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Verano, hostelería y… currantes

Quienes saquen las cuentas, averiguarán fácilmente a cuánto sale la hora de trabajo. Los que sepan más se darán cuenta enseguida de cuántos artículos de la Constitución se pasan algunos por el forro o de qué apartados del vigente Estatuto de los Trabajadores se incumplen flagrantemente con premeditación, alevosía y nocturnidad

Chiringuitos “gratis” por cortesía de Arturo Torró.

Chiringuitos “gratis” por cortesía de Arturo Torró.

En plena temporada turística por excelencia, mientras como todos los veranos los empresarios del sector debaten hasta la extenuación si será mejor que la pasada, si ingresarán más, si habrá más o menos turistas y todo lo demás, los sindicatos mayoritarios convocan una manifa para el domingo 14, el día de la libertad, la fraternidad y la igualdad. O sea, Día de Francia.

Son esas tres cosas las que brillan precisamente por su ausencia en un sector que en otras regiones costeras es la gallina de los huevos de oro y aquí no pasa de ser un sector importante pero no tanto, el sempiterno rubro en vías de mejora para alcanzar el nivel medio, la actividad industrial que subemplea y maltrata laboralmente a mayor número de trabajadores.

Solo "en temporada", claro. Fuera de ella, que se busquen la vida y, si se sienten mejor sin trabajar, allá ellos. Esta parece ser la filosofía dominante entre el empresariado sectorial. Conclusión a la que es fácil llegar viendo las condiciones en que se trabaja ­­––no escribo "en que se contrata" –– en la costa regional.

Unas condiciones de trabajo, digo, de las que son "beneficiarios" miles de jóvenes y jóvenas ––muchos estudiantes–– y muchos adultos sin mejor oficio ni beneficio en época veraniega que ven ahí la oportunidad de sacarse unos buenos o malos cuartos para hacer frente al resto del año.

Esto no es nada nuevo, obviamente: viene pasando desde hace lustros, por no decir decenios. Los sindicatos parecen caerse ahora del guindo ––aunque no es la primera vez que protestan sobre esto–– y convocan una manifa a la que, con toda seguridad, asistirán muy pocos de aquellos para los que se reivindican unas condiciones de trabajo no solo mejores, sino directamente aceptables. Y no irán porque se juegan el despido fulminante de los vergonzosos extremos en los que se ven obligados a trabajar. Como esto no es teoría, me limitaré a poner un par de ejemplos recientes que, repito, ni son nuevos ni aislados.

A X. le ofrecieron hace dos semanas un curro en un chiringuito de La Manga. Horario: de 11 a 17 y de 20 a una de la mañana. Seis días a la semana hasta final de agosto. Salario: 1.200 euros "limpios", a cobrar en mano y sin constancia en ningún papel. Alojamiento: por cuenta de la currante, en este caso; o sea, un mínimo de 300 euros al mes por una habitación probablemente cochambrosa en un apartamento a compartir en esa zona de La Manga, más o menos.

A Z. la oferta era para trabajar en algún lugar de la costa al sur de Mazarrón y antes de llegar a Águilas. Horario: de 10 a 18. Seis días a la semana hasta final de agosto. Salario: 1.100 euros en billetes y sin más papeles por medio. Alojamiento: por cuenta del currante; o sea, 200 euros mensuales por compartir un piso con varias otras personas en una localidad más o menos cercana al lugar de trabajo.

¿Trabajo…o tomadura de pelo? ¿O expolio? ¿O explotación abusiva, por usar el lenguaje sindical clásico? ¿O…? ¿Convenio? ¿Qué convenio?

Quienes saquen las cuentas, averiguarán fácilmente a cuánto sale la hora de trabajo. Los que sepan más se darán cuenta enseguida de cuántos artículos de la Constitución se pasan algunos por el forro o de qué apartados del vigente Estatuto de los Trabajadores ––ese que el PSOE quiere hacer nuevo en vez de derogar lisa y llanamente la reforma laboral de Rajoy que consagra los ejemplos citados­­–– se incumplen flagrantemente, con premeditación, alevosía y también nocturnidad. Por los horarios, mayormente.

También es cierto que estos "problemillas" que, a buen seguro, quitan el sueño a los sufridos empresarios hosteleros, también se dan en otros lugares. Como en las explotaciones agrícolas del Trasvase Tajo-Seguro, sin ir más lejos. Pero no miremos ahí no sea que vomitemos hasta la primera papilla y no exactamente a causa de la inhalación de pesticidas.

Y esto ––que no es nuevo, insisto–– es lo que hay en esta boyante economía que se recupera a marchas forzadas, dicen, de los efectos de la Gran Recesión. Vale.

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