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Un salón de juego en cada esquina

Leo artículos sobre el tema y descubro que el negocio del juego en España ha crecido a un ritmo del treinta por ciento anual durante los últimos tres años, no hay ninguna actividad que tenga un crecimiento tan elevado

Sesión de tratamiento para la ludopatía en la asociación Nueva Vida.

Sesión de tratamiento para la ludopatía en la asociación Nueva Vida.

Ha cerrado una zapatería en la avenida y ha abierto una casa de apuestas. Es la tercera en setecientos metros y en poco más de un año. Cada negocio que cierra en esta calle, abre al poco tiempo convertido en salón de juegos. Estos locales son todo lujo, la fachada es un prodigio decorativo: el césped de un campo de fútbol atravesado por sus rayas blancas; los niños cuando pasan acarician la hierba artificial de un verde brillante. En el interior el lujo es aún mayor. Esto ocurre en la avenida que va desde mi casa hasta la calle mayor de mi pueblo. Mi pueblo es todos los pueblos, todos los pueblos donde las casas de apuestas crecen como una amenaza silenciosa, sin que haya protesta vecinal, sin ruido mediático.

Hay un chico de dieciséis años que está enganchado a las máquinas tragaperras, él las llama "las rulas", un apelativo infantil para un juego peligroso: aún no ha abandonado la infancia. Este chico de dieciséis años es todos los chicos, todos los adolescentes que se sienten atraídos por el vértigo del juego, una trampa tan cotidiana que tiene un local en cada esquina. Al principio en su casa echaban de menos pequeñas cantidades de dinero, nada alarmante. Cinco euros aquí, veinte allá. Un día se pasa de la raya, quizás la adicción ya ha ido tomando cuerpo, y el hurto es flagrante: 150 euros. Ya nadie duda en la familia, el chico se ve acorralado y confiesa: lleva más de un año jugando, ¿pero cuándo, cómo no nos hemos enterado? Cada fin de semana, en cada ocasión a veces incluso entre semana, saltándonos las clases ¿Cómo es posible, dónde? En cualquier sitio, si no nos dejaban entrar aquí nos íbamos al barrio de al lado o al siguiente pueblo, ¿Pero cómo, si está prohibido a menores? Tengo un carné falso aunque muchas veces ni lo piden aunque saben que tenemos menos dieciocho ¿Con quién ibas? Con otros dos de mi clase al principio, pero luego me piqué e iba yo solo muchas veces, en cuanto pillaba algo de dinero, me iba volando al local de juego, me podía pasar toda la tarde y en fin de semana, toda la noche. Lo peor que te puede pasar es que ganes, entonces ya no lo puedes dejar. Una vez le metí mil quinientos euros a una máquina. ¿Qué dices, de dónde habías sacado tú mil quinientos euros? Los gané en la máquina ¿Y qué hiciste con ellos? Los volví a perder.

Por supuesto, perdió el curso, aunque eso no es lo peor. La psicóloga le ha dicho que la adicción al juego es como toda otra adicción: te convierte en adicto de por vida. La madre se desespera,  ¿Cómo  puede ser eso? Si es una criatura, sólo tiene dieciséis años…

Mientras, en el local de un antiguo videoclub, cerrado durante lustros, también en la avenida, están haciendo reformas. Un vecino me dice: es otra casa de apuestas. ¿Cómo lo sabes? Me lo ha dicho el dueño, le han pagado a tocateja y muy bien, además. ¿Pero  va a haber cuatro locales de juego en menos de un kilómetro, de verdad hay tanto negocio? Mi vecino se encoge de hombros.

El glamour del juego es alimentado por los anuncios de televisión donde jóvenes deportistas, sobre todo futbolistas, promocionan Póker o Black Jack online, en la franja horaria que corresponde a los chicos jóvenes. En horario de tarde-noche son los presentadores del Sálvame los que anuncian bingo para las señoras. Hay otro anuncio en que un presentador maduro y canoso se dirige a los señores. Cubren  todo el espectro. La letra pequeña de los anuncios dice "juega con responsabilidad" mientras esa responsabilidad es bombardeada con luces, risas, música, jóvenes deportistas ricos y famosos, toda la parafernalia del lujo y la riqueza. Es tan útil el mensaje como los consejos dietéticos de los manteles del McDonald's. Todo un sarcasmo. Se asocia éxito, fama y dinero con la práctica del juego: una trampa en toda regla.

De un modo inopinado, el juego, que ha sido siempre una actividad en la sombra, que ha sido históricamente un lavadero de dinero negro y una de las  piezas del racimo de actividades delictivas, se ha convertido imperceptible y silenciosamente en un elemento más del barrio, en apariencia tan digno y tan inocente como una panadería. Se establecen en los barrios más pobres donde el suelo es más barato y la población más vulnerable. No encuentran ni una sola pega a la hora de solicitar una licencia de apertura. La ludopatía es un problema de salud pública generador de dramas personales y  familiares  y a nuestras autoridades no parece importarles.

Leo artículos sobre el tema y descubro que el negocio del juego en España ha crecido a un ritmo del treinta por ciento anual durante los últimos tres años, no hay ninguna actividad que tenga un crecimiento tan elevado. Si tenéis dinero para invertir, no lo dudéis: no existe en este momento negocio más lucrativo. Los grandes grupos mediáticos ganan cientos de millones de euros en publicidad. España es un campo libre para este negocio ya que no se ha legislado para restringir su incidencia como han hecho ya  Italia y Bélgica. Cabe preguntarse si esta proliferación de la industria del juego no estará conectada con el hecho de que el ex ministro del PP Rafael Catalá haya sido secretario general y del Consejo de Administración de Codere, un peso pesado de la industria del juego. O con el hecho de que el grupo Orenes tuviera como consejera de varias filiales a la esposa de Andrés Ayala, portavoz de fomento del PP. Tras la dimisión de su esposa, pasó él mismo a sustituirla.

Las matemáticas del enriquecimiento son sencillas: un producto  en el límite de lo legal y que genera unos ingresos espectaculares, la ignorancia de la población y sospechosas conexiones con destacados miembros de la administración del estado.

El juego está servido.

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