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Un santuario, ruinas milenarias y piscinas históricas: por qué Israel extiende la ocupación de Palestina a la arqueología

Ruinas de una fortaleza de la época de las cruzadas, donde se cree que está la tumba del profeta Samuel, en el norte de la Cisjordania ocupada.

Catherine Carey

Nabi Samwil (Cisjordania) —
4 de octubre de 2026 22:11 h

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Desde lo alto de Nabi Samwil se puede apreciar por qué esta colina ha sido disputada durante siglos. Situada a pocos kilómetros al norte de Jerusalén, en Cisjordania, el emplazamiento se eleva hasta los 890 metros y ofrece una panorámica amplia de las carreteras, pueblos palestinos y asentamientos israelíes de alrededor. En el centro de la colina se encuentra el santuario de Nabi Samwil, un conjunto religioso y arqueológico que alberga una mezquita y una tumba en la que musulmanes, judíos y cristianos creen que está enterrado al profeta Samuel.

La escena podría ser la de cualquier otro sitio arqueológico: restos antiguos, visitantes, lugares de culto, carteles explicativos y una vista panorámica espectacular. Pero lo que hace que el enclave sea especialmente sensible es que se encuentra en territorio ocupado por Israel desde 1967, según el derecho internacional. Además, en 1995, las autoridades israelíes declararon parque nacional unas 350 hectáreas del yacimiento arqueológico y parte de las viviendas de los residentes palestinos y de sus terrenos agrícolas.

Donde ahora sólo hay restos arqueológicos, antes se levantaba un pueblo palestino. Más de un millar de personas vivían en Nabi Samwil antes de la ocupación israelí en 1967. Durante la guerra de los Seis Días, una parte de la población huyó. Pocos años después, las autoridades militares israelíes demolieron buena parte de las viviendas situadas alrededor del santuario y los residentes que permanecieron fueron desplazados hacia una zona situada al este del complejo religioso. Hoy permanecen en ese punto alrededor de 200-250 personas, según distintas fuentes.

“No recibo todas las visitas que me gustaría de mi familia, y mira que no viven lejos. Cada día podemos tardar horas en atravesar los controles para entrar o salir del pueblo”, relata a elDiario.es un vecino de la zona que prefiere ocultar su identidad. “De momento, yo tengo mi casa aquí, pero nunca se sabe qué puede suceder”, agrega.

Además del desplazamiento de esta comunidad palestina, la declaración del área como parque nacional por Israel implica que no se puedan levantar nuevas construcciones ni hacer reformas o determinadas actividades económicas y otras modificaciones del terreno, según la organización internacional Human Rights Watch.

Israel esgrime que su objetivo es proteger el patrimonio y desarrollar el lugar como espacio arqueológico y turístico. Pero para los residentes y distintas organizaciones israelíes críticas con la política arqueológica del Estado hebreo en Cisjordania, la conservación y explotación del sitio tienen lugar a expensas de los residentes palestinos. A ello se suma una nueva medida adoptada en mayo de este año: las autoridades israelíes emitieron una orden de expropiación que afecta a unas 11 hectáreas alrededor de Nabi Samwil.

La Administración Civil israelí ha pasado a tomar el control de sitios arqueológicos y se está apropiando de sitios religiosos, creando tensiones en algunos de los lugares más pacíficos y sensibles de Cisjordania

Peace Now — ONG israelí

De acuerdo con la organización israelí Peace Now, es la primera vez que la Administración Civil de Israel expropia en Cisjordania un sitio sagrado que está bajo la autoridad del Waqf (entidad que se encarga de los lugares sagrados musulmanes y cristianos, principalmente en Jerusalén). La ONG denunció el pasado mayo que “la Administración Civil ha pasado a tomar el control de sitios arqueológicos y se está apropiando de sitios religiosos, creando tensiones en algunos de los lugares más pacíficos y sensibles de Cisjordania”.

El santuario es utilizado por musulmanes y judíos y también está relacionado con tradiciones cristianas: en la parte superior del edificio que domina la colina está el espacio de oración musulmán; en el nivel inferior existe un área destinada a la oración judía. Peace Now destacó que los fieles de ambas religiones han accedido al complejo y han rezado en él durante décadas, sin que se hayan registrado incidentes mayores, pero la decisión de expropiar el sitio “probablemente intensificará las tensiones religiosas en Nabi Samwil y en toda Cisjordania”.

Sebastia, patrimonio mundial

El de Nabi Samwil no es un caso aislado, sino que se repite en otros puntos de Cisjordania, donde las autoridades israelíes emplean la gestión de los yacimientos arqueológicos para controlar las tierras ocupadas y también el relato histórico.

