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Se lo ruego

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Nicolas Sesma

Como tantos otros miembros de mi generación, vivo en el extranjero. Mi trayectoria no se diferencia en nada de la que ya han escuchado y leído en múltiples ocasiones, y de la que probablemente conocen casos de primera mano entre sus vecinos y familiares. Instituto y Universidad públicos, becas ministeriales para realizar el doctorado y numerosas estancias en centros de excelencia para, en el momento de consolidarse profesionalmente y poder empezar a devolver a la sociedad parte de lo recibido, tener que volver a buscarse la vida, esta vez ya con familia, fuera de España. Consecuencia de la crisis económica, pero también del escaso reconocimiento que recibe el mundo de la investigación, que convierte la dedicación a una carrera científica en misión imposible o en caricatura económica. Si lo medimos en kilómetros, tuvimos suerte, pudimos instalarnos en Francia.

Pese a la distancia, deseo seguir vinculado a la vida política española. Entre los mecanismos que me lo permiten figura en lugar destacado la posibilidad de seguir participando en las elecciones, mediante el famoso voto rogado, vigente desde el año 2011. Al contrario de las opiniones más extendidas, no creo que el voto rogado sea intrínsecamente perverso. Sencillamente, está ideado por personas que desconocen por completo el tipo de movilidad predominante hoy en día, muy basado en varias estancias consecutivas de corta y media duración, alternadas además con periodos de retorno al lugar de procedencia original.

Realizar la matrícula consular para estancias no permanentes está recomendado, pero no es obligatorio, y puede convertirse en un importante problema burocrático en caso de regreso. El interés de los consulados por fomentar estas inscripciones es, por añadidura, nulo. El voto rogado, de esta forma, está pensado para los residentes permanentes, lo que reduce el sufragio; necesita de un país que cuente con un servicio de correos extremadamente fiable, lo que lo reduce todavía más; y requiere finalmente de toda una serie de pasos administrativos, algo confusos, que no lo facilitan en absoluto. En definitiva, si quieres votar probablemente podrás conseguirlo, pero debes estar realmente motivado para hacerlo.

Otro de los problemas que presenta el sistema es la inseguridad respecto al destino final del sufragio. En principio, puedes votar a distancia en los plazos establecidos, pero nunca sabrás si el voto llegó a tiempo. En una ocasión, el trabajador de correos que me atendió se negó a certificar mi envío, tal y como aparece indicado en las instrucciones y para lo que debo además anticipar el pago, ¿fue aceptado? La incertidumbre es la regla general salvo que uno se desplace en persona para votar directamente en el consulado. Llevando, eso sí, su propia papeleta. Si no la has recibido previamente, no podrás ejercer tu derecho.

En vista del panorama, para las elecciones de los años 2015 y 2016, tres residentes permanentes en Grenoble decidimos compartir los 25 euros de autopista, y otro tanto de gasolina, y desplazarnos en coche al consulado de Lyon para votar. Como mandan los cánones de la izquierda, todos en fraternal desacuerdo sobre el partido al que otorgar nuestra confianza. Los resultados nos decepcionaron tanto como la moción de censura nos devolvió la esperanza.

La amenaza de una victoria conservadora tutelada por la extrema derecha provocó, para las recientes elecciones de abril de 2019, no sólo una movilización sin precedentes entre los residentes en el extranjero, muchos de los cuales nunca habían realizado los trámites de registro, sino también un evidente movimiento de concentración del voto progresista. En esta ocasión fuimos cinco los desplazados en coche a Lyon, y el fraternal desacuerdo quedó aparcado en aras de evitar un mal mayor, y, créanme, en Francia sabemos de lo hablamos.

En la circunscripción donde se recibe mi sufragio, la provincia de Zaragoza, siempre muy representativa de los resultados a nivel nacional, el Partido Socialista obtuvo su tercer escaño por un puñado de votos de diferencia con respecto a Ciudadanos. Al contrario que en otras ocasiones, dicha ventaja se mantuvo una vez fueron contabilizados los votos de los residentes en el exterior. Que cada voto cuenta hace tiempo que ha dejado de ser una simple frase manida.

Quiero que las próximas generaciones sigan teniendo a su disposición una enseñanza pública de calidad, que puedan aspirar a recibir becas para continuar sus estudios y que, al terminar su formación, se encuentren un mercado de trabajo que les ofrezca alguna posibilidad de poder quedarse, si tal es su deseo, a ejercer su profesión en España. Con un gobierno progresista nada está asegurado, pero al menos resulta posible imaginarlo. Un gobierno conservador tutelado por la extrema derecha solo garantiza que todavía habrá más retrocesos en todos los ámbitos.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias nos rogaron nuestro voto, y nosotros lo rogamos para que llegaran a un acuerdo. Si no lo consiguen, no estarán en condiciones de rogarnos absolutamente nada.

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Publicado el
22 de julio de 2019 - 22:57 h

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