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Rusia acecha a los universitarios ante la falta de voluntarios para la guerra de Ucrania: “Chicos, la patria lo exige”

Una valla publicitaria en San Petersburgo muestra el eslogan 'Irreemplazable' junto con información sobre el reclutamiento para las unidades de sistemas no tripulados de las Fuerzas Armadas rusas, esta semana.

Albert Sort Creus

Moscú —
1 de abril de 2026 22:16 h

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“Chicos, la patria lo exige, ¡hay que hacerlo! ¿Y vuestra respuesta es 'volveremos en un ataúd de zinc'? ¿De dónde sale este miedo? ¿Quién os lo ha inculcado? ¿Quién nos va a proteger? ¡Sois todos unos cobardes! Os estáis aquí sentados con el teléfono. A vuestra edad, si me hubiesen llamado a mí, os juro que hubiese ido”. Así se dirigía a los alumnos de la Facultad de Tecnologías del Transporte de Novosibirsk su directora, Miria Kirsánova, en un discurso filtrado por el canal de Telegram Svezh Novosibirsk.

El suyo es uno de los más de 200 centros universitarios, según cálculos del medio opositor Viorstka, donde el Ejército ruso está intentando captar a jóvenes para que se alisten a las unidades de drones. En los últimos meses, ante la escasez de soldados para luchar en Ucrania, las autoridades militares han acudido a un segmento de la sociedad que hasta ahora había quedado al margen de los esfuerzos de reclutamiento.

Los representantes de Defensa tratan de seducir a los estudiantes con promesas de dinero, bonificaciones, contratos de corta duración alejados del frente y un futuro asegurado. Sin embargo, los activistas advierten de que es una trampa y de que, una vez se unan a las Fuerzas Armadas, existen muchas posibilidades de que no vuelvan de la guerra con vida.

Promesas de videojuego

Desde finales de 2025, las instituciones de educación superior han estado organizando charlas con funcionarios de la administración y combatientes de la “operación militar especial”. Durante estas reuniones, a los alumnos se les intenta convencer de las bondades de formar parte de la nueva rama del Ejército sobre aparatos no tripulados.

Según cuentan a elDiario.es fuentes estudiantiles presentes en encuentros de este tipo, los veteranos, algunos de ellos con amputaciones, llevan a cabo demostraciones con drones, muestran vídeos del frente y buscan estimular a los universitarios a través de una apariencia de videojuego. Esencialmente, se dirigen a chicos que cursan estudios técnicos, aunque ahora también abren las puertas a chicas, a quienes al principio solo invitaban a coser redes de camuflaje.

A los aspirantes se les promete un año de contrato lejos de la primera línea, un sueldo equiparable al de un voluntario (en Moscú son más de 50.000 euros anuales) y dinero extra por cada vehículo enemigo destruido.

Uno de los atractivos de la propuesta es que, después de servir, el Estado garantiza todas las facilidades del mundo para continuar los estudios: educación gratuita, ayuda para aprobar la carrera, prioridad en másteres y ofertas de trabajo garantizadas. Incluso en algunas universidades los rectores instan los candidatos a compaginar la nueva ocupación militar con el curso académico.

La trampa

Todas estas promesas son falsas, según los activistas. Artiom Kliga, abogado militar del Movimiento de Objetores de Conciencia, alerta en una conversación con elDiario.es de varias trampas que los reclutadores ocultan en sus discursos.

De entrada, en Rusia, los contratos con el Ejército no vencen hasta que decaiga el decreto de movilización que Vladímir Putin firmó en septiembre de 2022. “Una vez firmado un contrato militar, los miembros del servicio prácticamente no tienen ninguna opción de rescindirlo”, afirma Kliga.

Cuando finaliza el periodo establecido en el documento, la vinculación se prorroga automáticamente y los comandantes pueden transferir a los soldados donde crean conveniente. “Pueden acabar en el frente en condiciones significativamente más peligrosas”, advierte el abogado.

A estos estudiantes se les dice directamente que sus problemas académicos se pueden solucionar firmando un contrato militar

Artiom Kliga Abogado militar del Movimiento de Objetores de Conciencia

Otra trampa que señala Kliga es que las unidades de drones tienen plazas limitadas y no aceptan a todos sus candidatos. Ahora bien, los jóvenes son rechazados después de haber firmado el contrato y no antes, así que se no se les permite volver a casa, sino que se les redirige a otros cuerpos del Ejército.

Es por eso que el activista concluye que acabar desempeñando roles peligrosos en el frente “no es solo una posibilidad hipotética, sino un riesgo casi inevitable”.

Además, según recoge Viorstka, tampoco es cierto que ingresar en una unidad de drones equivalga a estar a salvo. Familiares de miembros de las fuerzas no tripuladas aseguran que sus seres queridos no manejaban los drones desde la retaguardia, sino desde posiciones avanzadas, eran el objetivo número uno de los pilotos ucranianos y algunos de ellos habían acabado muriendo en misiones de asalto.

