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Rusia usa armas prohibidas por el derecho internacional en Ucrania, según una investigación de 'The Guardian'

Un hombre examina el cráter de ua explosión en el centro del pueblo de Slatino, en la región de Járkov, Ucrania, el 11 de mayo.

Cerca de la medianoche del 1 de marzo, un avión de la fuerza aérea rusa lanzó una serie de explosivos de la era soviética de 250 kilos sobre Borodianka, al norte de Kiev. Se trataba de potentes bombas FAB-250, diseñadas para alcanzar objetivos militares como fortificaciones y búnkeres enemigos. Sin embargo, en esta tranquila ciudad de 13.000 habitantes no había estructuras de este tipo. Las bombas cayeron sobre al menos cinco edificios residenciales, partiéndolos en dos. Se encontraron decenas de cadáveres bajo los escombros cuando los rusos se replegaron de la región de Kiev a principios de abril, dejando a su paso una gigantesca escena del crimen en la que los fiscales ucranianos que investigan los presuntos crímenes de guerra cometidos por Rusia y su presidente, Vladímir Putin, han estado trabajando durante semanas.

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Un crimen de guerra es la violación de las leyes de la guerra, una parte del derecho internacional establecida por las convenciones de La Haya de 1899 y 1907 y definida con más detalle por las convenciones de Ginebra de 1949, y que incluye el asesinato intencionado de prisioneros de guerra y civiles, la tortura y el uso de armas ilegales (armas cuyo objetivo sea indiscriminado, que no puedan dirigirse contra un objetivo militar específico o cuyos efectos no puedan limitarse como dispone el derecho internacional humanitario).

The Guardian ha visitado pueblos y aldeas al norte de Kiev arrasados durante la ocupación rusa y ha revisado las pruebas encontradas en el terreno –y otros materiales en manos de la fiscalía ucraniana– de municiones que tienen escasa precisión en el blanco de ataque como las FAB-250, los proyectiles de dardos metálicos y las bombas de racimo cuyo uso provocó la muerte de cientos de civiles.

FAB-250

Las FAB-250 están entre las bombas más utilizadas por los rusos contra ciudades ucranianas de la región de Kiev, como Bucha, Gostomel y Borodianka. Según los investigadores, al menos ocho edificios de las ciudades del norte de Kiev han sido destruidos por estas potentes bombas no guiadas, causando cientos de muertos. La FAB-250 es una bomba muy imprecisa, lanzada desde el aire, empleada en gran medida por la antigua Unión Soviética en la guerra en Afganistán y por Rusia en Siria.

La táctica parece proceder directamente de la guerra civil en Siria, a la que Moscú se unió en 2015 para apoyar al presidente Bashar al-Asad. Los edificios destruidos en Borodianka por los FAB-250 muestran niveles de destrucción muy similares a los edificios arrasados en Alepo.

Los FAB-250 se lanzan en caída libre desde los bombarderos y se diseñaron con el propósito de ser utilizados contra fortificaciones militares en tierra. Aunque Rusia dice que está tratando de destruir objetivos militares, las pruebas recogidas o revisadas por The Guardian durante las visitas a Bucha, Gostomel y Borodianka, y verificadas independientemente por expertos en armamento, muestran que estas bombas fueron lanzadas sobre edificios residenciales e infraestructuras civiles.

Proyectiles de dardos metálicos

Los patólogos y forenses que realizan las autopsias de los cadáveres hallados en las fosas comunes de la región del norte de Kiev han encontrado pequeñas flechas de metal incrustadas en la cabeza y el pecho de las víctimas. Expertos independientes en armamento que revisaron las imágenes de las flechas metálicas encontradas en los cuerpos han confirmado que se trataba de fléchettes, dardos metálicos, un arma antipersona muy utilizada durante la Primera Guerra Mundial.

