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Ser de izquierdas no es un eslogan

El vicepresidente de la Generalitat en funciones, Pere Aragonés (i); junto al líder de ERC y exvicepresidente del Govern, Oriol Junqueras.

Nicolás Sartorius

Presidente del Consejo Asesor de la Fundación Alternativas —

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En los análisis sobre las recientes elecciones catalanas se resaltan cuestiones que son obvias y se marginan otras que son bastante menos evidentes. Se menciona la extraordinaria abstención o escasa participación y se justifica esta en el temor al virus y al mal tiempo. Sin embargo, no se destaca el significativo hecho de que, en los distritos ricos de Barcelona, donde ha ganado con creces la candidatura de la derecha nacionalista (Junts x Cat), la participación ha sido hasta 20 puntos más alta que en los barrios pobres, en los que el PSC y la izquierda no independentista ha triunfado con creces. Expresión de que la pandemia ha golpeado más en las capas populares y al mayor desapego de estas respecto de las instituciones catalanas, debido a lo desastroso que ha sido el gobierno de las derechas, coloquialmente llamadas ‘indepes’ en esa comunidad autónoma. Sin olvidar que los nacionalistas estaban, en principio, más movilizados al tener entre sus filas políticos presos y fugados. El tener encarcelados que salen durante el día a participar en actos de campaña no es precisamente un obstáculo para el éxito, sino todo lo contrario.

No obstante, el PSC ha obtenido, sin duda, un espléndido resultado al convertirse en el primer partido de Cataluña, y se ha demostrado que la ‘operación Illa’ ha sido un acierto. Pero, en mi opinión, lo más relevante es que el partido de los socialistas ha ganado con creces entre los amplios sectores de los trabajadores en el llamado, con licencia poética, ‘cinturón rojo’ de Barcelona, que en 2017 había votado a Ciudadanos. Ha acrecentado así su base social entre los trabajadores de todas clases y, probablemente, ha soltado lastre identitario, lo que explicaría el cordón sanitario que pretenden imponerle todos los ‘indepes’, operación que, de mantenerse hasta el final, atufaría a clasismo de la peor especie, aunque alguno de los conjurados se autocalifique de republicano y de izquierdas. Porque cuando Junqueras afirma que ERC no puede gobernar con el PSC porque son el "polo opuesto", ¿qué está queriendo decir?, ¿o es que en realidad ERC no es tan de izquierda como muchos se temen?

Los ‘indepes’, por su parte, están muy ufanos con el resultado, pues dicen haber ganado las elecciones. Es verdad que sumando los escaños de JuntsxCat, ERC y la CUP alcanzan 74 diputados y, en la suma de votos  -contando los del PdCat, que no ha obtenido representación-, alcanzan el 50,7% de los sufragios. Sin embargo, no les gusta recordar que han perdido más de 600.000 votantes respecto a anteriores consultas, que en términos de censo apenas alcanzan el 27%, y que de las 20 ciudades más pobladas de Cataluña, incluyendo la capital, el PSC, la izquierda y los no independentistas han ganado en 15, en 3 JuntsxCat y en 2 ERC. Sin olvidar que en Barcelona vive el 29% de la población y en la provincia homónima el 74 % del total de Cataluña, y en ambas ha triunfado la izquierda y los no independentistas. ¿Alguien se cree que con estos resultados hay una "pulsión a separase de España" o avanzar hacia la independencia? Se equivocarían trágicamente si pensaran eso.

Las derechas, que se autocalifican con equivocación manifiesta "constitucionalistas", se han hundido en la miseria. El granero de Ciudadanos se ha vaciado hacia la abstención, hacia el PSC y, probablemente, hacia VOX. No se pueden ganar las elecciones en 2017 y no hacer nada de nada con más de un millón de sufragios cuando, además, se pregona a los cuatro vientos que se es un partido liberal de centro y gobernar de continuo con Vox. Ya que se califican de "centro", podían haber diversificado los riesgos: en Andalucía con unos, en Madrid con otros; pero no, siempre con el PP y con Vox. El problema del PP es de otro tenor y consiste en que no tiene un discurso y/o alternativa para Cataluña, porque tampoco tiene, de momento, una oferta para la España plural en la que vivimos. En Galicia, por lo menos, viene practicando un galleguismo conservador templado que les está dando buenos resultados. Es verdad que en Cataluña el terreno de la burguesía se encuentra más ocupado, pero no se pierde nada por intentarlo. Para mayor desgracia, en esta ocasión, le ha comido la merienda un Vox de ultraderecha con un discurso radical antinacionalista, del peor nacionalismo español, trufado de xenofobias y de descontentos varios, de aquellos que se sienten abandonados por unos o por otros.

