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Justicia y verdad, grito unánime de Durango al conmemorar el 81 aniversario del bombardeo de la villa

Las campanas y sirenas de alarma vuelven a sonar en Durango para homenajear a los 336 fallecidos durante la

El lehendakari, en un momento del homenaje.

El lehendakari, en un momento del homenaje.

Familiares de las víctimas, supervivientes, ciudadanos y representantes institucionales de Durango (Bizkaia) han exigido "justicia y verdad" durante el homenaje celebrado esta sábado para conmemorar el bombardeo de la villa el 31 de marzo de 1937.

Durante el acto institucional, que ha contado con la presencia del lehendakari Iñigo Urkullu, la alcaldesa de la localidad, Aitziber Irigoras, ha reivindicado el carácter "criminal" del bombardeo y ha reclamado "justicia y verdad".

"Tenemos derecho a saber quién planeó, quién ordenó y quién ejecutó este acto criminal. Queremos conocer los nombres de todas las personas fallecidas como consecuencia de los bombardeos", ha insistido. Según la regidora de Durango, los hijos de los vecinos del municipio "tienen derecho a conocer su historia". Durango presentó una querella por el bombardeo en un intento de esclarecer la verdad y en un primer momento el juez la admitió al apreciar que los hechos presentaban los "caracteres de un delito de lesa humanidad, crímenes de guerra y delito contras las personas y bienes protegidos en caso de conflicto.

Sin embargo, meses después la querella se archivó porque el informe pericial en el que se basa la querella no permite "identificar con claridad a las personas" que perpetraron los bombardeos".

Tres campanadas, un minuto de silencio y otras tres campanadas, han dado paso a la primera ofrenda floral realizada por la alcaldesa. A continuación, y tras el saludo de un dantzari, se ha tributado una segunda ofrenda floral por parte del resto de los representantes y autoridades.

El lehendakari, Iñigo Urkullu, se ha sumado a la ofrenda y ha depositado un ramo de flores en recuerdo de los 336 fallecidos hace ya 81 años. El acto ha finalizado con la lectura de unos versos por parte de la escritora Miren Agur Meabe y la actuación de Demode Quartet, que ha interpretado "Ezinezko ametsak" y el "agurra".

Sirenas

A las ocho y media de la mañana, de forma previa, se ha realizado una ofrenda floral abierta al público en torno al monolito construido en memoria de las personas fallecidas, así como la capilla que exhibe en su interior una placa con los nombres de las víctimas del bombardeo. También se ha dejado oír el toque de alarma para recordar los momentos previos al bombardeo aéreo que atacó a la población de Durango.

Los actos de recuerdo continuarán con visitas guiadas y un segundo toque de alarma, en alusión al segundo bombardeo sufrido por la villa el mismo día. Para finalizar, a las ocho de la tarde, se desarrollará en el pórtico de Santa María, otro acto en recuerdo a las víctimas, organizado por Gerediaga Elkartea y Kriskitin Dantza.

La masacre

El 31 de marzo de 1937, tres bombarderos Savoia 81 de la famosa Aviazione Legionaria italiana (conocida con el sobrenombre de Pipistrelo) -aunque en el origen de la operación eran cuatro, pero uno de ellos tuvo que volver por un problema técnico a la base de Soria-, escoltados por nueve cazas con base en Agoncillo (Logroño) (conocida como 'La Cucaracha'), realizaron dos pasadas sobre esta localidad vizcaína, descargando un total de 14.840 kilos de explosivo. En  la primera de ellas, iniciada sobre las 8.30, cae a plomo la mortífera carga sobre la zona del casco viejo de Durango, el área más densamente poblada de una localidad que entonces tenía unos 10.000 habitantes entre autóctonos y refugiados de otras zonas afectadas por la Guerra Civil.

Los italianos no respetaron ni a niños, ni a mujeres, ni a curas. Los aviadores no respetaron ni a Dios. Las bombas cayeron sobre la Iglesia San José del colegio de los Padres Jesuitas. El padre Rafael Billalabeitia Mauroñagoitia quedaría sepultado junto a buena parte de sus feligreses. Las bombas arrasaron la iglesia y el pórtico de Santa María de Uribarri, donde celebraba misa el sacerdote Carlos Morilla, junto al monaguillo Rafael Cuevas. "El padre Morilla murió por efecto de la bomba que estalló en el momento que alzaba el cáliz", recuerda un de los supervivientes. Se da la circunstancia de que el padre Morilla se había refugiado en Bizkaia procedente de Asturias, huyendo de la quema de iglesias y de la persecución religiosa.

La carga destrozó también dos conventos más y un sin fin de casas, comercios y calles de Durango. "Fueron siete minutos" de terror, según precisó en su día el médico de Gernika que acudió tras el bombardeo a socorrer a las víctimas, Claudio Alegría Mendialdua.

El segundo pase se produjo al comenzar la tarde, sobre las 16:30. Las bombas se esparcieron por la zona del cementerio, donde habían sido trasladados los fallecidos en el bombardeo de la mañana. La zona estaba llena de gente. De nuevo, todos civiles. 22 bombas de 100 kilos y 56 de 50 kilos fueron a parar ahí, mientras que otros pilotos dejaban caer el resto en la parte de la localidad donde estaba la estación y los talleres cercanos. Ahí se arrojaron 12 bombas de 100 kilos, 20 de 50 kilos y otras 55 de 15 kilos, éstas últimas incendiarias. Durango ardió, como poco después ardería también Gernika. Delas304casasafectadas,294  estaban enelcascoviejoy zonas circundantes.

Tras el bombardeo, los cazas que hacían de escolta entraron en faena y ametrallaron a la población civil que, incrédula ante lo que veían sus ojos, huía despavorida

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