A unos diez kilómetros al noroeste de la ciudad palestina de Nablus se encuentra Sebastia, otro de los enclaves arqueológicos más importantes del norte de Cisjordania. El lugar ha adquirido especial relevancia en las últimas semanas después de que el pasado 24 de julio la UNESCO lo incorporara a su lista de Patrimonio Mundial y, al mismo tiempo, a la lista de Patrimonio Mundial en Peligro.

La UNESCO describe Sebastia como un lugar que conserva restos de sucesivas civilizaciones desde al menos el siglo IX antes de Cristo, cuando fue capital del antiguo reino de Israel del Norte. Precisamente esa sucesión de épocas convierte Sebastia en un lugar sensible y destacado, ya que sus piedras cuentan la historia de varias civilizaciones. El yacimiento tiene capas de las épocas israelita, helenística, romana, bizantina, islámica, cruzada, otomana y palestina contemporánea. Las tradiciones cristiana y musulmana sitúan también en este lugar la tumba de Juan Bautista.

El yacimiento de Sebastia, en el norte de Cisjordania, declarado recientemente Patrimonio Mundial por la UNESCO.

La declaración de la UNESCO fue recibida por las autoridades palestinas como una forma de reforzar la protección internacional del enclave frente a lo que califican de “política expansionista” de Israel. El Gobierno israelí, en cambio, acusó a la organización de la ONU de politizar el patrimonio y de ignorar los vínculos históricos judíos con el lugar.

El Ministerio de Exteriores afirmó que ninguna votación de una entidad internacional puede cambiar la historia, alegando que la inclusión de Sebastia en la lista de la UNESCO contribuye a ocultar los vínculos judíos con la zona. Israel abandonó la UNESCO en 2019 después de acusar a la organización de mantener una posición sesgada respecto al país.

La disputa no es únicamente diplomática. En febrero de 2026, la Administración Civil israelí emitió una segunda orden de expropiación sobre unas 200 hectáreas en la zona del yacimiento de Sebastia, según Peace Now. La superficie expropiada incluye tierras privadas pertenecientes a habitantes palestinos de Sebastia y del pueblo vecino de Burqa.

Organizaciones israelíes como Emek Shaveh, Yesh Din y Peace Now sostienen que las medidas pueden terminar separando el recinto arqueológico de la localidad palestina de Sebastia, situada en una zona con un régimen administrativo diferente. El yacimiento se encuentra en el Área C de Cisjordania, donde Israel controla tanto los asuntos civiles como de seguridad, según el sistema establecido por los Acuerdos de Oslo hace más de 30 años. Pero el núcleo habitado se encuentra en el Área B, donde la administración civil corresponde a la Autoridad Palestina y la seguridad, a Israel.

Desde 1967, el Estado de Israel ha utilizado la arqueología como herramienta en tres niveles distintos: el control de la tierra, la transformación del relato histórico y la creación de ‘asentamientos turísticos’

Alon Arad — director de una organización de arqueólogos israelíes

Para las ONG, el caso forma parte de una estrategia más amplia en la que la arqueología se emplea para reforzar el control sobre territorio ocupado, modificar el relato histórico y desarrollar nuevos espacios turísticos de los que se beneficia Israel.

Las autoridades israelíes rechazan esos argumentos y defienden que todas las medidas buscan proteger los yacimientos arqueológicos de Cisjordania frente al deterioro, el expolio y las construcciones ilegales. Asimismo, subrayan que muchos de estos lugares tienen una importancia particular para la historia judía y bíblica.

Arqueología como herramienta de control

El Gobierno israelí ha mostrado su intención de querer tener más competencias en la gestión del patrimonio en Cisjordania. En mayo, el Parlamento aprobó de forma preliminar un proyecto de ley que propone crear una autoridad específica para gestionar las antigüedades y los yacimientos arqueológicos de Cisjordania bajo la responsabilidad del Ministerio de Patrimonio.

La iniciativa, que de momento está paralizada, contempla competencias sobre excavación, conservación, restauración, desarrollo y administración de los yacimientos, así como la posibilidad de adquirir o expropiar terrenos con esos fines. También prevé funciones de supervisión y aplicación de la normativa en materia de patrimonio arqueológico.

El proyecto ha provocado críticas incluso dentro de Israel. La Academia de Ciencias y Humanidades israelí pidió al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y al diputado Zvi Sukkot, uno de los principales impulsores de la iniciativa, que la retiraran y advirtió de que podía deteriorar las relaciones internacionales de Israel en el ámbito de la arqueología y afectar a la investigación científica.