En realidad, cuando se entra un poco en las tripas de los colegios electorales se da uno cuenta de que han sido las elecciones en las que la pugna de clases se ha manifestado con mayor evidencia. Dejémonos de cuentos y de malabarismos semánticos. El nacionalismo ‘indepe’ representa a los sectores más ricos de la sociedad catalana que, como siempre ocurre en estos casos, arrastran a capas populares con señuelos variados. Sin embargo, la dirección del ‘movimiento nacional’ siempre está en manos de las burguesías grandes, medianas y pequeñas, más los añadidos de sectores agrarios de tradición carlista. No hay más que analizar los barrios de Barcelona, los pueblos del interior y las grandes ciudades, como ya hemos señalado. Pero entonces, ¿cómo es que los partidos ‘indepes’ sacan más diputados? Por la sencilla razón de que la ley electoral que rige en Cataluña es la española, que prima a las provincias menos pobladas y castiga a Barcelona, la más poblada y la menos nacionalista. De lo contrario, difícilmente ganarían una sola elección.

Al final, los números son los números y, una vez terminado el recuento, la aritmética y/o la geometría se imponen. Por supuesto, son varias las opciones que se abren, pero esencialmente son dos, aparte de la repetición electoral, nunca descartable: o se gobierna en clave independentista, es decir, más de lo mismo, con el trío ERC, Junts y Cup, o se abre camino una solución a la izquierda -en el fondo lo que han indicado las urnas- con PSC, ERC y los Comunes (en este u otro orden). La hipótesis en la que insiste ERC de sumar los Comunes al trío ‘indepe’ no parece ni realista ni viable, y sería calamitoso para la izquierda catalana y el Gobierno de España. ¿Se imaginan a los Comunes de Podemos gobernando con la ‘derechona’ catalana, aislando al PSC, al tiempo que gobiernan con el PSOE en España? Como bien dice la señora Albiac, se trata de una opción inasumible, salvo en "modo suicidio". La fórmula del bloqueo independentista es más de lo mismo, lo que ha fracasado estos últimos años, regresar a la anormalidad de siempre, a una salida sin callejón. Cuando se avanzan como ejes centrales del programa el derecho de autodeterminación y la amnistía se está indicando que no se quiere pactar nada, pues ambas cosas no están en manos de ningún gobierno de España concederlas, pues son claramente inconstitucionales. Otra cosa serían los indultos o acuerdos sobre la mejora del autogobierno, de la financiación, etc.

Cataluña no se puede meter en otro laberinto sin salida a base de ensoñaciones imposibles, en medio de una pandemia que hace estragos sanitarios, económicos y sociales, y con los fondos europeos de recuperación a las puertas. La voluntad de los electores ha marcado claramente el que se gire a la izquierda y dejarse de belenes, porque en un grado un otro todas las derechas han salido mal paradas, aparte de Vox que no juega, salvo que acabemos haciendo todas las estupideces juntas. Es el momento de un gobierno de izquierdas en Cataluña que permita abordar los graves problemas económicos y sociales que tiene la sociedad catalana, al igual que la española en su conjunto, proteger de verdad a la gente que más lo necesita y que haga viable un acuerdo que empiece a resolver el problema político existente, con fórmulas federalistas que hagan funcionar mejor el conjunto del Estado español. Y eso es imposible hacerlo gobernando con la derecha catalana y aislando al PSC, y de hecho a los Comunes, que son los que gobiernan en España. Por eso, ERC tiene que optar de una vez. Calificarse de izquierda y republicana no significa nada si luego siempre se acaba en brazos de la derecha y se practican políticas conservadoras e insolidarias. Los engaños no pueden durar toda la vida, aunque por desgracia hay quien se deja embaucar toda la existencia.

Nicolás Sartorius preside el Consejo Asesor de la Fundación Alternativas. Su último libro se titula 'La nueva anormalidad: por una normalidad nueva' (Espasa).

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Publicado el
19 de febrero de 2021 - 22:47 h

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