Orgullo y empatía
Mientras empresas e instituciones lucen estos días la bandera arcoíris en sus fachadas, en el interior de esas mismas oficinas es posible escuchar una versión contemporánea de comentarios desdeñosos: “ya estamos otra vez con el Orgullo” o el cada vez más manido “para cuándo el día del orgullo heterosexual”. La elaboración argumental del comentario suele ser más infrecuente, pero tuve el privilegio de escucharla, hace ya algún tiempo, en los prolegómenos de una reunión de trabajo: al menos en las grandes ciudades, hace muchos años que las personas LGTBI no son discriminadas, así que no hay motivo para que empresas e instituciones se sumen a la celebración del Orgullo en los tiempos que corren.
Los silencios y los miedos que genera crecer siendo diferente, que muchas veces se acumulan en una mochila pesada, se ignoran de un plumazo, en una muestra de desconocimiento y falta de empatía en el mejor de los casos. Porque la discriminación tiene muchas caras, algunas de ellas casi imperceptibles a primera vista, y la invisibilidad —que es indisociable de la presunción de que el otro se ajusta a la norma o expectativa social— es una de ellas. Por eso, despreciar los esfuerzos para construir entornos de trabajo más diversos e inclusivos no solo perpetúa una discriminación sino que la agrava, al levantar un nuevo muro de silencio entre quien manifiesta el desprecio y quien necesita un espacio seguro en el que mostrarse tal y como es.
Derribar esos muros invisibles pero ubicuos es una tarea colectiva que requiere no solo orgullo y empoderamiento sino también reconocimiento de la diversidad y empatía, y probablemente es en este último ámbito en el que más camino queda todavía por recorrer. En las cámaras de eco de las redes sociales y en las burbujas analógicas en las que muchas veces habitamos casi sin darnos cuenta, las identidades y los símbolos se izan o se desdeñan, las disquisiciones teóricas se debaten apasionadamente o se ridiculizan, pero apenas hay espacio para el diálogo entre diferentes y, sobre todo, para compartir y escuchar las vivencias humanas que se esconden detrás de toda identidad. Y así es difícil que florezca la empatía.
0