Los funcionarios más expuestos al calor de Madrid: “Arriesgan su vida por no llevar cazadora protectora en la moto”
A las dos de la tarde, recién entrado agosto, Chema se pone unos pantalones largos y guarda el casco para la moto. Lleva un polo de poliéster y las piernas recubiertas de un tejido con un 52% de nylon, dos materiales menos transpirables y, generalmente, más baratos que el algodón. Para ser más visible en su trabajo usa un chaleco de poliamida, material sintético al que pertenece el nylon y que combina con un 31% de algodón. “Si vas en moto hay que ir con botas altas, por si se produce una caída, y un pantalón con protectores y cazadora que no ayudan a sobrellevar el calor. Eso, sin contar el casco”, resalta este agente de movilidad, uno de los cuerpos uniformados de Madrid dedicado exclusivamente a regular el tráfico y vigilar la circulación en vías urbanas.
Chema Sánchez ejerce como secretario general del sindicato Progresa, que defiende a los agentes de movilidad en Madrid. Este equipo especializado nació en 2004 con Alberto Ruiz Gallardón, que dispuso a los primeros 150 agentes con dedicación exclusiva a la gestión del tráfico “y el compromiso de una presencia física permanente”, tal y como el propio Ayuntamiento les describe en su página web. Hoy son casi 600 los efectivos que componen el servicio público, integrado en el área de Gobierno de Medio Ambiente, Urbanismo y Movilidad. No forman parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad, porque no van armados, pero sí organizan patrullas.
Hace unos años, en 2023 –cuando a nivel estatal se aprobaron unos protocolos de calor que obligaron a los ayuntamientos a adaptar sus medidas de protección en la calle–, los agentes de movilidad estrenaron una nueva uniformidad que introducía nuevos métodos térmicos. Por ejemplo, se distribuyeron pantalones con forro térmico desmontable, pensados para utilizarse tanto en invierno como en verano. “Si una prenda es apta para el frío significa que no servirá frente al calor, por mucho que intenten convencernos”, considera José, otro miembro del cuerpo urbano que hace el turno de mañana.
Los agentes de movilidad vigilan las calles entre las 6.30 de la mañana y hasta las 22.00 de la noche, dos horas menos en total si es fin de semana o festivo. Con la inversión de hace tres años, cifrada en casi 1.300.000 euros para renovar el vestuario, se adquirieron 1.500 polos de manga larga “y otros tantos” de manga corta, según el anuncio municipal, que añadió a la cuenta otros 1.000 anoraks de tres capas desmontables con chaleco térmico y cortavientos, cascos de motorista y un cambio en su color identificativo, que pasó a ser el rojo flúor. También una cazadora de motorista –es habitual que estos agentes patrullen en moto– que se convierte en “hervidero” durante los meses de calor.
“Prestar servicio en una moto con altas temperaturas y verte obligado a salir con botas, casco, pantalones con blindaje interior y, encima de todo eso, la cazadora hace que algunos prefieran no llevarla y arriesguen su vida asumiendo el peligro de ir menos protegido”, afirma José, que suma a la lista otros factores ajenos al uniforme: las temperaturas cada vez más extremas, el calor del asfalto y “una estructura de calles por las que no corre el aire” que “elevan la sensación térmica” por encima del marcador.
El representante del sindicato Progreso entre los agentes movilidad de Madrid considera “insuficiente” el cambio en la uniformidad, pues intuyen que en su servicio “se valora más la viabilidad presupuestaria que las necesidades reales y urgentes de la plantilla”, señala, aludiendo a propuestas como la sustitución de rutas individuales en moto por otras grupales en coche o limitar su uso en determinadas horas de la tarde, las de más calor. A estas críticas se han sumado recientemente las de otros cuerpos con agentes de Tráfico, como la Guardia Civil, que este verano volvieron a denunciar los riesgos en su día a día a través de la AUGC, la Asociación Unificada de Guardias Civiles.
A diferencia de José, que vigila en las mañanas y suele retirarse antes de que el calor apriete, Chema entra a las dos de la tarde y trabaja hasta las nueve de la noche. “Pasas muchas horas absorbiendo el calor porque, si tienes que vigilar el tráfico en carretera, la mayor parte del tiempo estás inevitablemente al sol”, lamenta el empleado, que recuerda el revuelo de hace una semana durante los conciertos de Kayne West (Ye): “Él se alojaba en el [hotel] Four Seasons y los fans se acumulaban en la puerta desde las diez de la mañana, a veces ocupando parte de la calzada”.
