El fascismo ya está aquí
El fascismo ya está aquí, y viene para comernos. Al menos, esa es la sensación que me persigue desde hace un tiempo. Haría falta cerrar los ojos y no salir de casa para ignorar la creciente facilidad del movimiento conservador o abiertamente fascista para expresarse públicamente y, por alguna razón, sin vergüenza alguna. Es quizá eso lo que más asuste.
Hace unos días, en uno de los accesos de la Catedral de Murcia se produjo una dantesca imagen digna de tiempos más incívicos: un grupo de personas (hombres, mujeres y niños) haciendo el saludo fascista en medio de una de las calles más céntricas y llamativas de la ciudad de Murcia. Yo he nacido en Murcia, y personalmente no recuerdo presenciar jamás en la vía pública algo similar a eso.
Es complicado explicar qué es lo realmente aterrador de esta imagen. Quizá sea la impunidad con la que esas personas se ven para manifestar esa simbología sin miedo a ser detenidos o reprendidos por las autoridades. También es posible que sea presenciar en vivo y en directo cómo niños pequeños, sin culpa alguna de las familias en las que han nacido, son adoctrinados para adorar símbolos y saludos tan en contra de la educación y de la unión para con el resto de personas.
Para mí, lo verdaderamente importante es la absurda facilidad con la que dejamos pasar estos pequeños detalles mientras se abren paso por nuestra sociedad, y se aprovecha de las grietas sin tapar y las heridas del pasado de nuestro país. Murcia no es un vertedero fascista, estoy seguro de ello. Por muchas encuestas realizadas con resultados verdes y azules en su mayoría, o pueblos y pedanías donde la derecha llegue a gobernar, Murcia no es un lugar para exponer ese odio al diferente, al extranjero, al vulnerable.
Tampoco es lugar para mancillar la belleza de sus calles o el interés turístico que despierta con rocambolescas congregaciones hechas casi únicamente para llamar la atención. Somos una tierra de milenaria riqueza cultural, y de una educación bella constituida con valores de ayudar al necesitado. En este momento, son solo unos pocos juntándose en Murcia con este propósito, aunque lo verdaderamente peligroso del fascismo nunca ha sido sus intenciones, sino lo rápido que se expande manchando la mente y las acciones de quienes lo comulgan.
Por supuesto, hay intereses detrás de que esta ideología vuelva a ser poderosa entre lo popular, unos intereses oscuros e ignorantes, guiados por el poder y el dinero, en busca del “pan para hoy y hambre para mañana” social. No estamos tan lejos de la sociedad que vio morir a un dictador en su cama, por mucho que nos llamen locos al recalcarlo.
Estamos repitiendo los mismos errores, quizá peores todavía, que hace tres o cuatro generaciones. Pero esta vez, somos nosotros los que estamos cavando nuestra propia tumba. Quizá nos merecemos como sociedad aprender esta lección una y otra vez, ya que no nos entra en la cabeza. Quizá el fascismo viene para comernos y, tontos de nosotros, le hemos dejado la mesa puesta.
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