humanos son una manera para prevenir las guerras

La organización nace en 2007 para promover los derechos civiles y la democracia plena en Ucrania. Pero a partir de 2014, con las protestas del Euromaidan, han tomado partido en apoyo a los manifestantes contra el Gobierno de Yanukovich. ¿Cómo ha cambiado su actividad desde entonces?

Cuando la guerra empezó en 2014 fue un gran cambio porque nadie de nosotros tenía ninguna experiencia en documentar crímenes de guerra, ocupación, secuestros de personas... Entendimos que teníamos que documentar todo esto porque para tener una paz duradera la justicia es fundamental. Y agradecemos el apoyo que nos dieron a partir de entonces organizaciones de los Balcanes y de América Latina, que nos ayudaron a aprender cómo documentar estos crímenes, cómo gestionar los casos de desapariciones forzosas...

Usted trabajaba en el sector bancario. ¿Por qué decidió dejarlo y sumarse al Centro para las Libertades Civiles?

Decidí hacer algo cuando vi la represión de las protestas del Euromaidan con la carga policial del 30 de noviembre de 2013. Estaban mis amigos allí, había estudiantes. Yo no era una activista en aquel momento, trabajaba en un banco, tenía un buen sueldo, tres veces el de ahora, y perspectivas de carrera, pero veía lo que estaba pasando. Trabajaba con pequeñas y grandes empresas y veía como el régimen de Yanukovich las golpeaba. Veía la crisis que se avecinaba. La primera vez que fui al Maidan, fui como un observador participante. Apoyaba la entrada de Ucrania en la Unión Europea porque como economista lo veía como algo muy bueno para el país. Pero cuando vi lo que pasó el 30 de noviembre entendí que había que encontrar una manera para luchar de forma pacífica y, como decía Gandhi, para cambiar la situación sin armas. Así llegué al Euromaidan SOS, una línea directa para el apoyo legal a los manifestantes. Buscaban voluntarios para el turno de noche porque la línea funcionaba las 24 horas. Estuve cada noche durante tres meses, empecé a estudiar sobre el tema de los derechos humanos y pensé que era esto a lo que quería dedicarme. Así que le dije a Oleksandra Matviichuk, la presidenta del Centro, que quería trabajar con ellos, pero me dijo que no había dinero para pagar el salario de una persona más. También me dijo que querían postularse para un fondo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) y yo me encargué de preparar el proyecto que era para documentar crímenes de guerra en el Donbás y persecución política en Crimea. El proyecto duró dos años y medio. Entendí que estaba en el lugar correcto.

¿Cómo la organización consiguió combinar el apoyo a las protestas del Euromaidan y la necesidad de garantizar su independencia?

La protesta no fue organizada por un movimiento político. Yo tengo mis preferencias políticas y cada uno en la organización tiene las suyas. No se trata de esto. Apoyamos a los manifestantes para darles asistencia legal cuando fueron arrestados porque había una manifestación pacífica. Tiene que ver con la libertad de expresión, la libertad de movimiento, tener derecho a la justicia... No estábamos apoyando una manifestación organizada, estábamos tratando un tema de derechos humanos. Por la misma razón trabajamos para la educación de la policía, para explicar que tienen que proteger las manifestaciones pacíficas, sean marchas del orgullo LGTBI o las de movimientos religiosos. Somos totalmente independientes y no nos detenemos. Si tenemos que criticar alguna situación en Ucrania, lo hacemos, y ahora la interlocución con el Estado es más fácil. Somos independientes también desde el punto de vista financiero, no tenemos financiación estatal, contamos con fondos de diferentes organizaciones internacionales que apoyan nuestros proyectos pero no pueden dirigir nuestra acción.

Desde que comenzó la invasión, la actividad de la organización se ha centrado en documentar los crímenes de guerra. ¿Con qué medios han podido contar y cómo están trabajando en las circunstancias actuales?

