100 días de amable y popular Mamdani
Este viernes Zohran Mamdani cumple 100 días como alcalde de Nueva York y sus vecinos están sorprendentemente satisfechos. En una ciudad tan variada como complicada – más poblada que algunos países europeos y con una policía más numerosa que algunos ejércitos– de habitantes poco complacientes, Mamdani saca notas que no se ven en política en estos tiempos.
Casi la mitad de los ciudadanos aprueba su gestión y más del 60% dice que Mamdani, el alcalde más joven con 34 años, es trabajador y un buen líder que entiende los problemas de toda la ciudad, según una encuesta recién publicada.
La ilusión o las ganas de tenerla en medio de tanta acritud puede ser una de las claves más allá de los proyectos que Mamdani está intentando poner en marcha sobre todo centrados en la vivienda y el transporte, dos preocupaciones universales para la ciudad. Su mayor éxito hasta ahora ha sido el acuerdo con el estado de Nueva York para avanzar hacia las guarderías gratis de manera universal; subir los impuestos para los más ricos está siendo, en cambio, más difícil en la práctica de lo prometido, entre otras cosas por la oposición de su propio ayuntamiento.
En entrevistas de votantes con perfiles diferentes por toda la ciudad, el New York Times también ha encontrado un nivel de aceptación bastante notable. Me llama también la atención una respuesta que le dio un neoyorquino al Times para explicar su apoyo. Jim Coughlin, cura jesuita y profesor de matemáticas, decía que le había gustado especialmente ver al alcalde cantar con escolares con su aire cortés habitual y describía así a Mamdani: “Es inteligente, es afable, y parece amable… ¿No era hora de que tuviéramos a alguien amable?”
Por supuesto, toda la amabilidad del mundo no servirá si el alcalde no gestiona bien la respuesta del ayuntamiento a las tormentas de nieve que azotan la ciudad casi todos los inviernos, si no logra hacer más asequible la vivienda o el metro no es seguro a todas horas. Pero también está claro que se agradece la amabilidad de un líder frente a la chulería y a menudo crueldad instalada en la política: Estados Unidos y su presidente constituyen un caso extremo, pero ni mucho menos excepcional. Estar siempre alerta, dispuesto al ataque, como si eso diera puntos ante los ciudadanos, es algo que vemos también todos los días en la política española.
La amabilidad por sí sola no resuelve problemas, pero sin duda es un paso para que la política no resulte tan odiosa y tan alejada de la vida diaria de las personas “normales”.
La amabilidad, como en el caso de Mamdani, tiene también algo de modestia y de reconocimiento de la vulnerabilidad. El alcalde intenta responder con una sonrisa incluso a sus peores rivales. Esa táctica es la que ha utilizado con Donald Trump, con quien ha logrado establecer una relación sorprendentemente cordial a favor de la ciudad natal de ambos.
Ahora una parte de la población cuestiona el tono del debate público marcado por la inmediatez y el enfado alimentado por el algoritmo de redes que florecen en el cabreo. Igual que se puede romper con las redes más tóxicas, se puede rechazar a los políticos apegados a ese modelo. La dirección tomada por Mamdani es una lección para tomar nota.
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