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Apatía en Ucrania frente a los llamados referéndums de anexión a Rusia: “¿Para qué votar?”

Votación en una mesa electoral móvil en Lugansk.

Con una preparación mínima, soldados armados montando guardia y los estruendos de la guerra perceptibles en la distancia, varias zonas de Ucrania bajo ocupación rusa han iniciado este viernes los llamados referéndums.

Putin escenifica un golpe de fuerza que terminará perjudicándole

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Los residentes de las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, controladas por fuerzas rusas, votan estos días para declarar la independencia y unirse a Rusia. Las votaciones han sido ampliamente condenadas en Kiev y en Occidente por considerarlas ilegítimas y parecen un intento de encubrir la anexión ilegal por parte de Moscú. Se han organizado apresuradamente tras ser anunciadas a principios de esta semana y está previsto que duren hasta el martes.

El presidente Vladímir Putin ha indicado que Rusia planea reclamar los territorios una vez terminen las formalidades de la votación y ha amenazado con que Moscú está dispuesto a defender sus ganancias utilizando todos los medios disponibles, incluidas las armas nucleares.

En Kiev, las autoridades han dicho que las votaciones no tendrán ningún efecto en la situación sobre el terreno ni en la actual contraofensiva del ejército ucraniano. “No hay ningún referéndum. Se trata de un ejercicio de propaganda al que están llamando referéndum”, declaró Mijailo Podoliak, consejero del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, en una entrevista. “No significa nada. Será un montaje en el que habrá cámaras de televisión rusas”.

The Guardian ha hablado con varias personas en la ciudad ocupada de Jersón a través de aplicaciones de mensajería segura y todas ellas han señalado la falta de actividad sobre el terreno. “No conozco a nadie que piense ir este fin de semana a votar. Estoy en contra de la anexión, pero ¿para qué molestarse en votar? Todo está ya decidido por nosotros. Estoy seguro de que contarán los votos como les plazca. Todo es inútil”, dice Svitlana, que se describe a sí misma como una madre apolítica que se queda en casa.

“Hacerlo mal, mejor que no hacerlo”

La rapidez con la que se ha organizado la votación parece haber impedido a las autoridades de ocupación lanzar una campaña para fomentar la participación y presionar a la gente para que vote. “No he visto ninguna campaña, ni carteles electorales y no tengo información sobre dónde debe votar la gente. Hay un rumor de que van a ir de puerta en puerta, pero no lo sé”, dice otro residente de Jersón que no quiere revelar su identidad.

La misma persona describe un ambiente cada vez más tenso en las últimas semanas en la ciudad, especialmente desde el éxito de la contraofensiva ucraniana en la región nororiental de Járkov. Otras personas describen sentimientos similares. “Cada vez es más difícil ponerse en contacto con la gente de la ciudad. Ahora hay constantes registros domiciliarios y se revisan los teléfonos. A menudo tengo miedo de hablar de política con mis amigos por temor a meterlos en problemas”, dice Olena, que abandonó Jersón hace dos semanas.

En entrevistas para medios rusos, el vicegobernador designado por Moscú para la región ocupada de Jersón ha afirmado que hay 198 mesas electorales abiertas en la región. “Nuestro futuro forma parte de un solo país, grande y unido”, dice Kirill Stremousov. Un vídeo procedente de Donetsk muestra supuestamente “comisiones electorales móviles” que van casa por casa atrayendo al electorado con altavoces y pidiendo a la gente que salga a votar. Stremousov ha afirmado falsamente que la votación cumple todas las normas electorales internacionales.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que supervisa elecciones, ha enumerado una serie de razones por las que los referéndums no deberían tener fuerza legal: no cumplen las normas internacionales, son contrarios a la legislación ucraniana, las zonas no son seguras, no habrá observadores independientes y gran parte de la población ha huido.

Rusia se anexionó Crimea en 2014 tras un referéndum que también fue calificado de ilegítimo y controla parte de las regiones de Donetsk y Lugansk desde 2014, las cuales dirige como agentes rusos pese a su denominación como “repúblicas populares”.

