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El (ya no tan) disputado voto del Sr. Cayo

El presidente del PP, Pablo Casado, visita una bodega en Toro (Zamora) en el marco de la campaña electoral de las elecciones de Castilla y León.

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En tiempos de campaña electoral y con el medio rural de moda, estamos viendo a toda clase de políticos con presencia y maneras urbanitas, cuyos partidos apenas se han preocupado por el medio rural, acercarse a hacerse la típica foto con el tractor, las ovejas o las vacas en un paisaje verde que habla más de “fin de semana” que de madrugón para atender al ganado. Ya en 1978, Miguel Delibes nos advirtió en su genial novela “El disputado voto del señor Cayo” de este género de personajes que solo acuden al pueblo cuando de cazar votos se trata y durante los siguientes cuatro años, si te he visto no me acuerdo. La novela, cuya traslación a la gran pantalla pecó de reflejar un mundo rural demasiado decadente y estereotipado, se enmarca en el tiempo de las primeras elecciones de la democracia y cuenta como un candidato a diputado y sus asistentes visitan un pequeño pueblo donde solo vive el señor Cayo, su mujer muda, y un vecino que no se habla con Cayo. Contrasta la ilusión de los visitantes por explicar cómo un cambio político podría traer grandes cosas para el futuro del país, con el escepticismo del señor Cayo que no ve en qué va a verse afectada su vida autosuficiente y en la que nunca ha recibido ninguna ayuda por parte de los poderes públicos.

Al mismo tiempo, la novela refleja la verdadera dignidad de los habitantes del medio rural; Aunque inferior en formación reglada, el señor Cayo da constantemente lecciones sobre cuestiones básicas de toda índole a los urbanitas que venían a hacer campaña. En un fragmento de la novela, Víctor, el candidato a diputado, habla con un colaborador del partido y le dice: Imagina, por un momento, que un día los dichosos americanos aciertan con una bomba como ésa de neutrones que mata, pero no destruye, ¿no? Bueno, es una hipótesis, una bomba que matara a todo dios menos al señor Cayo y a mí, ¿te das cuenta? Es una hipótesis absurda, ya lo sé, pero funciona, Dani. Pues bien, si eso ocurriera, yo tendría que ir corriendo a Cureña, arrodillarme ante el señor Cayo y suplicarle que me diera de comer, ¿comprendes?: El señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo. Entonces, ¿en virtud de qué razones le pido yo el voto a un tipo así, Dani, me lo quieres decir?

 El candidato a diputado va teniendo a lo largo del relato una progresiva caída del caballo en la que va dándose cuenta de lo poco que, en realidad, su propuesta de país y la de su partido tiene para ofrecer, a los ciudadanos del medio rural. Así, en otro momento exclama: Ese hombre no nos necesita. ¿Con qué derecho pretendemos arrancarles de su medio para meterlos donde estamos todos? Desde luego que esa es una pregunta que me gustaría que respondieran muchos de nuestros políticos. Ninguna propuesta política debería presentarse como “defensora del medio rural” si no ofrece políticas honestas y realistas para que, quien así lo desee, pueda quedarse a vivir en el medio rural.

 Delibes fue y sigue siendo por excelencia el escritor de Castilla y León y, por qué no, de toda la España Vaciada. Nadie como él ha sabido reflejar nuestra naturaleza, nuestros paisajes y nuestros modos de vida. Pero también nuestras reivindicaciones y nuestros anhelos como ciudadanos del medio rural. Él puso palabras a lo que sentimos muchos cuando vemos el vaciamiento de nuestros pueblos. Cuando uno lee sus novelas, enseguida se imagina el paisaje, las casas, los personajes como si ocurriese su propio pueblo. ¿Cuántos de nuestros pueblos, si no hacemos nada para evitarlo, acabarán siendo en unos años como Cureña, el pueblo del señor Cayo?

Sin embargo, el señor Cayo sabría a quién votar hoy. Más de cuatro decenios de democracia española han tenido que pasar para que se pueda introducir en las urnas una papeleta que defienda al mundo rural. La decisión de España Vaciada de concurrir a las elecciones supone un rayo de esperanza para todos los ciudadanos del medio rural, que en otro tiempo estuvieron desencantados con la política. Cureña, que no tiene ese nombre en realidad, sino que es un pueblo deshabitado de la provincia de Burgos llamado Cortiguera, ya se ha quedado sin gente. Pero hay esperanza para muchos otros pueblos que ven cómo sus gentes han entendido que “eso de la política”, como decía Cayo, es lo único que puede salvar de la situación extrema en que se encuentra el medio rural español. Paisajes, gentes, oficios y modos de vida que tan bellamente nos describió Delibes en su obra literaria y cuyo sacrificio no debemos permitir bajo ningún concepto.

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