Empezamos a trabajar en 2014. Cuando el grupo liderado por Igor Girkin, que hace dos semanas ha sido condenado en Holanda por el derribo del vuelo MH17, se retiró de Sloviansk fuimos allí con una misión sobre el terreno tres días después de su liberación. Y empezamos a hablar con la gente, a tener una metodología. Tras la invasión rusa de febrero, vimos que la cantidad de casos era enorme y nos juntamos con otras organizaciones para tener una base de datos que se actualiza a diario. Es lo que hemos llamado “Un tribunal para Putin” y somos unas 30 organizaciones. En el Centro de Libertades Civiles somos responsables de Kiev y su región. Así que estuvimos documentando lo que ocurrió en Bucha, Irpin... Pueblo a pueblo. Cuando encuentras un caso salen otros 15. Durante la ocupación los crímenes se repitieron en todas partes, porque los soldados rusos no tienen en su cultura no cometer crímenes de guerra. Lo hicieron en Georgia, en Chechenia. Es su forma de hacer la guerra. Creo que para ellos es incluso normal que si ocupas un pueblo, te apoderas de los alimentos o puedes robar cosas, violar a mujeres o torturar a la gente. La diferencia en Ucrania es que hay una alta cobertura de Internet y cualquier abuela tiene un móvil con una cámara, así que hay una gran cantidad de material de las víctimas y de los testigos de esta guerra.

La iniciativa se llama “Tribunal para Putin”. ¿Pero realmente cree que habrá un tribunal para Putin?

No se trata de que sea posible o no, es que lo necesitamos y seguiremos trabajando para ello. Si no, será un problema no sólo para Ucrania sino para todo el mundo. Si no tenemos justicia por lo que Putin ha hecho, será un ejemplo para cualquier autócrata de que la democracia es débil y no es un sistema eficaz. Sentimos mucha responsabilidad, porque sabemos que no se trata solo de Ucrania. Es para Ucrania, claro, en primer lugar. Pero todo el mundo necesita demostrar que la democracia es un sistema mejor que un montón de dinero del petróleo y una autocracia. No es una cuestión de si lo tendremos o no. Es una cuestión de cuándo. En nuestra base de datos tenemos más de 24.000 casos de presuntos crímenes de guerra y ahora estamos empezando a trabajar en Jersón donde habrá otros miles. La fiscalía general tiene más de 60.000 casos. Es una cantidad imposible de manejar para cualquier sistema nacional de justicia.

Si no tendremos justicia por lo que Putin ha hecho, será un ejemplo para cualquier autócrata de que la democracia es débil.

¿Están colaborando con las autoridades ucranianas en la investigación?

Nosotros no podemos hacer investigaciones, no tenemos la posibilidad de hacer peritajes forenses por ejemplo. Lo que hacemos es documentar los casos. ¿Qué significa eso? Que damos constancia de los hechos, encontramos los testigos. Cuando se dan ciertas características, los ponemos en la base de datos como potenciales crímenes de guerra. Cuando la fiscalía general o los diferentes fiscales nos piden información, la compartimos y pedimos permiso a los testigos y a las víctimas para que sean contactadas y entren en el proceso de la investigación. Necesitamos tener una justicia, no sólo una apariencia de justicia. Y por eso hay que pasar por todo el proceso. Y hay que tener pruebas bien documentadas porque siempre está el principio de la presunción de inocencia y hacen falta argumentos para acusar a alguien de haber cometido un crimen.

En alguna ocasión usted ha dicho que Ucrania es un test muy importante para el sistema legal judicial internacional...

En al caso del avión MH17 derribado había más de 50 personas investigando y se considera justamente un caso muy grande. Fue un caso realmente trágico y había también ucranianos participando en la investigación. Pero había 50 personas investigando un solo caso. Aquí tenemos miles. Por eso es un gran examen para el sistema judicial. Los crímenes de guerra masivos han sucedido en África o en otros países, pero es la primera vez que se documentan a diario, no estamos documentando algo que pasó hace 20 años. Ayer hubo dos bombardeos aquí y uno tiene la posibilidad de hacer fotos, hablar con los testigos... Pero necesitamos un sistema de justicia lo suficientemente fuerte para gestionar todo esto y que se llegue a una decisión. ¿Cómo debemos castigar a las personas que hacen esto de manera sistemática y masiva?