Desde primavera ha habido rumores de que el Kremlin planeaba celebrar votaciones en el este de Ucrania, pero Moscú esperaba obtener el control total de las cuatro regiones antes de ordenar el referéndum. Cuando Ucrania comenzó su contraofensiva a principios de mes, los planes se pospusieron indefinidamente.

“Hace un par de semanas vimos que todos los consultores que vinieron de Rusia para organizar este referéndum volaron a casa y parecía que lo estaban posponiendo”, dice una fuente de inteligencia desde Kiev. “Creemos que se dieron cuenta con la contraofensiva de que la situación militar no era propicia para hacerlo, pero luego, tras pensarlo un poco, decidieron que hacerlo mal es mejor que no hacerlo”.

La reconquista ucraniana de territorios en los que los rusos habían prometido a la población local que se quedarían allí “para siempre” ha tenido consecuencias en las demás zonas ocupadas y ha llevado a muchos a recalibrar sus decisiones de colaboración, dicen los funcionarios ucranianos.

La viceprimera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk, ha afirmado que ha escuchado llamadas telefónicas interceptadas desde zonas ocupadas de personas que intentaban deshacerse de los acuerdos previos de cooperación con los rusos tras asustarse por el éxito de la contraofensiva. “La gente intentaba librarse de participar en la organización de este referéndum de forma masiva. He escuchado estas conversaciones y estaban pensando en cómo huir y cómo escribir una carta de dimisión”.

Cientos de miles de personas han abandonado las zonas ocupadas desde la invasión, algunas hacia Rusia y otras hacia el territorio controlado por Ucrania o a Europa occidental.

A medida que la ocupación ha ido avanzando, los rusos han reprimido cada vez más la disidencia entre los que se han quedado. En los primeros días hubo concentraciones masivas a favor de Ucrania en Kherson y otras ciudades ocupadas, pero fueron sofocadas gradualmente. En las últimas semanas han aumentado los registros puerta a puerta y la represión.

“La represión se ha intensificado”

“Todos los que han tenido la oportunidad de hacerlo, se han ido y los que han tenido que quedarse por diferentes razones están demasiado asustados como para protestar. Es poco probable que veamos protestas como a las que asistí al principio de la guerra. Simplemente no es seguro. La represión se ha intensificado”, dice Anzhela Hladka, una ejecutiva de publicidad de Jersón que dejó la ciudad en abril y ahora está en Países Bajos.

“La semana pasada, la mujer de un amigo llamó para decir que las fuerzas de ocupación irrumpieron en su casa y se llevaron a su marido. Estaba en contra de los rusos, pero no formaba parte de la resistencia. Le dejaron marchar al día siguiente, pero desde entonces no ha vuelto a ponerse en contacto con él. Oigo estas historias todo el tiempo”, dice.

En Kiev, Vereshchuk relaciona los referéndums con la reciente decisión de Rusia de movilizar reservistas y lo califica como un “intento patético” por parte de Putin para justificar ante el pueblo ruso la invasión en curso. “Es para explicar a una audiencia interna por qué ha habido tantas pérdidas. No creo que el ruso medio entienda realmente por qué su hijo ha muerto en algún pueblo de la región de Jersón”, dijo.

No hay duda de que Rusia proclamará que los referéndums han sido un éxito abrumador, pero lo que ocurra después es más difícil de predecir. Las autoridades ucranianas dicen que ignorarán cualquier reclamación rusa sobre su territorio. Mientras, los líderes occidentales esperan que las amenazas de Putin de ataques nucleares sean un farol desesperado.

Dmitri Medvédev, expresidente ruso y ahora vicepresidente del Consejo de Seguridad, ha dicho directamente en Telegram que se podrían utilizar armas nucleares si los territorios recién anexionados se vieran amenazados. “Por eso estos referéndums son tan temidos en Kiev y en Occidente”.

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