Filomena y las personas sin hogar

Una mujer de SAMUR Social en una de las habitaciones dispuestas para sintecho en el centro Pinar de San José / Ricardo Rubio Europa Press

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¿Cuál debe ser el objetivo de las políticas públicas destinadas a las personas sin hogar? Si hiciéramos esta pregunta a personas escogidas al azar, muchas dirían que darles un techo. Y, por supuesto, tendrían razón: eso es lo primero, pero sólo es el comienzo. El propósito último es uno: ayudar a que estas personas puedan rehacer sus vidas y disfrutar de nuevas oportunidades. Dicho de otro modo: que dejen de ser personas sin hogar. Naturalmente, también debemos aspirar a que nadie llegue a verse viviendo en la calle.

Una de las consecuencias del paso de la borrasca Filomena por Madrid ha sido poner el foco sobre las personas sin hogar. Los ciudadanos y los medios de comunicación se preguntaban alarmados qué iba a ser de ellas. Desde el área de Familias, Igualdad y Bienestar Social nos anticipamos con una ampliación sin precedentes de la Campaña del Frío -un programa que se activa todos los inviernos- hasta las 665 plazas, dando atención 24 horas y, de modo totalmente excepcional, creando dispositivos en cuatro estaciones de la red de metro para solventar las dificultades de acceso a los centros de acogida por los problemas de movilidad. 

Pero mi objetivo con este artículo no es hacer balance de la respuesta municipal a esta realidad, sino aprovechar la atención despertada para explicar la orientación que, a mi juicio y al del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid, deben tener las políticas públicas destinadas personas sin hogar.

Es probable que el lector haya escuchado alguna vez que tal o cual persona está en la calle “porque quiere”. Desde mi experiencia de 20 años trabajando con personas sin hogar -antes en entidades sociales y ahora desde mi cargo público- puedo asegurar que esto no es cierto. Si hay personas que rechazan los recursos y la atención de los servicios sociales es porque no hemos sabido ofrecerles lo que necesitan.

Desde el Ayuntamiento de Madrid estamos trabajando en la reforma de la atención al sinhogarismo, una reforma que estará lista a finales de este año pero alguna de cuyas líneas principales ya estamos apuntando. En primer lugar, apostamos por alojamientos individuales o para pequeños grupos frente a los grandes centros, porque la experiencia en otros países demuestra que permiten una recuperación más rápida de las personas sin hogar. También creemos en la atención temprana, es decir, en localizar y atender a las personas en cuanto se las detecta por primera vez en la calle, evitando el gravísimo deterioro que supone cada día y noche que pasan en la calle.

En este sentido, una parte importante de las 436 nuevas plazas estables con las que el Ayuntamiento reforzó las redes de sinhogarismo y emergencia social pertenecen a modalidades como No second night o Housing led, programas basados en estos principios en los que seguiremos profundizando a lo largo de 2021 y que serán parte esencial de la nueva estrategia. Además, este año abriremos el primer centro para mujeres sin hogar víctimas de violencia de género. Las mujeres que viven en las calles son minoría, pero sus condiciones son más duras todavía que las de los hombres y, además, los centros no han estado históricamente adaptados a sus necesidades. Precisamente, reforzar la cobertura a las mujeres es otra de las líneas de nuestra reforma, como también lo es mejorar la inserción laboral de las personas sin hogar.

Me gustaría que los ciudadanos, cuando vean a alguien que vive en la calle, lo vean como alguien que, además de un techo, necesita que le den una nueva oportunidad. Cualquiera de nosotros puede ser víctima del conjunto de circunstancias que privan a una persona de un hogar. ¿Qué es lo que querría si usted si se viera en esa situación? Un techo, sí. Pero a continuación el apoyo necesario para recuperar su vida y volver a sentirse parte de la sociedad a la que pertenecen. 

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