Las comparaciones son… erróneas.
Uno de los argumentos que con más insistencia se ha venido esgrimiendo estos días para desprestigiar el recién creado Premio Aena de Narrativa, desgraciadamente no ha consistido en evaluar la calidad literaria de las obras preseleccionadas ni la capacidad del jurado para hacer una labor encomiable a la hora de elegir al ganador, la novela El buen mal, de Samanta Schweblin, sino sobre la comparativa de este nuevo galardón con el Goncourt o el Booker Prize, sin duda los dos premios comerciales más prestigiosos de Europa. ¿Cómo es posible –se argumenta– que este recién llegado reparta mucho más dinero que los dos prestigiosos premios comerciales que apenas entregan 50.000 libras en el caso del británico y unos simbólicos 10 euros en el caso del Goncourt? Desde distintos medios he venido leyendo en los últimos días sobre esta cuestión pecuniaria y comparativa de manera insistente y quizás merezca la pena hacer una reflexión ecuánime en tiempos convulsos.
A la vista de lo leído me temo que pueda darse carta de naturaleza a una creencia muy extendida; a saber, que el dinero envilece a quien noblemente lo obtiene con el producto de su trabajo, sobre todo si este es de origen cultural. ¡Un escritor! Inaudito.
Analicemos un momento la comparativa entre el premio otorgado por Aena a Samanta Schweblin con el vecino Goncourt. En primer lugar, habrá que aclarar que este galardón se otorga con el noble objetivo de vender libros y ganar dinero con ello. Cuanto más dinero, mejor. Mientras que el de Aena, pese a la elevada cuantía que recibe el ganador, se da a un libro ya publicado. Ahora hagamos algunas sencillas operaciones con los datos de ventas arrojados por la agencia GfK para el Goncourt en Francia (sin tener en cuenta las ediciones internacionales que se suman a estas cantidades, pero que no aparecen en el informe). Las ventas están entre los 400.000 y 1.000.000 de ejemplares vendidos, aproximadamente, unos años contra otros, teniendo en cuenta ventas más bajas, como el libro de Mohamed Mbougar Sarr, La plus secrète mémoire des hommes (2021), frente a otras mucho más elevadas como el de Hervé Le Tellier, L’Anomalie (2020). Si calculamos que el PVP medio de estos libros puede rondar los 25 euros por ejemplar y que el autor percibe un 10% de regalías (derechos de autor), la calculadora arroja unas ganancias de en torno a 1 y 2,5 millones de euros.
En España las ventas de libros desgraciadamente no arrojan estas cifras y si una institución semipública con un beneficio neto de 2.136 millones de euros estimados para 2025 colabora a que una gran escritora como Samanta Schweblinse acerque a las ganancias (más bajas) de un premio como el prestigioso Goncourt todos deberíamos alegrarnos. Yo lo hago y mucho.
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