Ahora a veces me preguntan si tengo estrés postraumático, pero en realidad lo tuve en 2014 en el Donbás. Ya allí estuve en una ciudad sin luz, ni agua, sin asistencia médica, vi a gente retenida durante 20 días en un sótano, gente torturada. Así que esto para mí no ha empezado ahora. Pero el alcance ahora es mayor.

En estos últimos días ha habido mucha presión sobre el ejército ucraniano para que investigue los vídeos sobre el posible asesinato de 10 soldados rusos. Y en el pasado ha habido denuncias de abusos en el Donbás cometidos por batallones de voluntarios ucranianos. ¿En estos meses han recibido y documentado casos de abusos cometidos por las fuerzas ucranianas? ¿Están abiertos a documentarlos?

Nosotros no distinguimos en base a quién cometió los crímenes. En el Donbás, por ejemplo, tuve la posibilidad de hacer una investigación sobre la legalidad de alguna acción del ejército ucraniano. Y usted sabe que tenemos denuncias sobre algunos batallones de voluntarios. La cuestión es que aquí en Ucrania yo tengo la posibilidad de hablar de eso con las autoridades. Puedo abrir un caso contra soldados ucranianos y la oficina de la fiscalía reacciona. Y presionaremos para que lo haga. Cualquier persona que cometa crímenes de guerra debe ser detenida aquí. Pero no tenemos informaciones de una acción sistemática. Hemos estado trabajando sobre el tema de los prisioneros de guerra. Y en el lado ucraniano, la Cruz Roja tiene acceso, comprobamos que tienen posibilidad de comunicarse con sus familias. Pero cuando hubo un intercambio y vimos las personas que fueron liberadas del lado ruso, algunos estaban esqueléticos. Tener prisioneros de guerra en una guerra no es un crimen, pero no darles comida normal sí es un crimen de guerra.

Sobre los vídeos, falta una parte importante de la información para entender si lo que ocurrió allí fue o no un crimen de guerra. No decimos que no sea posible que esto ocurra, pero también sé que los soldados ucranianos han recibido formación sobre esto y que cada instructor tiene comunicación con los soldados y da información sobre qué significa un crimen de guerra.

Oleksandra Romantsova (Mikolaiv, 36 años) fue quien recibió a principios de octubre la llamada del Comité Noruego del Nobel que le comunicaba que la organización de la que es directora ejecutiva, el Centro para las Libertades Civiles, era uno de los tres galardonados con el Premio Nobel de la Paz de este año. Era el reconocimiento –compartido con la organización rusa Memorial y el activista bielorruso Alés Bialiatski– a una labor en defensa de los derechos humanos que empezó en 2007 y tuvo un primer giro en 2014, con el comienzo del conflicto en el Donbás, cuando la organización empezó a documentar crímenes de guerra. Desde la invasión rusa de Ucrania, esta es su principal ocupación. “La justicia es fundamental para una paz duradera”, dice en una larga entrevista por videollamada desde Kiev, en la que comparte la angustia por la falta de electricidad y agua en muchas zonas de la capital ucraniana tras los últimos ataques rusos a la infraestructura civil del país. “Es terrorismo contra los civiles, porque es un problema para los hospitales, para los colegios, para los ciudadanos que no tienen agua y electricidad en sus casas. Es un chantaje de Rusia para empujarnos a hacer lo que ellos quieren. Uno no se puede sentar así a negociar porque no es una negociación”, denuncia.

Rusia bombardea una maternidad y causa apagones por toda Ucrania en una nueva ola de ataques

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