Si el Gobierno israelí y los colonos consiguen presentar toda la región como exclusivamente judía, pueden acabar debilitando la conexión palestina con la tierra y condicionando el futuro de todo el territorio

Alon Arad — director de una organización arqueólogos israelíes

La polémica muestra hasta qué punto la arqueología se ha incorporado al debate político. “Desde 1967, el Estado de Israel ha utilizado la arqueología como herramienta en tres niveles distintos: el control de la tierra, la transformación del relato histórico y la creación de ‘asentamientos turísticos’”, explica a elDiario.es Alon Arad, director de Emek Shaveh, una organización israelí de arqueólogos y activistas.

Arad detalla que las autoridades declaran los yacimientos como parques nacionales, reservas o espacios arqueológicos, restringiendo así el uso palestino de la tierra y aumentando la vigilancia. Asimismo, promueven determinadas interpretaciones históricas y construyen un relato centrado en la historia bíblica y judía. Y, además, impulsan con financiación pública lo que Arad denomina “asentamientos turísticos”.

Para el experto, la cuestión va mucho más allá de la gestión de un yacimiento: “La arqueología no es neutral; perder la batalla por la historia de un lugar significa perder la lucha por su futuro”, afirma. “Si el Gobierno israelí y los colonos consiguen presentar toda la región como exclusivamente judía, pueden acabar debilitando la conexión palestina con la tierra y condicionando el futuro de todo el territorio”.

Mientras expande su control, Israel también aumenta la inversión pública en el sector arqueológico de Cisjordania. Según Emek Shaveh, el Gobierno israelí ha anunciado 250 millones de séquels (más de 70 millones de euros) para el desarrollo de lugares patrimoniales en Cisjordania y la organización calcula que la inversión total entre 2023 y 2030 podría alcanzar unos 402 millones de séquels (más de 100 millones de euros).

Es uno de los yacimientos arqueológicos más singulares de Cisjordania, un lugar que podría aportar mucho a la población palestina del norte. Tiene un enorme potencial turístico y patrimonial

Yonatan Mizrachi — codirector del proyecto Settlement Watch

Las medidas adoptadas en Sebastia coinciden con una expansión de las competencias en arqueología de la Administración Civil. En junio de 2024, el Gobierno israelí autorizó a ese organismo a adoptar determinadas medidas relacionadas con el patrimonio en el Área B. En febrero de 2026 otra decisión autorizó la aplicación de la normativa en yacimientos situados también en el Área A, según la documentación recopilada por Emek Shaveh.

Para Yonatan Mizrachi, codirector de Settlement Watch, un proyecto de la ONG Peace Now dedicado a investigador la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania (considerados ilegales por el derecho internacional), el caso de Sebastia refleja una utilización política de la arqueología. “Es una historia trágica. Estamos hablando de uno de los yacimientos arqueológicos más singulares de Cisjordania, un lugar que podría aportar mucho a la población palestina del norte. Tiene un enorme potencial turístico y patrimonial y sus habitantes están muy orgullosos de él”, explica a este diario.

Mizrachi considera que el caso de Sebastia muestra hasta qué punto la gestión del patrimonio se ha incorporado a la disputa por el control del territorio. A su juicio, la situación actual refleja una contradicción: “Por un lado, tenemos un yacimiento que ha sido inscrito por la UNESCO como Patrimonio Mundial; por otro, Israel está invirtiendo decenas de millones de séquels para desarrollar el lugar como patrimonio israelí. Esto demuestra hasta qué punto el patrimonio puede utilizarse como una herramienta política”.

Vista general de las Piscinas de Salomón en Belén, Cisjordania, el 10 de octubre de 2017, día del lanzamiento de un proyecto de conservación financiado por Estados Unidos para preservar el sitio.

Los intentos de Israel de hacerse con más yacimientos han aumentado recientemente. Un ejemplo son las llamadas Piscinas de Salomón, cerca de Belén: tres grandes depósitos de agua de distintas épocas que formaron parte de un complejo destinado durante siglos al abastecimiento de agua de la vecina Jerusalén.

El enclave se encuentra actualmente en el Área A de Cisjordania, pero en los últimos meses, políticos israelíes de extrema derecha han reclamado un cambio en el régimen de control del lugar, apelando al pasado bíblico y a la tradición judía.

También en Hebrón (sur de Cisjordania) se ha inaugurado un centro de visitantes vinculado al judaísmo jasídico, con una sinagoga y otros espacios religiosos. Durante la presentación, ministros israelíes criticaron desde allí las decisiones de la UNESCO. Y en Jericó, responsables israelíes y organizaciones de colonos han reclamado mayor control sobre el complejo de los Palacios Asmoneos, un yacimiento con restos que datan de los siglos II y I a. C., alegando que la Autoridad Palestina no está protegiendo adecuadamente los restos arqueológicos.

Entre las piedras de Nabi Samwil y las ruinas de Sebastia, la batalla por el patrimonio es también una batalla por el control del territorio y por la memoria de quienes lo habitan.

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