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El barrio de Las Letras se queda con el edificio que albergó La Ingobernable

Fachada de la calle Gobernador del edificio que albergó La Ingobernable.

Peio H. Riaño


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Maldita paradoja: el barrio de Las Letras no tiene biblioteca. Las calles están adornadas con citas literarias en dorado de los clásicos del Siglo de Oro y Romanticismo pero nadie puede llevarse un libro prestado si no es en La Latina o en Retiro, donde están las bibliotecas más cercanas. En Madrid otros 86 barrios como Las Letras padecen el apagón bibliotecario. En realidad, Las Letras no tiene ninguna dotación pública salvo un centro de salud saturado, que atiende de manera provisional desde hace treinta años a 24.000 cartillas sanitarias en un bajo sin ventilación ni salida de emergencia ni ascensor para descender a la planta inferior. “Si alguna persona mayor necesita ir a consulta y no puede bajar las escaleras, tienen que llevarla en volandas a pulso”, dice Víctor Rey, presidente de la asociación vecinal del barrio que hoy tiene motivos para brindar.

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— ¡No nos ha tocado la lotería!, dicen dos vecinas que bajan por una de las calles de este tranquilo barrio atrapado entre el parque del Retiro y la Plaza Mayor, entre la calle Atocha y Moratín. Once y media. Son puntuales a su cita del café en 'Matilda', el bar que regenta Fernando y que hoy sale a recibir en la calle a sus leales vecinas para felicitarlas con los brazos abiertos.

— ¡¿Os habéis enterado?!, pregunta Fernando.

— ¿De qué?

— ¡Que van a montar el centro de salud ahí abajo!

— ¿En La Ingobernable? ¡Ay, qué bien! ¡Por fin! 

— ¿No será una inocentada, no?, responde una de las vecinas. 

— Que no, que se anunció anoche [por el lunes, cuando se conoció el acuerdo entre PP, Ciudadanos y los díscolos de Más Madrid para sacar adelante los presupuestos municipales para 2022], les responde Fernando.

— Entonces, ¡sí nos ha tocado la lotería! Aunque haya sido gracias al acuerdo de los disidentes de Carmena y el rechazo de Vox, apunta una de ellas, mordiéndose la lengua para no ir más allá delante de un desconocido.

— ¿Montaremos una verbena, no?, pregunta una de ellas. 

— El día en que tengamos la firma del Ayuntamiento y los contagios no estén disparados, lo celebraremos en la calle, señala Víctor Rey.

— Menos mal, porque estoy hasta la peineta de protestar, cantar y bailar.

Lo celebrarán con un cafelito en el bar. Nada de burbujas navideñas. Ellas son más de la acera de la clase trabajadora que de la clase privilegiada. Este barrio es una isla que separa el mundo de los privilegiados del resto, atravesado una y otra vez por los turistas ajenos a las reivindicaciones. Esta mañana en 'Matilde' se brinda por una que ha sacado a la gente de sus casas hasta en tres manifestaciones. El Grupo Mixto del Ayuntamiento ha forzado al alcalde Martínez-Almeida a cumplir con su promesa electoral y dotar al barrio con un centro de salud digno y una biblioteca, en el antiguo edificio autogestionado conocido como 'La ingobernable'. Una vez Vox anunció retirarle su apoyo, el alcalde del PP buscó los votos de los exconcejales de Más Madrid para aprobar los presupuestos del próximo año. Una carambola política a tres bandas que apunta a un final feliz sobre este asunto. 

Una lucha de seis años

Esta es la crónica de un barrio resignado que despertó y se negó a ser cama para turistas. Esa fue la primera campaña que pusieron en marcha como asociación. “Estamos en peligro de extinción”, decían las pancartas que colgaron hace cuatro años y que todavía pueden verse en algunas ventanas de la zona. La gentrificación pisó el acelerador en un barrio que envejecía en pleno centro de la ciudad, las calles adoquinadas se llenaban de maletas que iban y venían y el tejido social desaparecía. “No podíamos hacer comunidad, ni siquiera teníamos un espacio para encontrarnos y poder hablar de nuestras necesidades para reclamar al Ayuntamiento”, cuenta Víctor Rey. 

Encontraron ese lugar de reunión cuando se abrieron las puertas de 'La Ingobernable', en el edificio que fue delegación de la UNED y que está situado en la confluencia de la calle del Gobernador y el Paseo del Prado. En noviembre de 2019 la Policía desalojó el centro social autogestionado, con José Luis Martínez-Almeida ya alcalde. Después de cuatro años de trabajos de cooperación con el barrio, el alcalde insultó a los componentes de 'La Ingobernable', les llamó “caras”. 

El regidor prometió en campaña un centro de salud y una biblioteca para los vecinos y vecinas de Las Letras en el edificio, pero desde que salió elegido como alcalde, gracias al apoyo de Ciudadanos y Vox, no había vuelto a mostrar interés en cumplir con su palabra. Primero pensó en donarlo a la Fundación Hispanojudía para un museo, luego apareció la Fundación Patrizia Sandretto... Hasta hoy. Los vecinos cuentan que el edificio de 3.400 metros cuadrados será dividido en dos: una parte estará destinada al centro de salud, que será recuperada y pagada por la Comunidad de Madrid; y la otra será para que el barrio decida qué hacer en ella. “Tenemos 1.700 metros cuadrados y 300.000 euros para la reforma que han prometido en el pacto”, indica Rey.

