Trump se enfrenta al descontento popular por la subida de precios en el primer año de su cruzada arancelaria
Hace un año, Trump apareció en el jardín de la Casa Blanca con un enorme tarjetón en el que anunciaba el mayor muro arancelario del siglo en torno a la economía estadounidense. La decisión desató el caos internacional, pero una serie de moratorias y modificaciones difíciles de seguir permitieron la recuperación de los mercados pese a la incertidumbre. Un año después, con un revés judicial del Tribunal Supremo de por medio, los estadounidenses son uno de los grandes afectados por el desmantelamiento del sistema de libre comercio diseñado por el propio Washington.
La guerra comercial de Trump, que iba acompañada de la promesa de “volver a hacer América rica”, ha reducido el déficit comercial de Estados Unidos, pero también lo ha hecho la capacidad adquisitiva de los estadounidenses. La mayoría de ciudadanos considera que los impuestos a las importaciones del presidente han hecho que la cesta de la compra les salga más cara. Una impresión que los datos económicos corroboran: el precio total de los alimentos ha subido un 3,1% en este lapso de tiempo. Algunos productos, como la ternera o el café, han sufrido subidas del 14% y 18%, respectivamente.
Una encuesta publicada por el Pew Research Center a principios de febrero mostraba cómo el 60% de los estadounidenses sigue estando en contra de los aranceles del presidente. Otra, realizada por Harris Poll y publicada por The Guardian a mediados de marzo, mostraba cómo siete de cada diez estadounidenses consideran que los aranceles les cuestan más dinero. Si se filtra por orientación política, un 64% de los republicanos están de acuerdo con que los aranceles habían aumentado precios. En el caso de los demócratas y los votantes independientes, el porcentaje era de un 77% y un 67%, respectivamente.
Aunque el presidente de la Fed, Jerome Powell, decía en la última reunión de marzo que el impacto de los aranceles tenía que acabar de aterrizar, las urnas no esperan. En noviembre hay elecciones de medio mandato y, por el momento, nada indica que esta sensación de que la vida es más cara vaya a cambiar. Mucho menos con la guerra de Irán y con el barril de crudo disparado por encima de los 100 dólares.
Los resultados macroeconómicos, como la balanza comercial o los acuerdos obtenidos con otros países quedan muy lejos del día a día. Es algo que la Administración de Joe Biden aprendió cuando los demócratas perdieron las presidenciales en 2024: a pesar de tener buenos indicadores macroeconómicos, la gente no percibía una mejora en sus condiciones materiales.
Revés judicial
El Tribunal Supremo de Estados Unidos tumbó precisamente los aranceles universales del presidente porque suponía un abuso de los poderes de emergencia. El alto tribunal consideraba que los poderes de emergencia económica (IEEPA) que Trump invocó “no le autorizan a imponer impuestos a través de órdenes ejecutivas”.
La sentencia, más allá de desatar la furia del magnate, dejó el gran interrogante de qué pasaba con los más de 130.000 millones de dólares que el Gobierno ya había recaudado y qué pasaba con los acuerdos firmados a raíz de dichos aranceles. Este mes, Malasia declaró su acuerdo comercial “nulo y sin efecto” a raíz del fallo. En cambio, la UE ha seguido trabajando con el mismo marco negociador.
Trump, que no está dispuesto a renunciar a una de sus políticas estrella, ya contestó a la sentencia del Supremo con unos nuevos aranceles del 10% que sustituyen a los universales. Para hacerlo, recurrió a la Sección 122 de una ley comercial de 1974. Aunque estos impuestos van a expirar a mediados de julio y los asesores de la Casa Blanca ya están trabajando en vías alternativas para poder mantenerlos.
Un año después del 'Día de la Liberación', en el que Trump hizo saltar por los aires el libre comercio como se le conocía hasta ahora, sigue sin estar claro cuáles son las reglas que rigen el día después.
Daño a las bases rurales
Los granjeros y ganaderos estadounidenses se sienten los grandes perdedores. Buena parte de las bases rurales MAGA se han convertido en los daños colaterales de uno de los pilares centrales de las políticas de su presidente. Por ejemplo, los cultivadores de soja ya hace tiempo que han notado los efectos negativos de la guerra comercial de Trump. El pulso con China ha hecho que Pekín deje de comprarles para buscar nuevos proveedores en Latinoamérica.
Paralelamente, también se han visto perjudicados por las vías alternativas con las que Trump intenta paliar el enfado de los consumidores. Por ejemplo, para combatir la subida del precio de la ternera, el presidente anunció en octubre del año pasado la compra de 80.000 toneladas métricas de carne a Argentina, algo que terminó de hundir a los ganaderos en medio de una de las peores sequías que sufre el campo estadounidense.
Trump aplicó los aranceles también con la premisa de reindustrializar el país, crear más puestos de trabajo y fomentar el consumo de productos de Estados Unidos. Las dos primeras premisas, de momento, no se han materializado y van en dirección contraria. Mientras la segunda sí que es cierta. Un año después del supuesto 'Día de la Liberación', China ya no envía tantos productos a Estados Unidos como antes.
Además, el Gobierno estadounidense se ha encargado de asegurar sus reservas domésticas de minerales necesarios para la carrera tecnológica de la inteligencia artificial. En diciembre de 2025 el Departamento de Estado lanzó la iniciativa de la Pax Silica, para crear una cadena de suministro segura para la inteligencia artificial, los semiconductores y los minerales críticos.
Señales de debilitamiento
Ahora bien, que se hayan reducido las importaciones extranjeras no se ha traducido automáticamente en una mayor creación de empleo. Según datos de la Reserva Federal, actualmente las fábricas del país tienen contratados a unos 12,6 millones de trabajadores. Pero en estos meses la tasa de paro del país ha seguido aumentando: los últimos datos publicados en febrero por el Departamento de Trabajo muestran que se han destruido unos 92.000 puestos de trabajo.
La producción manufacturada ha subido cerca de un 1% durante este período, pero sigue estando por debajo de los niveles alcanzados bajo el mandato de Biden. El centro de investigación de la Universidad de Yale, The Budget Lab, señala cómo “las industrias expuestas a aranceles muestran ciertos signos de debilidad en comparación con la tendencia anterior a 2025”.
Este análisis coincide con las palabras de Powell, que aún se están asentando los efectos de los aranceles en la economía estadounidense. El 'Día de la Liberación' sigue siendo el epicentro desde donde se proyectan las ondas sísmicas que continúan impulsando la inflación en torno al 2,4% a día de hoy.
Otra de las pocas certezas que hay un año después del 'Día de la Liberación' es que Trump dio la estocada final al sistema del libre comercio que durante décadas Estados Unidos había edificado. Como respuesta a los aranceles, grandes socios comerciales como la Unión Europea han buscado alternativas en otros mercados, como Latinoamérica. En breve, el acuerdo del Mercosur se hará efectivo para ambas partes. La UE también ha buscado aumentar las relaciones comerciales con India.
Estados Unidos también ha conseguido que, como consecuencia de los aranceles, numerosos países hayan firmado nuevos acuerdos comerciales o hayan hecho concesiones. Por ejemplo, Reino Unido aceptó aumentar el número de carne vacuna importada de EEUU que se puede vender cada año en el país. Muchos Estados han buscado su propia vía para restaurar la seguridad comercial frente a Trump, quien ha demostrado usar los aranceles como arma de presión.
10