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Los machistas-leninistas y los anarco-machos siguen sin conquistar el trabajo… doméstico

"Las mujeres hemos conquistado el mundo laboral, los hombres (no importa la ideología) todavía no han reclamado para ellos el mundo familiar. No vayan ahora a darse todos por interpelados: #notallmen"

"Qué casualidad que este trabajo (sí, he dicho trabajo, quédense conmigo, todavía sigo escribiendo sobre el uno de mayo) tradicionalmente asignado a las mujeres jamás haya sido remunerado, ni haya conocido descansos, ni vacaciones"

Bloque feminista en la manifestación del 1 de mayo/ Lucía Barbudo

Bloque feminista en la manifestación del 1 de mayo/ Lucía Barbudo

Ayer, uno de mayo, quizá alguien se sorprendiera al ver un bloque feminista incorporado a la reivindicación tradicional de los otrora hipermasculinizados movimientos obreros. Sí, me consta que algunos machistas-leninistas y algunos anarco-machos, fieles al espíritu de origen de SU movimiento y SU ideario político maricastaño, siguen prefiriendo no mezclar reivindicaciones -y todo esto a pesar de escribir estos onvres todos sus panfletos con la O y con la A y dar ruedas de prensa con la O y con la A, e incluso a pesar de hablar en las asambleas (fuera y lejos de las estructuras jerárquicas y verticales sindicales) con la A donde se ven ellos muy cuquis y se suenan más inclusivas y modernas.

Efectivamente, la Revolución Industrial no trajo consigo la incorporación de la mujer al mercado laboral del mismo modo que la Revolución Francesa tampoco nos trajo la igualdad, sino la guillotina. Lo que determinó que empezáramos a cobrar un sueldo fueron las dos grandes guerras: mientras ellos estaban en el frente midiéndose los proyectiles, nosotras entrábamos en las fábricas a tener, por primera vez, un trabajo asalariado. Así pues, no fue un acto político ni una reivindicación satisfecha ni una victoria de apropiación de espacios, sino una cuestión de necesidad.

Acontece entonces, cuando por fin tenemos la posibilidad de abrir cuentas corrientes propias, que el hogar no cambia de bando; la casa sigue siendo nuestra tarea, nuestro trabajo (jamás asalariado) y nuestra obligación. Sí, damas y perras, vamos a decirlo ya: las mujeres hemos conquistado el mundo laboral, los hombres (no importa la ideología) todavía no han reclamado para ellos el mundo familiar. No vayan ahora a darse todos por interpelados: #notallmen.

¿Qué fue entonces de esos discursos que diversificaban las aportaciones en el hogar en torno al género y argüían que el hombre trabajaba fuera de casa y la mujer dentro y así había un reparto equitativo? Sucedió lo que sigue sucediendo: que el reparto rara vez es reparto y lo equitativo rara vez es equitativo.

Bloque feminista en la manifestación del 1 de mayo/ Lucía Barbudo

Bloque feminista en la manifestación del 1 de mayo/ Lucía Barbudo

Y esto ocurre, en parte, porque en una suerte de trenzado perfecto entre tradición patriarcal y legado judeocristiano, el Sistema Patriarcal lleva aduciendo desde hace veintiún siglos -bajo el pretexto de una lógica determinista y biologicista asociada a nuestro sexo y a nuestro género- que nosotras estamos predeterminadas para cuidar mejor que ellos, como si tuviéramos un gen que nos capacitara especial y específicamente para la crianza de lxs hijxs y el cuidado de lxs mayores, como si los cuidados fuesen un anhelo femenino (venga, ahora sacadme la mierda esa de la Paradoja Noruega. Hastaaaluego).

Qué casualidad que este trabajo (sí, he dicho trabajo, quédense conmigo, todavía sigo escribiendo sobre el uno de mayo) tradicionalmente asignado a las mujeres jamás haya sido remunerado, ni haya conocido descansos, ni vacaciones. Resulta más que evidente que ningún Estado puede permitirse económicamente pagar a una mujer por el trabajo doméstico, ni por el cuidado de nuestros (que también son vuestros. De nada) seres pequeños ni mayores. Resulta más que evidente que el discurso social de la desigualdad no se sostendría de no ser por una religión que lleva siglos educándonos a todas nosotras con mantras como el sacrificio gratuito y elevando la maternidad a la categoría de paraíso, de máxima aspiración para la mujer, de deseo cumplido. Ya hemos soplado todas esas velas.

Además, desde hace algunos años, nos encontramos con que la famosa conciliación de la vida laboral y familiar es contemplada casi exclusivamente desde territorio femenino; “conciliar” sigue siendo un verbo de mujeres malabaristas. Lo que aparentemente son logros, como ampliar las bajas por maternidad o la accesibilidad a las medias jornadas para poder así atender a la familia, siguen siendo reivindicaciones que parten de -y están pensadas para- las mujeres.

Bloque feminista en la manifestación del 1 de mayo/ Lucía Barbudo

Bloque feminista en la manifestación del 1 de mayo/ Lucía Barbudo

Parece ser que el tema de los cuidados para convenios laborales “peleados” por sindicatos y sindicatas, sigue siendo Cosa Nostra. Somos las mujeres las que seguimos reclamando flexibilidad horaria para poder compatibilizar nuestros dos universos: el universo familiar y el universo profesional. ¿Tiramos ya el confeti y los cohetes para celebrar nuestra gran victoria?

El feminismo de la segunda ola lleva reivindicando un espacio de igualdad en el ámbito familiar y de cuidados desde 1960 (en realidad, el feminismo de hace 200 años ya lo puso negro sobre blanco). Diversos estudios e investigaciones feministas publicados en la década de los 90 ya apuntaban que ser mujer y todo lo que ello implica en cuanto a roles es una construcción social, por lo tanto, atribuible también al hombre. Yo quiero que los Reyes me traigan una sociedad y un discurso en torno al trabajo que no nos sitúe en una posición de subordinación, ni dentro ni fuera de los salarios, ni dentro ni fuera de las empresas, ni dentro ni fuera del hogar.

Y un último apunte pedagógico para lxs despistadxs: el feminismo no ha venido a imponer nada ni quiere que las mujeres dejemos de ser madres ni que desarrollemos una suerte de alergia a la casa. El feminismo va de posibilidades y de libertad de elección; y desde esta libertad de elección, entendemos que habrá mujeres que quieran dedicarse a criar a sus hijxs igual que habrá hombres que también quieran hacerlo. Esto no va de darle la vuelta a los roles en una interpretación de venganza, castradora y revanchista. El feminismo ha venido a reivindicar espacios y a cuestionarlos; a cuestionar los discursos sobre el género y sus representaciones culturales y sociales hegemónicas.

Como ya apuntaba sabiamente Barbara Sichtermann (The Politics of the Personal, 1986): “Las cuestiones políticas `duras´, como la paz y la guerra, la ecología y el trabajo, siempre han logrado movilizar a la gente. Las cuestiones `más suaves´, como la crítica a la familia, los hijos, la sexualidad y la relación entre los sexos han sido devoradas por el movimiento de terapia o han desaparecido tras una muralla de resignación nerviosa. Sólo el movimiento de mujeres continúa exigiendo que lo personal se discuta políticamente”.

Feliz día del trabajo, mujeres.

Seguimos.

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