Un espacio vivo para el barrio

¿A qué dedicarán ese espacio que corresponde al barrio? Víctor Rey y Sara Robles comentan que tendrá tres pilares: la juventud, la infancia y los ancianos. Para los primeros quieren crear un espacio nuevo inspirado en un modelo que descubrieron en 2018. “Es una biblioteca viva, un modelo no tradicional, de intercambio de libros. La pusimos en marcha en el patio de Medialab Prado con dos cajas de fruta con algunos libros y acabamos montando estanterías. Tuvimos que empezar a clasificarlos del volumen de ejemplares que traía la gente para llevarse otros. Metía mensajes en el interior. Estuvo activa más de dos años, hasta la pandemia”, cuenta Robles. Saca su móvil y enseña unas fotos de aquellos días. “Este es el origen de la biblioteca pública del barrio de Las Letras. Deja tu libro”, decía el cartel casero de bienvenida.  

También incorporarán una sala de lectura para que estudien y no tengan que marcharse hasta la biblioteca de La Latina o del Retiro a preparar sus exámenes. “Queremos que ocurran cosas, que haya actividad y talleres. Una propuesta viva”, apunta Rey. Para la infancia crearán una zona donde puedan acudir las niñas y niños del colegio público Palacio Valdés, de algo más de 200 alumnos. “No tienen una zona verde cerca donde ir a jugar a la salida. Montaremos una ludoteca para ellos como hubo con 'La Ingobernable', gracias al AMPA”. Víctor Rey está contento con los años de ocupación del edificio abandonado: 'La Ingobernable' ha dejado muchas cosas que han beneficiado al barrio, como los espacios de reunión“, reconoce. Por último, los vecinos crearán un espacio para mayores, algo parecido a un centro de día. 

Una vecina sube por una de estas cuestas cargada con detergente para lavar la ropa y suavizante. En una de las manos lleva la correa que ata a su perra. “¡No me jodas! ¡Por fin lo logramos!”. No sabía nada y dice que le hemos alegrado el día. Llegó hace veinte años al barrio desde Argentina. “Es una buenísima noticia. La mayoría de los vecinos no vamos a ese centro de salud, sino al de Carrera de San Jerónimo porque este centro está saturado, es pequeño y no tiene las mínimas condiciones”, comenta. En el centro de salud ya no hay servicio de pediatría. Tampoco tienen ventanas para ventilar. 

Sensación de victoria

Desde hace más de veinte años la tienda Corzón, de artes y taller de enmarcación, ocupa una de las esquinas más emblemáticas del barrio. Es el local pegado al edificio que estuvo ocupado. “Nunca tuvimos problemas con ellos. Fueron amabilísimos, no dieron problemas. Una vez hubo una fuga de agua y se ofrecieron a repararla. Hicieron mucho por el barrio. Ya era hora de que el Ayuntamiento entregara ese edificio a los vecinos, porque solo han querido especular con él. Por fin hemos vencido”, dice la dependienta de Corzón. Asegura que lo necesitaban porque los planes que tenían era reventarlo de turismo. 

A la memoria de los vecinos que preguntamos acude un hito que les hizo levantarse. Corría el año 2015, último pleno del Ayuntamiento de Ana Botella como alcaldesa antes de las elecciones que dieron la alcaldía a Manuela Carmena. Botella firmó la cesión gratuita por 75 años del antiguo edificio de la UNED a la Fundación Emilio Ambasz. Nadie conocía al arquitecto argentino pero levantaría allí, en la milla del oro del arte, un museo en honor a sí mismo: 3.400 metros cuadrados gratis, gracias a la estrecha amistad del arquitecto con el “clan de Valladolid”, liderado por Miguel Ángel Cortés, ex secretario de Estado de Cultura entre 1996 y 2000 con el expresidente José María Aznar. José Pedro Pérez-Llorca, un hombre fiel al PP que Mariano Rajoy nombró presidente del Patronato del Museo del Prado, era el abogado que gestionaba los intereses de Ambasz. 

Botella rebajó la protección del edificio para que el nuevo dueño pudiera derribarlo en un mes y hacer en ese solar lo que quisiera. Las elecciones municipales de 2015 trajeron a Manuela Carmena y nació 'La Ingobernable'. El abogado Pérez-Llorca apuntó antes de que la nueva alcaldesa paralizase el proyecto que la revocación no era posible porque existía “una concesión administrativa”. Para romperla, el Ayuntamiento indemnizó al arquitecto argentino con 1,4 millones de euros. La idea era destinar una parte del edificio a la biblioteca de mujeres, con los fondos de la bibliotecaria Marisa Mediavilla, compuestos por casi 30.000 volúmenes. No se hizo nada de todo lo previsto. Llegaron las nuevas elecciones y la alcaldía de Martínez-Almeida.

Es un día de paz y tranquilidad en el barrio que parece un pueblo, como lo describe una trabajadora de la inmobiliaria que se dedica a la venta y alquiler de pisos de la zona. Dice que este año ha sido muy bueno para la venta, que ya no encuentran inversores en alquiler turístico sino personas que quieren ir a vivir al barrio. Ahora, en la calle Fúcar, se levantan los cimientos de lo que será un polideportivo. Los vecinos rebeldes han conseguido frenar el éxodo. “Hemos aprendido a no celebrar antes de tiempo. Yo hasta que no lo vea votado y firmado, no salgo a la calle a celebrarlo”, avisa Víctor Rey con una enorme sonrisa en la cara. 

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