Para decir con Dios, sobran los motivos
Las porterías de los edificios se promocionan como punto de información básica para los ciudadanos. Estos lugares, dispersos por toda la ciudad, son la primera puerta de entrada a la información para los ciudadanos; por ello, serán los porteros y porteras los que recojan el interés de los vecinos por saber qué ocurre en la ciudad y quienes les deriven después a consultar la información que elaboran los distintos medios de comunicación donde trabajan los profesionales en la materia. ¿Suena a coña? No lo es. Solo es falso. De momento.
Las parroquias de Zaragoza se incluyen dentro de la red de espacios seguros para atender a las víctimas de violencia machista. “Lugares comprometidos y cercanos donde poder escuchar a las mujeres en situación de riesgo y derivarlas después a los recursos municipales de la Casa de la Mujer.” ¿Suena a coña? Desde luego. Pero esto es cierto.
Si hay una institución en España en la que la igualdad no solo no es un hecho en el siglo XXI, sino que además parece no avanzar en ese asunto, esa es la Iglesia católica. Y no será porque no hay mujeres peleando por ello. Desde 2020 el movimiento Revuelta de las Mujeres en la Iglesia lucha porque ellas tengan voz y voto. Reclaman el acceso al diaconado y al presbiterado; denuncian la desproporción entre el número de teólogas y el acceso a los puestos de docencia o de responsabilidad en las estructuras eclesiásticas; critican el lenguaje patriarcal y sexista en la homilías, textos litúrgicos y documentos y abogan por cambiar la moral sexual de la Iglesia que culpabiliza a las mujeres.
Esa Iglesia es la que el ayuntamiento de Zaragoza considera idónea para acoger a las mujeres que hayan sufrido algún tipo de violencia machista. Un primer contacto donde ser escuchadas. Ojalá si a alguna víctima se le ocurre hacer caso de este recurso, ocurra el milagro de que se encuentre allí con algunas de las mujeres que participa en esa revuelta feminista y no con alguien que encarne todo contra lo que ellas luchan.
Dentro de esas ‘parroquias seguras’ hay mujeres creyentes denunciando los abusos cometidos dentro de la Iglesia, la injusticia del patriarcado y el machismo imperante. No parece el mejor lugar para enviar a una víctima. No porque a quien se vaya encontrar allí sea la encarnación del mal. No se trata de las personas, muchas pueden tener la más pura de las intenciones, incluso la mejor disposición para ayudar. Sencillamente la administración pública no debe dar esa atribución a una institución que no conoce o no quiere asumir la igualdad de pleno derecho entre hombres y mujeres. Según un informe del Defensor del Pueblo publicado en 2023, al menos 440.000 personas podrían haber sido víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia católica en España desde 1940. Para decir con Dios, sobran los motivos.
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