Coacciones por parte de los rectores

Los reclutadores tienden a dirigirse a los alumnos más vulnerables: aquellos que acumulan más deudas y aquellos que tienen peores resultados. “A estos estudiantes se les dice directamente que sus problemas académicos se pueden solucionar firmando un contrato militar”, apunta Kliga, aunque también abordan a los más ambiciosos, inclinados a hacer carrera política.

Una estrategia habitual consiste en expulsar a los jóvenes que se niegan a alistarse con el pretexto del bajo rendimiento académico, ya que simplemente rechazar el reclutamiento no es motivo suficiente para una suspensión. “Legalmente, todo parece correcto, pero, en realidad, se utiliza este argumento como herramienta para presionar a los estudiantes y que firmen un contrato”, concluye el abogado.

El digital Groza reveló el caso de un grupo de chicos de la Universidad de Innovación de Kazán a quienes la directora del centro amenazó con la expulsión si no se enrolaban en el Ejército. En un audio se escucha a la rectora, Yulia Jiadiulina, asegurándoles que ya están expulsados y que su única salida es el registro militar.

“Os importó un comino que os advirtiéramos, así que no me sabe nada mal que todos seáis expulsados, hoy la universidad se ha acabado para vosotros”, dice Jiadiulina, pero añade: “Tenéis una oportunidad, el país necesita guerreros y cree en vosotros, por eso se os ofrecerán condiciones especiales”.

En otra reprimenda publicada por Viorstka, el decano de la Universidad Estatal de Ingeniería de Voronezh, Alekséi Skripnikov, pide voluntarios entre los alumnos: “¿Hay hombres en el público? ¿No? ¡Me da vergüenza! ¡Sacaos los pantalones y poneos falda!”.

A continuación relata un supuesto vídeo protagonizado por ucranianos: “Una mujer joven embarazada huye. Dos hombres la persiguen, la cogen, le retuercen los brazos y le rajan la tripa. Sacan al bebé, lo lanzan al aire y lo empalan. No son humanos, ¿lo entendéis? ¡Son nazis!”. Y remata, tras una pausa dramática: “¿Cómo mirarás a tus hijas a los ojos cuando las violen?”. Todo esto sin tener en cuenta que en el auditorio están sentados chicos de 18 años.

Profesores y alumnos refractarios

Estas arengas intimidatorias responden a las cuotas impuestas por las autoridades para que cada centro proporcione un número determinado de estudiantes al Ejército. Marina Barinova, exasesora del rector de la Universidad Federal del Extremo Oriente, compartió un documento en Facebook que fijaba en 32 los estudiantes de distintas áreas que la facultad debía convencer.

No obstante, un profesor de esta institución le contestó acusándola de exagerar la situación. “No se les movilizará por la fuerza. Se les ofrecerá un contrato, lo leerán y se irán”, escribía Alekséi Chernishev.

Lo cierto es que, según fuentes estudiantiles, la mayoría de los profesores rechazan colaborar en la maquinaria bélica. Ninguno de ellos se pronuncia públicamente, pero sí hubo uno que envió una carta anónima al medio independiente Vazhnie Istorii. “Sufro por estos niños. Les prometen una montaña de dinero. Hay quien tiene mala relación con los padres y confía en los profesores. Si el profesor le dice que vaya, irá”, explica.

Militares de una unidad de artillería de las Fuerzas Aerotransportadas, desplegada con el Grupo Dniépr de las Fuerzas Armadas de Rusia, manejan un cañón de campaña remolcado 2A36, en Jersón.

Uno de sus compañeros protestó ante la dirección del centro. “Les estamos metiendo en un lío, será nuestra culpa si firman un contrato”, dijo, a lo que la dirección respondió que no les quedaba otra opción porque trabajaban para un ente público y no tenían derecho a desincentivar el interés de los alumnos por alistarse.

Sin embargo, este profesor ignoró las advertencias y previno a sus estudiantes: “Venid, escuchad, pero no firméis nada, no aceptéis nada”, les comentó. “Me hubiese sentido culpable si no los hubiera avisado, y los chicos me lo agradecieron, significó mucho para ellos que me preocupara”, escribe.

Tampoco entre los alumnos cunde el entusiasmo por la propuesta. Las mismas fuentes estudiantiles aseguran no conocer a nadie que haya sucumbido a la campaña de presión. Esto sugiere que el esfuerzo propagandístico y las amenazas no han fructificado, ya que tampoco se publicitan ejemplos de estudiantes que hayan decidido dar el paso.

Faltan soldados

Que el Kremlin haya optado por asaltar las universidades en búsqueda de nuevos voluntarios indica hasta qué punto el Ejército ruso está teniendo problemas para mantener el sangriento equilibrio entre muertes y nuevos reclutas. Un equilibrio que le ha permitido tener superioridad en el campo de batalla.

Según los últimos datos facilitados por Viorstka, a finales de 2025, el interés por alistarse a las Fuerzas Armadas se desplomó, y diciembre fue el peor mes de la oficina de registro militar de Moscú desde que se recogen estadísticas. 

Una fuente de este punto de reclutamiento admite lo siguiente al medio: “Nuestros planes de contratación han fracasado. En vez del aumento prometido del 30% o del 40%, ha sucedido exactamente lo contrario. Es evidente a simple vista: no hay afluencia de gente”.

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