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Mercedes nada a contracorriente con sus nuevos diésel híbridos enchufables

Los Mercedes Clase C y Clase E serán los dos modelos que utilicen esta nueva motorización.

Pedro Umbert

Cuando el grupo francés PSA decidió hace dos años retirar de su catálogo los modelos híbridos con motor diésel en la parte térmica de la ecuación, creímos que posiblemente ningún fabricante volvería a sondear esas aguas. Mercedes, sin embargo, acaba de dar la sorpresa al anunciar en el reciente Salón de Ginebra que volverá a ofrecer (ya lo hizo sin éxito en el pasado) dos versiones que utilizarán este esquema mecánico en las Clases C y E.

A falta de conocer más detalles del nuevo sistema, ya se sabe que está basado en el motor OM 654 de cuatro cilindros y dos litros de 194 caballos y que empleará una configuración muy similar a la de los híbridos enchufables de gasolina de la marca, como el Clase E 350 e. Los nuevos Clase C y Clase 300 de (esa será su denominación) dispondrán de una autonomía puramente eléctrica de 50 kilómetros y llevarán el motor eléctrico alojado en el interior de la caja de cambios automática, de nueve velocidades. El sistema híbrido ofrecerá un empuje en conjunto de 700 Nm de par motor desde 1.400 revoluciones.

Ambas versiones contarán con cuatro modos de conducción: Hybrid, E-Mode, E-Save y E-Charge. En el segundo de ellos, el coche podrá desplazarse únicamente con la energía almacenada en las baterías hasta los 140 kilómetros por hora. Esta nueva generación de híbridos ‘plug-in’ embarcará además la tecnología ECO Assist, que se encarga de optimizar la eficiencia del vehículo considerando variables como los límites de velocidad, la distancia con el coche precedente y las características de la vía y de la ruta.

Seguramente te preguntarás por qué la mayor parte de los híbridos enchufables se asocian a motores de gasolina, y por qué Peugeot y Citroën (y la propia Mercedes en una etapa anterior) eliminaron los combinados con mecánicas diésel. La mala prensa del gasóleo en los últimos tiempos es solo una parte de la cuestión, y no explicaría que Mercedes vuelva ahora a las andadas.

Una razón relevante es económica: un motor diésel, y en especial uno moderno, es mucho más caro de producir que uno de gasolina; si sumamos este sobrecoste al que supone la tecnología híbrida, parece que las cuentas no cuadran si se pretende comercializar un coche a precios competitivos.

Desde el punto de vista mecánico, no olvidemos que un diésel pesa más porque el bloque debe ser más robusto y, en general, más grande. Si añadimos el peso de motor eléctrico, baterías y sistemas auxiliares, la cosa puede desmadrarse y, tal vez, no encontremos suficiente espacio en el vano motor para tanta parafernalia.

En cuanto al impacto ambiental, suena bien que el motor eléctrico ayude en las fases de funcionamiento en que un motor de combustión interna es menos eficiente y contamina más, pero en el caso del diésel nos topamos con su fuerte repercusión en la calidad del aire por las emisiones de NOx y partículas, aunque los modelos modernos las estén reduciendo hasta el límite de lo posible. Mercedes parece haber encontrado la solución a todos estos desafíos y estamos deseando conocer cómo lo ha conseguido para poder contártelo.

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Publicado el
16 de marzo de 2018 - 10:02 h

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