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La Casa de los Títeres de Abizanda, un pueblo de Huesca de 200 habitantes: “Un binomio de naturaleza y teatro”

Títeres de Abizanda

Alba Martín Amaro

9 de abril de 2026 23:32 h

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Paco Paricio tiene muy claro que un títere no es solo un muñeco. El títere es un objeto de juego intergeneracional, que “coge vida al moverlo” y que, en ocasiones, se convierte en “objeto mediador, mejor que la palabra”. Es la máscara al actor. Un ser inanimado, a priori, pero que se convierte en todo un medio de comunicación. El títere es también protagonista en Abizanda. 

En este pequeño pueblo oscense de menos de 200 habitantes se alzó hace ya dos décadas La Casa de los Títeres, un refugio para la cultura en plena comarca del Sobrarbe, en el Pirineo aragonés. La Casa de los Títeres es, en realidad, la unión de tres casas de pueblo: casa Simona, casa Lecina y casa Maza. Rescatadas de la ruina, se han restaurado transformándose en un teatro, un museo y una residencia de artistas. “Nos parecía en principio una utopía, pero teníamos mucha ilusión. Hemos viajado por todo el mundo y siempre decíamos que nos gustaría tener un teatro donde poder hacer nuestras funciones, que viniera el público a vernos. Luego, acoger todo el material que tenemos precisamente de los viajes, los títeres y los grabados, y poderlo mostrar”, relata Pilar Amorós.

Amorós y Paricio son los creadores de este hogar teatral pirenaico así como los fundadores, directores y miembros de Los Titiriteros de Binéfar. Una compañía que lleva en activo desde hace 50 años y que, por ende, no requiere de mucha presentación. Aunque por entonces ser titiritero estaba visto “como un trauma para nuestros padres”, como explica Paricio, ellos han sido los compañeros de viaje de miles de infancias en el mundo. En la actualidad, son 12 los integrantes de la agrupación, a los que se suman entre seis y siete colaboradores. 

Títeres de Abizanda

Decenas de países visitados con sus espectáculos, libros —como su último ejemplar 'Juegos y recursos del titiritero'—, discos con más de 170 canciones versionadas (algunas son propias) y, por supuesto, más de 50 obras de teatro, destinadas a un público familiar que no infantil. “Ver reír a padres, abuelos y niños es fantástico. Intentamos que los espectáculos siempre sean para todos los públicos y que no se queden solo en el teatro; sino que, al salir, les quede un poso con el que luego hablar”, detalla Amorós. Por todo ello, no es de extrañar que en el año 2009 fueran galardonados con el Premio Nacional de Teatro para la infancia y la juventud gracias a 'El hombre cigüeña'.

Más allá del teatro

En el interior de casa Simona se encuentra el teatro de este 'hogar titiritero'. Esta sala tiene un aforo de 100 personas y cuenta con gallinero —que no el de aves—, sino ese “conjunto de localidades en la parte más alta”, que define la RAE. Siendo los meses de julio y agosto los más intensos, el escenario acoge actuaciones en festivos y puentes como San Jorge, Todos los Santos o estos días de Semana Santa.

Cabe destacar que no solo actúan los veteranos titiriteros, sino que otros grupos teatrales internacionales se hacen eco entre sus bambalinas, y no solo en este género: “No somos muy fanáticos de que la programación tenga que ser de títeres. Siempre nos gusta que haya de todo, que sea multidisciplinar en todos los sentidos”, indica Amorós.

A casa Simona se suma su museo de títeres, grabados y pinturas teatrales de casa Lecina. Un museo manipulativo con piezas traídas de Francia, Inglaterra, India, China, Vietnam, Brasil, Ucrania… que muchas han sido obtenidas de mercadillos o rastros. De hecho, en sus espectáculos también utilizan este tipo de material, aunque en su mayoría los fabrican y diseñan ellos. Madera, cartón y tela; esas son sus materias primas, pero como advierte Paricio: “Para nosotros es importante los títeres, pero todavía es más importante la historia que vamos a contar y por qué la vamos a contar”.

Museo casa de títeres de Abizanda

La tercera es casa Maza, el alojamiento artístico. Además de brindar techo a los artistas que trabajan en La Casa de los Títeres, es refugio de residencias artísticas. Es decir, elencos que huyen del mundanal ruido, buscando un lugar de trabajo inspirativo: “Es un espacio para la creación estupendo: tiene el teatro, una sala de ensayo, alojamiento y, sobre todo, la tranquilidad, el relax… Ese binomio de naturaleza y teatro es muy importante, muy interesante y muy agradable”, declara Amorós. 

Abizanda y los títeres

“Desde siempre, todos los vecinos nos han acogido muy bien. Ellos sienten que es una casa más, un espacio más del pueblo”, analiza Amorós. Así, cada puente de Todos los Santos, la falsa de casa Maza es el escenario de una actividad muy especial. Es el final de una actuación, que culmina con música, vino, dulces preparados por las mujeres abizandinas y memoria. “El año pasado fue muy emocionante porque trajeron fotos de sus padres, de sus abuelos, de cuando se casaron…”.

Y es que la música siempre está presente en los shows de Los Titiriteros de Binéfar. Es una de sus señas de identidad, que ha ido cambiando durante estas décadas: “Hemos evolucionado. Estábamos en el folclore puro y duro, con gaitas y dulzainas, y ahora vamos poniendo algo de electrónica”, agrega Paricio.

Asistentes al teatro de los Titiriteros de Binéfar

Pero si hay algo que es inherente a ellos, como se señalaba al inicio de este texto, es el títere. El títere que ya es emblema de este pueblo de Sobrarbe. Ese objeto para jugar y mediar, pero que también parece cobrar vida propia: “Cuando el títere, no voy a decir protagonista, es personaje de la historia; es lo que yo llamaría teatro de títeres”, sentencia Paricio.

Próximas actuaciones

Con un precio de 10 euros por entrada, La Casa de los Títeres ha acogido estos días varias actuaciones: ‘Niña Jaguar’ de la compañía brasileña Mosaico Cultural, un espectáculo de clown titulado 'A comer…!' de Cía Patri Coronas y Monopájaroverde Circus Company, así como 'El jardín de la alegría' de los propios Titiriteros de Binéfar. Esta última obra protagonizada por la propia Amorós y acompañada por el músico Quiri Aquilué, está inspirada en la cultura tradicional, pero con un aire renovado: “Lo que monto es un jardín con recuerdos, con objetos, con canciones, con mi memoria. La comparto con todos y con el músico que me ayuda efectivamente a ponerla en valor”, aclara la titiritera.

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