El pasado 15 de julio, miembros del órgano sindical dirigieron una carta a la cúpula del cuerpo para recordar uno de los puntos a los que alude Calormad, el plan municipal para episodios de altas temperaturas extremas. “Se ha constatado científicamente que, en la ciudad de Madrid, el umbral de temperatura crítica se sitúa en 35,9°C [...] A partir de esta temperatura se produce un aumento significativo de la mortalidad y, en consecuencia, es preciso activar medidas de prevención de la salud”, reza su último texto actualizado, publicado para 2026 por el Área de Seguridad y Emergencias.
“Nosotros pedimos incorporar mejoras como las de otros cuerpos de tráfico, pero hay mucha dejadez. Nos hemos sentido como el patito feo de la Administración pública”, destaca otro miembro madrileño de Progresa. “Llegó a crearse una comisión de vestuario para dedicarse exclusivamente a este tema, pero nada es útil si no se aplican sus decisiones y se convierte en un brindis al sol”, sostiene el secretario general del sindicato.
El Ayuntamiento responde que ya hay medidas
Desde el área que lidera Borja Carabante sostienen que “los agentes de Movilidad cuentan con un uniforme de verano y otro de invierno, integrado por prendas técnicas transpirables adaptadas a la normativa europea y testadas previamente”. “El pantalón, por ejemplo, es una prenda adaptable a las condiciones del invierno y el verano, mediante el montaje o el desmontaje de un forro”, precisan. Puntualizan además que el criticado chaleco “ya no forma parte del uniforme y se ha advertido de ello a algunos trabajadores que seguían usándolo”.
“Como ocurre con el resto de los trabajadores municipales, cuentan con un protocolo específico para actuar durante días de inclemencias climatológicas. Cuando en verano se activa Calormad, el protocolo de calor, se recomienda no trabajar en moto. El cuerpo de agentes de Movilidad cuenta con un número suficiente de vehículos de cuatro ruedas con aire acondicionado. Son los mandos de las respectivas unidades los que asignan los vehículos para el servicio. En los periodos de altas temperaturas, se cubre el horario de 7.00 a 10.00 en moto y a partir de las 10.00 salen en coches o furgonetas para combatir los horarios de más calor”, añaden.
En cuanto a espacios donde la plantilla pueda compartir sus quejas y buscar una solución, desde el área de Medio Ambiente recuerdan que “existen unos grupos de trabajo formados por agentes y personal de la subdirección general de Agentes de Movilidad”. “Se reúnen dos veces al mes y en este foro se plantean sugerencias en esta u otras materias, sin que de momento se haya planteado por parte de los agentes la compra de los chalecos con aire acondicionado”, concluyen estas fuentes municipales.
Alternativas adaptadas al calor: el 'kuchofuku'
En los últimos años, el recrudecimiento de las temperaturas ha llevado a otros países a replantear sus uniformes para adaptarlos al calor. Japón ha desarrollado uno de los inventos más punteros: los kuchofuku. Literalmente, “ropa con aire acondicionado”. Esta marca incorpora ventiladores en la espalda de los trajes para aspirar el aire exterior, evaporar el sudor y liberar un vapor que refresca el cuerpo. Una solución que no siempre es la más económica (los más baratos pueden costar unos 40 euros por pieza y otros, superan los 100), pero refleja una reacción inevitable al incremento de las temperaturas, especialmente entre trabajadores a pie calle.
Sin embargo, incluso el kuchofuku plantea otros inconvenientes: necesita recargarse antes de cada jornada y no genera aire como tal, sino que depende del sudor que genere su portador. Si este apenas suda, su efecto puede disminuir. También existen chalecos de tipo EPI refrigerantes, con acumuladores de frío o materiales de cambio de fase que absorben el calor corporal; o simplemente tejidos más transpirables que llevan tiempo promocionándose entre las empresas.
No solo entre los agentes de movilidad o guardias civiles se ha reclamado incorporar medidas de prevención más eficientes. Jupol, el sindicato de la Policía Nacional, también solicitó al Gobierno un cambio en la uniformidad de sus agentes. “Y si ellos tienen estos problemas, imagina en un cuerpo olvidado como el nuestro”, coinciden los agentes de movilidad consultados, esperando un nuevo verano que traiga avances contra el calor.
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