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Cuando la cultura se convirtió en delito: las historias de 21 artistas aragoneses represaliados por el franquismo

Presentación del libro 'La cultura silenciada'

Candela Canales

9 de marzo de 2026 23:04 h

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Una noticia leída casi por casualidad sobre el pintor turolense Manuel Viola fue el punto de partida. Al intentar profundizar en su biografía, el historiador Kike García se encontró con algo más amplio: un vacío general sobre la represión cultural en Aragón. “Empezaron a aparecer otros nombres y nos dimos cuenta de que no existía ningún estudio global”, explica. De esa constatación nace 'La cultura silenciada. Represión en Aragón 1936-1939', un libro coral en el que han participado quince investigadores durante cinco años.

El libro reconstruye la vida de 21 artistas aragoneses y aragonesas que sufrieron la represión franquista en distintas formas: fusilamientos, cárcel, campos de concentración, depuración profesional o exilio. “La idea no era hablar de estilos pictóricos o narrativos, sino explicar por qué fueron represaliados, su militancia política y la persecución que sufrieron por ello”, apunta García. Y añade: “Nos dimos cuenta de que prácticamente todos estaban interconectados: se conocían por la militancia sindical, por las tertulias o porque compartían talleres y exposiciones”.

La mayoría pertenecía a organizaciones de izquierda, como la CNT o el Partido Comunista, pero la represión también afectó a quienes simplemente representaban esa intelectualidad que la Segunda República había promovido. “La República apostó por plazas de maestros, por la escuela laica, por fomentar la cultura… y con el golpe militar, toda esa intelectualidad se convirtió en objetivo”, explica.

Entre los nombres que rescata el libro hay figuras conocidas como Ramón Acín, fusilado junto a su esposa, la pianista Conchita Monrás, y el cineasta Luis Buñuel. Sobre Buñuel, García ofrece una visión crítica: “Hoy no podría militar en un partido de extrema izquierda. Su conducta y algunas ideas chocan con la sensibilidad actual”. Entre los aspectos que más llaman la atención están su machismo declarado y episodios de homofobia, “cosas que aparecen en sus memorias y en testimonios de la época. No se trata de desacreditarlo, sino de mostrarlo tal como era”.

El libro rescata también figuras casi desconocidas, como Federico Comps, fusilado con 21 años en Torrero. Otros ocho autores han quedado en un epílogo por la escasez de información. La ausencia de mujeres es notable: solo se pudieron documentar tres casos. “El silenciamiento fue doble: por su ideología y por ser mujeres. Segurísimo que hubo muchas más, pero no hemos encontrado nada”, admite García.

Las formas de represión fueron múltiples y en ocasiones estremecedoras. Algunos fueron fusilados; otros, depurados y degradados profesionalmente; muchos marcharon al exilio. El dibujante José Cabrero Arnal logró rehacer su carrera en Francia, mientras que otros triunfaron en México o en el Cono Sur, donde sus obras siguen cotizándose. “Aquí sus nombres quedaron silenciados durante décadas, mientras fuera tenían reconocimiento”, lamenta el coordinador.

Uno de los episodios más sorprendentes es el de Gabriel Arnal, superviviente del campo de concentración de Mauthausen. “No murió allí porque los oficiales nazis encontraron sus dibujos eróticos. Dijeron: ‘Este hombre sabe dibujar, que nos haga ilustraciones para los guardias’”, relata García. “Te encuentras con biografías y situaciones que resultan sorprendentes… y eso enriquece la investigación”.

Más allá de los nombres individuales, el libro revela un ecosistema cultural profundamente conectado: artistas que compartían talleres, participaban en las mismas tertulias, exponían juntos y, sobre todo, mantenían una militancia que los convirtió en objetivo. “Este trabajo no cierra el tema; abre la puerta a seguir recuperando memoria y justicia histórica”, concluye García. “Muchos quedaron en el olvido, pero aquí vuelven a tener voz”.

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