Estos pequeños dardos metálicos están contenidos en proyectiles de cañón de campaña de un tipo disparado por la artillería rusa en las ciudades de Bucha e Irpin. Cada proyectil puede contener hasta 8.000 dardos. Una vez disparados, los proyectiles estallan cuando una espoleta temporizada detona y explota por encima del suelo. Los dardos, que suelen tener entre tres y cuatro centímetros de longitud, se dispersan en un amplio arco cónico de unos 300 metros por 100 metros.

Al impactar con el cuerpo de la víctima, el dardo pierde rigidez y se dobla en forma de gancho, mientras que la parte trasera de la flecha, formada por cuatro aletas, suele desprenderse y provocar una segunda herida. Estas municiones no están vetadas por el derecho internacional, a pesar de que los grupos de derechos humanos llevan tiempo pidiendo su prohibición. Sin embargo, el uso de armas letales imprecisas en zonas civiles densamente pobladas constituye una violación del derecho humanitario.

Los dardos metálicos empezaron a utilizarse durante la Primera Guerra Mundial desde los entonces novedosos aviones para atacar a la infantería y perforar sus cascos. No se utilizaron mucho durante la Segunda Guerra Mundial, pero resurgieron en la guerra de Vietnam, cuando Estados Unidos empleó una versión de ellas empaquetada en contenedores de plástico. The Guardian también encontró varias fléchettes en Irpin, donde varios residentes afirmaron que las habían encontrado clavadas en sus coches.

Bombas de racimo

Bellingcat, un medio independiente de periodismo de investigación, ha revisado algunas de las imágenes de The Guardian y ha confirmado la presencia de bombas de racimo en las ciudades y pueblos ocupados por los rusos en Ucrania.

La retirada de Rusia de la región de Kiev a principios de abril ha dejado al descubierto pruebas de la presencia de municiones de racimo –granadas o bombas que liberan decenas de municiones más pequeñas– en los restos de coches, calles, edificios civiles y en los cadáveres. Estas armas, prohibidas en más de cien países (pero no en Estados Unidos, Rusia o Ucrania) en virtud de un tratado de 2008 denominado Convención sobre Municiones de Racimo, se lanzaron en zonas sin personal ni infraestructura militar. Rusia ha negado repetidamente haber atacado a civiles y ha dicho que las acusaciones ucranianas de crímenes de guerra son falsas.

Las llamadas submuniciones de una bomba de racimo están diseñadas para liberarse en una zona amplia, pero no siempre explotan, lo que supone un riesgo que perdura para los civiles. Los restos de decenas de coches en Bucha y Borodianka, vistos y fotografiados por The Guardian y revisados por expertos, muestran los característicos agujeros causados por las submuniciones de las bombas de racimo utilizadas por el ejército ruso. El uso de bombas de racimo y municiones de racimo también ha sido ampliamente denunciado en otras zonas de Ucrania. El 4 de abril, cuando un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) entró en un hospital de oncología de Mykolaiv, en el sureste de Ucrania, se produjeron varias explosiones muy cerca del personal.

The Guardian encontró un proyectil de racimo ruso cerca de una aldea agrícola en Gostomel y fragmentos de aletas de cola de bombas de racimo RBK-500 con submuniciones PTAB-1M y cohetes de racimo en otras poblaciones al norte de Kiev. El impacto de las bombas de racimo en estas zonas fue tan grande que en algunos casos alcanzaron y mataron a numerosos animales. A poca distancia de la bomba de racimo encontrada en Gostomel, los cadáveres de dos caballos muestran claras marcas de estas submuniciones en sus cuerpos.

En Borodianka, los fiscales llevan días exhumando a decenas de víctimas que fueron enterradas apresuradamente en los cementerios locales por sus familiares durante los bombardeos, ya que, según las autoridades, muchas de ellas murieron a causa de las bombas de racimo. Los forenses de las zonas del norte de Kiev confirmaron a The Guardian que habían encontrado fragmentos de munición de racimo incrustados en los cuerpos desenterrados en la zona. Los forenses están clasificando los hallazgos y los comunicarán a La Haya, donde en los próximos meses podrían formalizarse las acusaciones de crímenes de guerra cometidos por Rusia.

Traducción de Emma Reverter

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